A pesar de ser uno de los centros más concurridos del comercio bahiense, el edificio de calle 1810 y Thompson no parece ser muy tenido en cuenta por las autoridades. El mal estado de las cuadras del sector, además, genera inseguridad.
Sin embargo, pese a su condición de centro aglutinador de cientos de personas, muchos creen que el lugar está olvidado por las autoridades.
Algunos habitués consideran que, quizás por encontrarse alejado de los grandes centros comerciales de la ciudad, el mercado ubicado en la calle 1810 al 400, entre Thompson y Darregueira, no está visto como un lugar de interés.
No obstante, sobran motivos por los cuales destacar su importancia. Por ejemplo, trabajan más de 400 personas y llegan diariamente entre 150 y 200 camiones provenientes de diferentes puntos del país transportando mercadería.
Si bien no existe una cantidad estimada de visitantes, representantes de la comisión directiva del mercado calculan que más de mil personas recorren diariamente los pasillos abarrotados de productos.
Allí funcionan dos cooperativas, la perteneciente al Abasto, con más de 30 puestos de venta, y la de Horticultores de Bahía Blanca, con otros 60 locales.
Carros repletos de mercadería, cajones apilados con diferentes tipos de frutas o verduras y un ritmo frenético nutren de actividad los 3.000 metros cuadrados que ocupan sus instalaciones, especialmente los domingos, donde hace falta contratar a tres vigilantes para ordenar el caótico tránsito que allí se produce.
Los estacionamientos suelen encontrarse repletos de coches de diferentes modelos, camionetas de fleteros que esperan por ingresar a cargar a las instalaciones o verduleros que se acercan a comprar mercadería al por mayor.
De todos modos, desde hace un buen tiempo, la comisión directiva del mercado solicita al municipio el arreglo de las calles Thompson y 1810, las cuales lucen en un estado espantoso, a pesar de que dos líneas de colectivos circulan por ahí.
Según comentaron varios puesteros a este diario, la gran cantidad de pozos en esas calles provoca que los autos deban circular a muy bajas velocidades, hecho que generó en los últimos tiempos varios robos.
Incluso el personal de seguridad del mercado apostado en los estacionamientos mencionó los peligros de transitar por la zona.
"Pocos intendentes se han acercado a las instalaciones, a pesar de que somos contribuyentes importantes del municipio. La última obra de pavimento en el lugar se realizó durante la gestión de (Juan Carlos) Cabirón con el asfaltado de 1810, donde pagamos el 50% de la obra y el municipio aportó el resto", mencionó Raúl Adesky, administrador del Abasto bahiense.
"Es más, hay intendentes que no han venido nunca a este lugar ni creo que vayan a venir, a pesar del importante rol social que cumple el mercado en los barrios aledaños como Spurr, Villa Rosario o Villa Mitre", mencionó.
Adesky agregó que desde hace varios años reclaman algún tipo de arreglo en esas calles, ya que por ejemplo 1810 comenzó a deteriorarse luego de la instalación de varias columnas de energía.
"La máquina que cavó los pozos para esas columnas dañó seriamente el pavimento y, como no se realizaron arreglos, poco a poco se comenzaron a formar pozos donde se acumulaba agua que debería desagotarse en el arroyo. Desde aquel entonces a la actualidad el pavimento se rompió hasta quedar en el estado actual", contó José Ruiz, puestero y tesorero del Abasto.
Los días de lluvia es posible notar la gran cantidad de agua que queda acumulada durante varios días en las inmediaciones.
El mercado abrió sus puertas el domingo 7 de febrero de 1965 y fue construido mediante el esfuerzo del Mercado de Abasto SA y la Cooperativa de Horticultores Bahía Blanca Ltda. La inauguración fue un acontecimiento muy importante en aquel entonces.
El edificio se ejecutó conforme a los estilos y características que se aplicaban en esos tiempos en los más modernos mercados norteamericanos. Las calles interiores y laterales aseguran el buen funcionamiento de carga y descarga de camiones.
A un lado se instalaron los horticultores, donde aún permanecen en un amplio tinglado de 100 metros de longitud por 15 de ancho, donde pueden converger hasta 80 vehículos simultáneamente. Con el paso del tiempo se debieron construir depósitos en las inmediaciones y estacionamientos para más móviles.
En la actualidad el predio también cuenta con una playa de estacionamiento de medidas similares al espacio del mercado, donde se detienen cientos de verduleros o compradores.
Pero, más allá de esas cuestiones, quienes conviven a diario en el mercado aseguran que el contexto de ese multitudinario espacio necesita cambios. Y la repavimentación de las calles 1810 y Thompson resulta una cuestión urgente.
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