Es el promedio base de chicos que no logran superar los objetivos planteados en el curso al que asisten. Sin embargo, en muchos casos la proporción de repitentes es mucho más alta que ese 10% que se ajusta a lo que refleja una estadística provincial.
En ese diagnóstico coincidieron miembros de diferentes estamentos educativos ante una consulta de DEMOCRACIA.
“El cálculo es muy aproximado a lo que está pasando en la ciudad”, dijo el inspector distrital de Educación Técnica, Fernando Balbi, en referencia al índice de chicos que no superan los objetivos planteados para atravesar con éxito el ciclo lectivo.
Balbi señaló que en la actualidad, las trayectorias de los adolescentes en el nivel medio tienen una duración media de 6 años y tres meses, dado que cada vez es más habitual que la población estudiantil se caracterice por haber tenido que rehacer, como mínimo, un año.
“Un aspecto que se puede apreciar como positivo de esa realidad es que años atrás existía una tasa alta de deserción. Los que ya a mitad de año estaban mal perfilados, abandonaban y capaz que no se reinsertaban al año siguiente. Pero a través de algunas estrategias promovidas por el Estado, ahora lo que se busca es el mal menor; o sea, que los que interrumpían sus estudios ahora siguen en carrera e incluso mejoran su performance, de acuerdo con las estrategias que emplea el docente y el respaldo que tienen ellos desde su casa”, sostuvo el inspector.
Otra voz que opinó sobre el tema fue la de Andrés Barricarte, director de la Escuela de Educación Técnica Nº2, quien indicó que a esta altura del año, los docentes y directivos empiezan a estar más abocados a realizar la tarea de tutores para ayudar a los más complicados con las notas. “Nos hallamos con parte del alumnado que no tienen ninguna fotocopia de los trabajos que se han dado durante el año, entonces nosotros se las sacamos, se las repartimos y tratamos de aplicar las estrategias más convenientes para que esos chicos puedan salir a flote. Algunos casos son insalvables”, comentó el directivo en declaraciones a este diario.
La profesora Valeria Araya, por su parte, afirmó que la relación de un repitente sobre diez es apropiada para puntualizar lo que sucede con esa problemática en las escuelas juninenses. No obstante, aclaró que en más de un establecimiento “vamos a ver que de treinta miembros de un curso, siete u ocho terminan repitiendo el año”.
“Lo corriente en varias instituciones es que de veinte alumnos, seis se la están llevando. Después, que al final de año aprueben o no es otro tema”, comentó la docente de Prácticas del Lenguaje.
La influencia del entorno social
Como si hiciera falta alguna prueba para demostrar que los entornos sociales y familiares influyen directamente en el rendimiento educativo, una investigación reciente realizada por Unicef vino a revelar que el 61% de los adolescentes argentinos con problemas de repitencia y deserción escolar en el secundario proviene de hogares cuyos padres no completaron ese nivel educativo.
El problema de la repitencia y la deserción escolar no es nuevo. Hace poco una ONG reveló cifras que indicaban que en nuestra región el 50% de los que comenzaba el secundario no lograba terminarlo, y en esa línea se suma también un informe presentado hace poco por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) en base a datos del propio Ministerio de Educación de la Nación, según el cual uno de cada diez estudiantes argentinos repite el colegio secundario, un promedio que entra en sintonía con las cifras que se manejan en las aulas de la Provincia, donde casi el 11% de los alumnos que asisten a las 5 mil escuelas que hay en territorio bonaerense -entre públicas y privadas- no logra pasar de año.
“El problema se vuelve complejo porque a la falta de motivación que muestran muchos alumnos, se le suma también la falta de herramientas con la que se encuentran varios docentes al encarar una clase”
En el trabajo presentado por Idesa se detalla que, del total de chicos que empieza el año lectivo en cada uno de los 6 años que conforman la secundaria, en promedio, se puede observar que sólo el 77% pasa de curso, el 13% abandona sin terminar y el 10% repite el curso. “Estas estadísticas -apuntan los hacedores del informe- dejan entrever que menos de un tercio de los chicos que empieza la secundaria la termina en los tiempos que corresponde, el resto se queda de curso por lo menos alguna vez o abandona la escuela y, en la gran mayoría de los casos, estas personas quedan condenadas definitivamente a una vida laboral precaria”.
La formación de los padres
En lo que hace al trabajo de Unicef, realizado sobre un universo de 1.557 alumnos que fueron reincorporados al sistema escolar luego de que estuvieran más de un año sin asistir, la encuesta indica que el 9% de los padres de este grupo no completó la primaria, el 19% sólo completó este nivel y el 33% no logró egresar de un establecimiento de educación media. Sobre esta cantidad de alumnos, más de la mitad proviene de hogares con más de cinco personas; y el 21% vive en condiciones de hacinamiento.
Los resultados, como se dijo, muestran cómo el contexto familiar y social condiciona las posibilidades de éxito educativo de los chicos. Silvina Arrastía, licenciada en Ciencias de la Educación, sugiere que el problema se vuelve cada día más complejo “porque a la falta de motivación que muestran muchos alumnos, se le suma también la falta de herramientas con la que se encuentran varios docentes a la hora de encarar una clase. En algunos casos se nota que la pasión por enseñar va decayendo, y es ahí cuando el problema se vuelve todavía más complejo. Si no se profundizan contenidos y objetivos, va a ser muy difícil retener a los chicos en el aula”.
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