Diez mil personas se reunieron durante dos horas en el Planetario.
Carolina, instructora de El arte de vivir, la fundación que organiza el evento, cuenta que en 2009 fueron 4.000 personas y que "cuando tantos meditan al mismo tiempo nuevas energías bajan para dar paz al planeta. Eso buscamos. ¿Te diste cuenta de que todo se contamina? No sólo a través de la basura sino con nuestros pensamientos. Cuando ves en la calle que todos están refunfuñando también hay contaminación. Buscamos dejar la mente en calma", cuenta Carolina y explica que los mantras benefician al sistema nervioso e inmunológico. "Vamos a hacer yoga y ejercicios de respiración antes de la meditación, que es el arte de hacer nada", completa.
La gente está sentada y ocupa todo el predio, se reparten jugos y en un escenario varios instructores dan directivas. Ya no suenan mantras, la gente estira las manos, cierra los ojos, levanta la cabeza: el moderador indica qué hacer y la multitud, coreográfica, sigue las indicaciones. "Relajo cada vértebra, cada músculo, llevo la atención a los ruidos del ambiente, y me dejo llevar por estos ruidos para relajarme completamente", dicen desde el escenario. Javier, de 41 años, opina: "La idea es quedarse en el simple acto de inhalar y exhalar, dejar que los pensamientos pasen y nada más".
Vuelven las indicaciones: todos se llevan los dedos a la frente y empiezan los ejercicios de respiración. Miles obedecen y sueltan el sonido de una precisión militar. La voz desde los parlantes pide que la gente abra los ojos, todos despiertan y aplauden: llega el Swami Parantej, líder espiritual que viajó desde la India para la ocasión. Habla en inglés, hay un traductor, la gente cierra los ojos: "Trabajamos de la mañana a la noche, nos merecemos este bienestar", dice el gurú que pide cantar el "Om" (mantra sagrado) y la tierra vibra: "Ommmm". Swami aclara: "Om quiere decir amor" y el traductor agrega: "Dejen que el amor llegue a cada célula de su cuerpo".
Pasaron dos horas de ejercicios de yoga, respiración y meditación. La gente vuelve en sí y todos sonríen.
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