Lo mantiene Dora, una enfermera. Recibe a unos 60 niños, desde los 8 meses a los 17 años, por día. Necesitan leche, azúcar, galletitas, ollas y maderas para techar una habitación.
Para la inauguración, los chicos recibieron la visita de Papá Noel que llevó regalos, música y cosas ricas. “Comieron hasta que salieron rodando”, recordó Dora, que trabaja como enfermera en el Hospital Meisner.
Desde ese día, unos 60 bebés, chicos y jóvenes hasta los 17 años, se acercan de lunes a viernes a partir de las 4 de la tarde y en tres turnos toman la leche bajo una galería precaria que las mujeres levantaron al frente de su casa.
“Empecé por la necesidad, porque sufrí la necesidad y sé lo que es acostarse con la panza vacía”, relató.
El merendero recibe ayuda de la Iglesia Casa de Fe, la Iglesia Adventista del barrio El Triángulo y la Panadería Boragno, que acercan galletitas y facturas. No bien cobra su sueldo en el hospital, Dora se encarga de comprar las 4 garrafas de gas que necesitan para calentar los 10 litros de leche, que por día preparan para los que van y no, “porque al que no viene le llevamos la vianda”.
Para seguir
A Dora y Maura se les hace difícil mantener su merendero y ofrecer un lugar más amplio para que los chicos de su barrio no tengan hambre y sientan que tienen una casa que los recibe siempre para compartir una comida y sentirse acompañados, escuchados.
Por eso piden ayuda de la comunidad para seguir funcionando. Necesitan leche, azúcar y galletitas; pero además, buscan una olla de 20 litros que reemplace la ollita que tienen, una heladera, y maderas para realizar un techo y cerrar una habitación de 25 M2 que los resguarde un poco del frío.
“Para el invierno acomodé un cuartito de 4 por 2,5 metros, porque con el frío tienen más hambre y necesidades”, explicó la enfermera.
El merendero busca también serviles a sus vecinos un plato de comida, durante varios meses pudo cocinarles una vez por semana pero ya es imposible para Dora seguir comprando alimentos de su bolsillo.
“Más que merienda, nos piden comida. Hay muchas madres solteras con más de 10 hijos que necesitan ayuda”, explicó.
Además de llenar sus panzas, ahora Dora busca brindarle a los adultos y muchos jóvenes un curso de alfabetización, porque ella sabe el valor de leer y escribir. También está viendo cómo puede incorporar un apoyo escolar para los más chiquitos para sumar actividades a su casa, que ya es la casa de todos.
“Al principio los chicos venían a merendar, después se subían a los árboles y nos tiraban piedras. Ahora están re educados. Lo que hace el buen trato y el amor, ¿no?”, se pregunta.
Viaje a Santa Fe
Tras una visita al pueblo de Las Garzas en Santa Fe, Dora quedó impactada por la pobreza. Por eso hoy viernes partirá hacia el norte con ropa y galletitas para ayudar a su gente.
Además, va a realizar un censo para saber los talles de los vecinos y así volver con ropa y zapatillas. Quienes quieran ayudarla pueden comunicarse al 0230-4487568 o al 011-15-3610-1172.
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