María del Carmen García Suárez, titular de la Dirección de Cultura del municipio piquense, habló ayer sobre la génesis de un proyecto que comenzó tibiamente hace poco más de cuatro años, con los albores de la primera gestión del intendente Jorge Félix Tebes, y que hoy por hoy se consolidó como referencia a la hora de elegir propuestas culturales y educativas al alcance de la mano, con una sugerente inclusión social.
Recordó que en al arranque fueron pocos los talleres ofrecidos en el CCM, pero con el tiempo -en base a una demanda constatada a través de estudios puntuales- “se conformó una variedad de propuestas que llegó a esta realidad que, según las estadísticas, nos marcan la existencia de 28 talleres en el centro y estamos presentes en nueve barrios de la ciudad con otros 18 talleres que responden a las características sociales de cada uno de ellos. En estos momentos, la población de alumnos en el CCM, concurrentes de lunes a sábados, alcanza a unos 800, que se suman a los barrios donde asisten alrededor de 250 personas, es decir, los 46 talleres alcanzan una población superior al millar, con asistentes de la tercera edad, adultos, jóvenes, adolescentes y niños”, agregó.
En la misma línea de trabajo, durante este año, se avanzó en una “propuesta de talleres de formación direccionados a jóvenes de 13 a 18 años, diez talleres de los casi 50 que se dictan, apuntan a ese segmento. Algunos tuvieron muy buenos resultados, como el de murga, percusión, saxo y bajo, talleres vocales instrumentales, por ejemplo. Todos tienden a brindar una alternativa interesante para estas edades, que en general son complicadas en encontrar justamente el gusto, son edades difíciles en ese aspecto. No sólo hay talleres gratuitos en el CCM, sino también hay otra propuesta denominada “autofinanciados”,
con un aporte específico del municipio en cuanto a infreaestructura y logística”, explicó.
-¿El resultado final de esta propuesta termina siendo las exposiciones o presentaciones?
-En muchas casos es así. Ninguna muestra o expresión es posible si antes no hay una producción. Para que la haya, tiene que haber un aprendizaje. Nosotros notamos que esta línea de trabajo se fue potenciando con el paso de los años. Se incrementó la cantidad porque también desde la gestión se intentó visualizar cuáles eran los intereses que la gente manifestaba, adónde apuntaba la demanda. Y en otros casos fueron marcados desde la Dirección de Cultura, algunas propuestas que se consideraron interesantes e importantes desde lo cultural, como el taller de saxofón, por ejemplo.
-Es decir, por lo que se vé, había una demanda contenida que no habría salido a la luz de no ser por esta posibilidad, ¿coincide?
-Totalmente, la sorpresa es muy grata porque la necesidad estaba y no estaba manifiesta. Creo que el aumento de participantes tiene que ver con ambas cosas: una mayor población y una demanda detectada a tiempo, diría yo, por los integrantes de esta gestión, de otro modo creo que no habría sido posible.
-A pesar de que las publicaciones sobre nuevos lanzamientos es constante, daría la impresión que hasta aquí el sistema de talleres se presentaba como subterráneo, casi sin identidad, ¿qué cambió en este último tiempo?
-Es cierto, a veces pareciera que no se le diera la importancia que esto tiene y lo que genera en la sociedad como muestra, expresión o producción, quedan como desdibujados o se circunscribe al aula del propio taller, puertas adentro. Pero es la mejor inversión que todos podemos hacer; el municipio por un lado y que las instituciones de la comunidad pueden realizar para nuestra población. Fundamentalmente tiene que estar enfocado a niños y adolescentes que tienen un gran camino artístico por delante, pero sin dejar de lado una población de adultos muy inquieta y otra de adultos mayores que asombra, son sectores que hay que atender. Entonces, a mi modo de ver, no va a haber proyección artístico-cultural si no hay una inversión en formación inicial, básica. Una vez que tenemos esto, apostar a los cursos de segundo nivel, de perfeccionamiento, esto es lo que va a marcar de a poco el perfil cultural de nuestra sociedad.
-Masificar, a veces, se traduce en una merma de calidad. ¿Cómo es, por ejemplo, la selección de quienes dictan los talleres?
-Con una propuesta que contenga nuestra demanda. En cada rubro se busca qué docente está interesado y le pedimos una línea de trabajo para cada taller, los contenidos de los mismos y el currículum que respalda su trayectoria. Uno intenta colocar una propuesta de calidad, con alguien que tenga experiencia y conocimiento sobre lo que va a diuctar, esto es básico para esta gestión.
-Habida cuenta de este éxito, ¿considera que se llegó a un techo difícil de superar?
-No, no tiene un techo. Estoy convencida de que puede tener líneas modificatorias y correcciones, pero no un límite determinado. Porque cada vez visualizamos que hay más personas interesadas en comenzar a participar de algún tipo de actividad artístico-cultural. Eso habla muy bien de la sociedad, porque la demanda es constante y abarcativa a expresiones que asombran. Esta avanzada desnuda una realidad socio-cultural quizás no observada hasta ahora.
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