La canciller alemana y el presidente francés harán el anuncio antes de un mes. La creación del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) podría convertirse en el salvavidas para los tambaleantes bancos de la región.
Estamos decididos a hacer lo necesario para garantizar la recapitalización de nuestros bancos”, aseguró la canciller alemana, Angela Merkel, vocera de la reunión bilateral que mantuvo ayer en Berlín con el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. En el encuentro, los líderes de las dos principales economías europeas se comprometieron a dar a conocer antes de fin de mes una “solución global y duradera” a la crisis que atraviesa la región y a los problemas que afrontan sus bancos. La reunión de Berlín forma parte de la estrategia de los gobiernos de Francia y Alemania para enviar señales positivas a los mercados y a los representantes del resto de los países que comparten el euro, la moneda común, y que aún deben ratificar en sus parlamentos la constitución de un Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF).
Ese fondo está pensado como una reserva a la que los gobiernos en crisis podrán recurrir en caso de ser necesaria una compra de deuda soberana de sus países o la recapitalización de su sector bancario. Sin embargo, su funcionamiento en la práctica aún despierta algunas dudas entre los miembros de la zona euro. De hecho, por más que Merkel y Sarkozy subrayaron su “absoluto acuerdo” sobre los pasos a seguir y reconocieron la “responsabilidad especial” de sus países ante la crisis, no quisieron dar más detalles acerca de cómo trabajarán para salir de esta situación.
Justamente, uno de los elementos en discordia antes de la reunión de ayer era en qué condiciones los gobiernos podrían apelar al FEEF. Para Alemania, los bancos deberían intentar primero conseguir capitales nuevos en el mercado antes de recurrir a sus gobiernos para que los auxilien. Francia, por su parte, cree que el FEEF debería actuar de manera más directa. Quizás por eso la canciller germana y el presidente galo declinaron ampliar los detalles de su propuesta y afirmaron que esta será examinada primero con otros gobernantes europeos.
Ambos líderes expresaron reiteradamente su determinación en tener listo el “paquete completo” para resolver la crisis de la deuda y para apoyar a la banca antes de fin de mes. Merkel subrayó, asimismo, la importancia de la cumbre de líderes del G-20 en Cannes (Francia), el 3 y 4 de noviembre, para poder presentar ahí esa “solución duradera”, que irá acompañada, en palabras de Sarkozy, de una “nueva visión de Europa”.
En términos generales, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que los bancos europeos necesitan una recapitalización de entre 100 mil y 200 mil millones de euros. Es que casi ninguna entidad financiera se salva de la crisis actual. El viernes, Moody’s rebajó la calificación de 12 bancos del Reino Unido y Portugal, y tanto Merkel como Sarkozy temen que la banca de sus países vaya por el mismo camino dada su gran exposición a la deuda soberana griega. Con este marco, ambos decidieron salir a respaldar nuevamente la moneda única que “ya abrió nuevos horizontes y por eso la debemos defender con todas las fuerzas”, dijo Merkel.<
Efe, dpa, Ansa y Ap
Todos miran hacia Atenas
La reunión de los gobernantes de Francia y Alemania en la cancillería de Berlín fue precedida por un fin de semana signado por augurios negativos para el futuro de Grecia, del cual depende en parte lo que suceda con el resto del Viejo Continente. Su insolvencia es prácticamente inevitable y el eurogrupo está analizando una quita de deuda de hasta un 60% para Atenas. El desafío pasa ahora por impedir que esa posible quiebra arrastre a otros países como Italia y España y que desate, además, una crisis en el sistema bancario.
Las entidades financieras francesas son las más expuestas a la deuda griega, con 53 mil millones de euros. Les siguen precisamente las alemanas, con 34 mil millones. Una bancarrota en Atenas, por tanto, tendría consecuencias catastróficas para muchas entidades de ambos países.
Entre tanto, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, reiteró que una quiebra griega tendría efectos imprevisibles para la región y para el resto del mundo. “Nos movemos en terreno inexplorado y discutimos soluciones que nunca pudieron ponerse a prueba”, alertó el portugués en declaraciones al diario alemán Bild.

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