Un nuevo Messi parece haberse despertado con Sabella como entrenador; los consejos de Guardiola y un cuerpo técnico que sabe escuchar; una estrategia de contención y un capitán que el grupo respeta. Por Martín Castilla
Desde la aparición de Messi en el seleccionado mayor, en 2005, se buscaron guionistas. Se probaron directores técnicos de distintas escuelas. Grandes nombres o personas que adquirieran la estatura para potenciar las motivaciones de Messi, esas que vuelan tan alto como su talento futbolístico. Con José Pekerman irrumpió un adolescente que no podía controlar los impulsos por jugar y demostrarlo todo de golpe. Con Alfio Basile se vio un chico incómodo, en segundo plano, detrás de figuras como Juan Román Riquelme o Juan Sebastián Verón. Con Maradona aparecía con un protagónico fuerte, aunque la figura de Diego lo eclipsaba. Con Batista se convirtió de la noche a la mañana en un capitán sin cinta dando sus primeros pasos como referente de la mano de su amigo Javier Mascherano. Y con Sabella comenzó una estrategia de contención que fue fundamental para potenciar su rendimiento: darle el lugar de líder, de capitán, de referente, de símbolo y, lo más importante, escucharlo.
EL PLAN DE SABELLA
Es cierto, como lo dijo Messi después de la goleada de anteayer sobre Uruguay, "con resultados se está más contento". Pero la postal de la práctica de ayer en Ezeiza, con Messi a pura sonrisa en una charla con Sabella y con el profesor Pablo Blanco se están haciendo costumbre. Es que "Pachorra" baja un mensaje interesante en cuanto a la construcción del grupo. Algo muy alentador y que tiene a Messi como principal eslabón, pues desde que comenzó el actual ciclo, la voz de la Pulga logró más peso en las charlas grupales. El cambio es palpable, el rosarino ya no baja la cabeza ni esconde la mirada. Si hay algo para decir, lo dice, y sus compañeros lo escuchan.
El gran desafío de quien le toca ser entrenador del seleccionado es que Messi juegue tan cómodo como lo hace en Barcelona. Considerar sus deseos y escuchar sus pensamientos. Después del 3-1 sobre Alemania de agosto pasado, respetando la autoridad del entrenador para armar los equipos, la Pulga admitió que le gusta jugar con dos delanteros a su lado. Sabella siente que hablar de fútbol con Messi no le hace perder poder de decisión; todo lo contrario, aumenta sus posibilidades de desarrollo. Y entonces, aunque pueda parecer arriesgado, pone tres puntas, con Di María por detrás, capaz de partir como volante y terminar como delantero.
Sabella parece haber encontrado la fórmula para que el mejor del mundo rinda todo lo que puede. Antes de este ciclo, Messi había hecho 17 goles en 61 partidos y ahora, con Sabella, 13 goles en 13 encuentros. La historia marca otra cosa, como nunca antes había pasado.ß





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