Mendoza, tierra de oportunidades

Mendoza, tierra de oportunidades
En un completo informe del Centro de Comunicaciones de la UNCuyo se explica por qué la geografía provincial es tan "deseada" por los extranjeros.
La llegada de inversores internacionales al país y a Mendoza comenzó a vislumbrarse en los ochenta e hizo explosión en los noventa. Los sectores inmobiliario, agrícola y en menor medida el turístico concentraron el interés de los foráneos.

La vitivinicultura fue la industria que recibió una gran inyección de divisas, que según un estudio del Consejo Empresario Mendocino (CEM), fue de entre 1.500 y 2.000 millones de dólares. Se invirtieron en la compra de tierras, en la construcción de bodegas y en tecnología para los nuevos viñedos.

Un porcentaje importante de los inversores compró tierras en Luján y Maipú, con terrenos que van de las 200 a las 400 hectáreas, aunque también se asentó en la llamada zona de seguridad, especialmente en el sur y en el Valle de Uco, con algunos proyectos que incluyen mayor superficie.

El valor de la tierra en la zona de frontera varía. Según información de Catastro allí se puede comprar una hectárea por un dólar, una cifra que crece significativamente una vez que el emprendimiento está en marcha, ya que se puede llegar a cotizar entre 15.000 y 40.000 dólares la hectárea.

La investigadora del Incihusa, Conicet y titular de la Cátedra Sociología Rural, en la en la facultad de Ciencias Políticas de la UNCuyo, Elma Montaña, enumeró las razones por las que Mendoza atrae a los inversores.

Explicó que la industria vitivinícola está en plena renovación y expansión, que existen grandes extensiones de terrenos vírgenes y acceso a importantes fuentes hídricas, además de las condiciones climáticas inmejorables.

"Lo que buscan de nuestras tierras es justamente el valor de lo natural, que en sus países de origen y, en casi todo el mundo, tiende a desaparecer. Los argentinos no prestamos debida importancia a los valores naturales que son una reserva, no sólo para el país, sino para toda la humanidad", señaló la especialista.

El primero de los grandes inversores extranjeros que se asentó en la provincia fue el consorcio anglo-malayo Walbrook, que compró en Malargüe 250.000 hectáreas, es decir el 3,5 por ciento de la superficie total del departamento, con el objetivo de impulsar el turismo, la agricultura y el ganado caprino. Y hoy maneja cinco hoteles del complejo Valle de Las Leñas. Su llegada despertó cuestionamientos, sobre todo por la gran superficie que adquirió y por los recursos naturales incluidos en ese territorio.

Desde la Dirección de Ordenamiento Ambiental y Desarrollo Urbano (Doadu), donde existen datos sólo de las tierras fiscales, confirmaron a Cicunc Contenidos que parte de esas tierras fueron entregadas a familias de colonos en la década del 60, pero sin ningún tipo de proyecto ni seguimiento, por lo cual luego las fueron vendiendo, hasta quedar en manos de los inversionistas malayos.

Otro sector que recibió gran cantidad de inversiones fue el vitivinícola. El origen de los capitales responde a los países donde esta industria se destaca, es decir España, Francia, Italia y Chile.

El gerente de Bodegas de Argentina, Juan Carlos Pina, aseguró que la inversión extranjera permitió al sector dar un salto cualitativo, ya que se incorporó tecnología, una mejora del producto y la salida al mercado externo, algo impensado hasta ese momento.

Sobre el proyecto de ley, Pina aseguró que es positivo cuidar el patrimonio nacional, pero juzgó como desproporcionados a los límites que se proponen, cuando hay inversores que tienen gran parte de la Patagonia.

Dijo que para las empresas que quieren seguir creciendo se puede transformar en una traba, sobre todo teniendo en cuenta que la vitivinícola es una apuesta a largo plazo.

"Chandon tiene 50 años en el país, fue pionera en indicarnos cómo debe ser la relación productor bodega o las pautas para producir uvas de calidad. Nos han demostrado que son empresas de capitales extranjeros pero que operan en Argentina y actúan como una más", señaló el gerente. El presidente del Fondo Vitivinícola Mendoza, José Luis Lanzarini, opinó que el proyecto no impactará en la vitivinicultura, ya que las unidades de producción están muy lejos de acercarse al tope de las 1.000 hectáreas por inversor, que plantea la iniciativa.

Mientras que el presidente de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales Experimentación Agrícola (Aacrea), dependiente del INTA, Juan Viciana, destacó la necesidad de asocio internacional que requieren los grandes proyectos en la Argentina.

La geógrafa y especialista en temas territoriales del Instituto de Desarrollo Rural (IDR), Liliana Fernández, enumeró aspectos positivos y negativos de las inversiones vitivinícolas.

Por un lado sacó de la improducción a un sector alicaído e incorporó nuevas tecnologías y mejoras en la calidad del producto. Pero por el otro desplazó trabajadores por la tecnificación, hubo falta de integración con la comunidad rural por escasa incorporación de mano de obra y de servicios de su entorno y -en algunos casos- utilizó recursos naturales -como el agua- en forma incontrolada.

Si bien está convencida que es necesaria una ley para regular la compra de tierras, Fernández cree que la iniciativa llega tarde, ya que hace veinte años se están vendiendo tierras sin ningún control, aún en zonas de frontera. Allí donde hay una gran cantidad de recursos naturales no renovables.

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