Más allá de los cuestionamientos a la manera en la que se sumó Caracas, el bloque ganó peso político y comercial. Entre el marketing de la integración y el verdadero rol internacional. Juego de gigantes.
Por Leandro Dario.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, afirmó el martes, durante la ceremonia en la que Venezuela fue incorporada formalmente al Mercosur como miembro pleno, que ese bloque se convertirá en la quinta economía del mundo. “Tiene un significado histórico que Venezuela se incorpore como el quinto Estado del Mercosur. Hace tiempo que deseamos un Mercosur ampliado en sus fronteras. Ahora, será la quinta mayor economía del mundo, detrás de los Estados Unidos, China, Japón y Alemania”, dijo la primera mandataria, en una ceremonia junto a sus colegas Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner y José “Pepe” Mujica. “La incorporación de Venezuela cierra la ecuación de lo que va a ser este siglo XXI: energía, minerales, alimentos, ciencia y tecnología”, agregó, por su parte, la jefa de Estado de la Argentina.
En los hechos, el Mercosur tendrá, a partir del ingreso de Caracas, un Producto Bruto Interno (PBI) de 3,3 billones de dólares, se extenderá por 13,5 millones de kilómetros cuadrados y albergará a 270 millones de habitantes.
Además, se convirtirá en el proceso de integración regional que ostentará el liderazgo mundial en la producción de alimentos y las reservas de petróleo más grande del mundo, con más de 226 mil millones de barriles de crudo bajo su suelo.
Con la suma de las reservadas de Venezuela –integrante de la OPEP–, Brasil y la Argentina, el bloque tendrá un potencial energético que superará al del resto de los bloques económicos. Sin embargo, algunos analistas consultados por PERFIL no coinciden con el diagnóstico de los líderes regionales.
“El ingreso de Venezuela al Mercosur confirma la dilución del proyecto de integración regional como una unión aduanera. Es la confirmación de que el Mercosur adopta de manera cada vez más nítida un sentido y una funcionalidad político-estratégica, más que económico-comercial”, confió a PERFIL Roberto Bouzas, director de la Maestría de Relaciones y Negociaciones Internacionales de Flacso y la Universidad de San Andrés.
Según el economista, considerar al Mercosur como la quinta economía mundial es una “inclinación marketinera”, ya que “no es la simple agregación de variables geo-económicas –PBI, población, superficie– lo que otorga poder e influencia, sino su agregación articulada”.
Por su parte, Mauricio Claverí, analista de Comercio Exterior de la consultora de Abeceb.com, consideró que si bien habrá ventajas comerciales con el ingreso de Venezuela, el Mercosur debe apostar por una mayor integración para estar a la altura de otros centros de poder económicos del mundo.
“Es un bloque con deficiencias porque no tiene organismos supranacionales. Sin embargo, con Venezuela el Mercosur toma una nueva dimensión porque se incorpora una economía un poco más chica que la argentina, pero que exporta cerca de 100 mil millones de dólares y tiene una de las mayores reservas de petróleo del mundo”, afirmó en diálogo con este diario, al tiempo que recalcó la importancia de tener un mercado ampliado y la relevancia política y económica del ingreso de Caracas.
Sin embargo, para explotar las potencialidades energéticas y de recursos de la región, el Mercosur deberá invertir en infraestructura. Al finalizar la ceremonia en la que se formalizó el ingreso de su país, Chávez aseguró que espera que la reserva petrolera del río Orinoco produzca en 2019 unos seis millones de barriles diarios. Según el jefe de Estado, para alcanzar ese objetivo serán necesarios miles de kilómetros de tuberías y harán falta viviendas.
Los países que integran el Mercosur tienen reservas monetarias internacionales por 388.997 millones de dólares, sólo superadas por las que ostentan China, Japón y la Unión Europea (UE), y por delante de los Estados Unidos. Además, aunque los cinco países en total tienen una balanza comercial negativa, de 38.553 millones de dólares, ese déficit es menor que los que registran Washington y Bruselas, que totalizan 599.900 y 209.000 millones de dólares, respectivamente.
El ingreso de Venezuela impactará positivamente en Argentina y Brasil, que buscarán consolidar los superávits comerciales que tienen con Caracas. En caso de que continúe la tendencia del aumento del precio de las commodities, entre ellas la soja, el bloque económico y la Argentina tendrán motivos para apostar por el futuro de la integración regional.



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