Hay 31 mil mendocinos analfabetos

Son los datos que arrojó el Censo 2010. Se trata de 2,2% de la población, índice que se redujo 1% en una década. La provincia está por debajo de la media nacional. La mayoría de las personas en esta situación son mujeres de zonas rurales y mayores de 50 años.
Vivir día a día casi como si lo rutinario fuese un código indescifrable es lo que siente cada uno de los 31.530 mendocinos que permanecen en el analfabetismo. El número viene en descenso y eso es sin dudas un avance, pero también es casi inconcebible que todavía haya personas sin las herramienta para desenvolverse en un mundo codificado en números y letras.

El Censo 2010 arrojó datos muy alentadores al respecto: en Mendoza logró reducirse 1% en diez años la tasa de analfabetismo: se pasó de 41.041 analfabetos en 2001 (3,2%) a 31.530 en 2010 (2,2%), cifra que dejó a la provincia en el puesto 11 del ranking nacional.

Pese a la reducción lograda, Mendoza está levemente por debajo del nivel que ostentan sus vecinas San Juan (2,1%) y San Luis (1,8%), también bajo la media nacional que es de 1,9% (641.828 personas). Sin embargo, la disminución de 1% en la provincia es superior al 0,7% logrado a nivel nacional.

"Si bien en valores relativos se trata de porcentajes muy reducidos de la población, resulta inadmisible que en el siglo XXI haya personas que persistan en condiciones de analfabetismo", afirmó Jorge Galleguillo, a cargo de la Dirección de Educación de Jóvenes y Adultos de la DGE.

El funcionario señaló que "desde 2003 se observa una mejora en los indicadores económicos y sociales pero hay una franja de la población donde la aguja se mueve menos". Y explicó que es positivo que se haya logrado que un 6% del presupuesto esté destinado a la educación, ya que esa inversión es necesaria para llegar a una situación óptima.

Ocurre que se está ante un núcleo duro que resulta difícil romper para erradicar el analfabetismo. Sin embargo Galleguillo es optimista y considera que la modalidad implementada en la última década se encamina en este sentido.

Estructurales y funcionales

Se considera analfabeto a un mayor de 10 años que no ha aprendido a leer y escribir porque no ha accedido al sistema educativo formal o que adquirió en algún momento la herramienta (hizo algunos años de primaria) pero por no utilizarla no puede aplicarla adecuadamente. En el primer caso se habla de analfabetos estructurales, mientras que el resto se denominan analfabetos funcionales.

Se puede trazar un perfil de este segmento poblacional. Un informe elaborado por el Centro de Comunicación e Información (Cicunc) de la UNCuyo a partir de datos del último censo, hay más mujeres, viven en zonas rurales y tienen más de 50 años, mientras que los más afectados son los sectores que presentan mayor vulnerabilidad social. Asimismo, la mayoría son de San Rafael, Guaymallén, Maipú, San Martín y Las Heras.

La brecha entre hombres y mujeres es mínima: 16.003 son mujeres mientras que 15.527 son varones, lo cual se mantiene desde el censo 2001. Un detalle llamativo es que a nivel nacional ha aumentado el sector masculino.

El informe indica que según la Organización de Estados Iberoamericanos, Argentina es uno de los países mejor posicionados en América Latina, junto a Uruguay, Chile y Costa Rica (Cuba fue el primero que erradicó el analfabetismo en los '60).

Demanda silenciosa

El nivel de escolarización en el país se ha mantenido en un 98% en los últimos años. Sin embargo, para quienes ahora son mayores, esto no siempre fue así: las dificultades económicas, la distancia con la escuela o el hecho de que de pequeños tuvieran que trabajar dentro o fuera del hogar fueron factores desequilibrantes.

Raúl Castillo tiene 63 años y asiste al CEBA que funciona en el centro de jubilados de Buen Orden en San Martín.

"Cuando era chico me pasó de todo -recuerda-. Vivía en la pobreza y el maltrato, la escuela quedaba muy lejos y tuve que trabajar en la viña porque si no, no se comía. Hice algunos grados de primaria pero no sabía ubicar algunas letras y escribía a mi modo; ahora quiero terminar la primaria para adaptarme al ritmo de vida actual".

Las personas no alfabetizadas están privadas de sus derechos, en condiciones de desigualdad; y se trata de un hecho de injusticia social que repercute sobre su situación económica.

Galleguillo explicó que "la escolaridad es fuertemente condicionante del oficio de las personas y por su bajo nivel de formación terminan trabajando en condiciones precarias e informales, mayormente como trabajadores temporarios de cosecha, en la construcción o en el servicio doméstico".

Por otra parte, este grupo de mayores de 50 años está encuadrados dentro de lo que se denomina "demanda silenciosa", es decir que no reclaman activamente al Estado y por eso con ellos debe trabajarse de otra manera, con socios territoriales.

Esto es, accionar a través de referentes con los cuales se contactan por otras circunstancias, los cuales detectan la necesidad y motorizan un proyecto para revertirla.

Patricia Terranova es directora de varios CEBA de San Martín y explica su manera de trabajar: "Soy medio nómade así que voy donde hace falta, el problema es que no hay lugares cómodos. Lo que hacemos es detectar sus intereses, por eso es muy personalizado, a algunos les gusta leer la Biblia y lo hacemos juntos, otros querían aprender a usar internet para los trámites de Anses, entonces nos trasladamos a un cíber y conseguimos un profesor de informática".

Quienes trabajan en el sector sostienen que el término "analfabeto" es muy estigmatizante, como si se tratase de una persona sin conocimiento alguno.

Sin embargo, a lo largo de su vida han ido adquiriendo competencias que deben ser valoradas y tenidas en cuenta en el proceso de aprendizaje para evitar un abordaje infantilizante.

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