Edgardo AlfanoEmpresarios y sindicalistas saben por estas horas a qué atenerse con el anuncio del nuevo gabinete de Cristina Kirchner.
Una obediencia que estará signada por el mayor cristinismo duro que promete instalarse con la figura de Juan Manuel Abal Medina en la jefetura de gabinete.
Se trata de una ola que llegará también al Congreso de la Nación, que estará bajo control de la Casa Rosada por la mayoría que el kirchnerismo juntará en Diputados con la ayuda de sus aliados y la fuerza que tendrá en el Senado donde estará muy cerca del quórum propio.
Pero, además, el gobierno tendrá una fuerte presencia de delegados directos de la propia presidenta, como los atentos y vigilantes jóvenes de La Cámpora, que también desembarcarán en la legislatura bonaerense, ante los ojos de Daniel Scioli.
Un gobernador que tendrá nuevos problemas con el kirchnerismo a raíz de su política de seguridad. Se la cuestionó en su momento Néstor Kirchner y después CFK.
Y ahora, una nueva vuelta de tuerca con la crítica que le lanzó la ministra de Seguridad, Nilda Garré horas después de ser ratificada en su cargo.
No solo cuestionó la política de Scioli y su ministro Ricardo Casal, sino que se lamentó de que no hayan continuado el rumbo que habían marcado antecesores en el cargo como León Arslanián y Juan Pablo Cafiero.
Tampoco le será sencillo conviv
ir con CFK al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.
El traspaso de los subtes sigue montado sobre desacuerdos, el quite de los subsidios de la Nación agregó un elemento más de conflictividad y la relación entre las policías Metropolitana y Federal sigue siendo un problema sin solución.
Todo esto también es una señal para la oposición que está muy lejos de levantar cabeza, después del papelón electoral de octubre, y continúa metida en un laberinto en busca de su futuro.
Así, el gobierno nacional tendrá una tarea legislativa que le será facilitada por esa oposición que está viendo como se les escurre entre los dedos el poder que habían ganado en las elecciones de 2009.
A nivel nacional, el poder de CFK sobre el Congreso se podrá ver con el tratamiento de las leyes pendientes en materia económica.
Se trata de la ley de leyes, el Presupuesto 2012, la Emergencia Económica y la prórroga de impuestos.
Desde el PEN prometen que saldrá tal como los quiere CFK, sin que se modifique ni un punto ni una coma, sobre todo en el caso del Presupuesto.
Pero no será lo único que ocurrirá en el nuevo mundo de Cristina. El gobierno promete reforzar su presencia en el gran control que ya tiene sobre medios de comunicación, oficiales y privados, desde donde instala su relato sobre el pasado y presente de la Argentina.
Y esa estrategia de la presidenta es compartida en un todo por su futuro jefe de gabinete, como lo demostró durante su gestión al frente de la Secretaría de Comunicación Pública.
Nunca como ahora un gobierno tuvo un control tan amplio sobre los medios, sean estos televisivos, radiales o escritos. No importa quienes y que periodistas, sino que sigan sumando.
En ese sentido, el kirchnerismo promete desembarcar, por ejemplo, en nuevas radios de AM y FM, a través de empresarios o grupos sociales amigos, con un amplio despliegue de publicidad oficial.
En ese escenario, empresarios y sindicalistas deberán aprender a convivir durante el próximo año, donde sentirán una fuerte sobre sus negocios, inversiones, acuerdos salariales y obras sociales.
Como sus habituales voceros lo admiten, estarán bajo presión en tiempos donde los problemas de caja prometen darle más de un dolor de cabeza al gobierno nacional.
De todas formas, la continuidad de Julio de Vido en el gabinete nacional era esperada por la UIA y otras cámaras empresarias y también por la CGT de Hugo Moyano.
De Vido se convirtió para ellos desde hace tiempo no solo un interlocutor frente a CFK, sino un colchón donde cubrirse a la hora del avance cristinista sobre sus terrenos.
Lo ideal para varios hubiese sido el desembarco del ministro de Planificación en la Jefatura de Gabinete, pero deben conformarse con lo que hay.
Algo parecido puede decirse de la permanencia de Carlos Tomada en el Ministerio de Trabajo.
Tomada viene desde hace años controlando las negociaciones salariales de empresarios y sindicalistas dentro de un corralito de aumentos que armó Néstor Kirchner y lo continuó Cristina.
En su momento, ese corralito tuvo subas promedios del 15 por ciento, luego pasaron a 18 o 19, siguieron en suba con el paso de los años hasta llegar sucesivamente al 22, 25 y 30 por ciento o más.
Siempre siguiendo la inflación del supermercado, como dice Moyano, y no la de Guillermo Moreno en el INDEC.
Pero todos los acuerdos tuvieron la homologación del ministerio de Trabajo, bajo la atenta mirada de Tomada.
El problema es que CFK quiere que esos aumentos se achiquen durante las próximas paritarias, para bajarlos a menos del 20 por ciento.
Un porcentaje que es mirado con satisfacción los empresarios, que prefieren hablar del 15 por ciento.
Pero es un porcentaje que rechazan de plano los sindicalistas que están unidos por un mismo reclamo, sean moyanistas u opositores al camionero.
Ellos seguirán dándole la espalda a los números de Moreno por más que el gobierno se esfuerce por respaldarlos y CFK exalte la figura del polémico secretario de Comercio, que insiste con instalar en la Argentina un relato K sobre la inflación que muy pocos creen.
Un mundo sindical que ve desde una platea preferencial la puja de poder entre Moyano y la presidenta.
Una pulsea que, por lo menos, se estirará hasta mediados del año próximo, cuando termine el mandato del camionero en la CGT.
Después, Dios proveerá.












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