Por Daniel Fernández CanedoSon muchos los cambios en muy poco tiempo.
Un gobierno que siempre renegó de hacer anuncios en materia económica, ayer sacó al ruedo al ministro De Vido y al vicepresidente electo Amado Boudou para adelantar un borroso programa de reducción de subsidios para luz, gas y agua.
El anuncio desató varios interrogantes : ¿fue porque habiendo llegado a $ 45.000 millones en lo que va del año sería difícil seguir con ese tren de subsidios?; ¿o para perjudicar a Macri sacándole $ 700 millones para atender el servicio de subtes?, ¿o para sacar la atención sobre el dólar después del albur en que se metió al mercado cambiario al requerir autorización previa de la AFIP para comprar dólares? El anuncio, que resultó bienvenido para el mundo empresario, constituye la primer señal de no expansión en el esquema económico en los últimos tiempos.
Incluso, Boudou sostuvo que frente al “contexto internacional de altísima volatilidad , estamos en situación de recalibrar cuáles subsidios son pertienentes de cambiar” dejando en claro qué subsidios para todos va quedando atrás.
Una respuesta razonable después del fuerte aumento del gasto público previo a la elección: 39,9% en septiembre.
Mientras se digería el difuso anuncio de los subsidios, el mercado cambiario seguía en la trabajosa tarea de volver a algún estadio de normalidad .
Hubo más operaciones y la validación de operaciones por parte de la AFIP fue menos austera que en la caótica primera jornada de aplicación.
La ANSeS vendió con fuerza bonos en dólares para bañar al mercado y sacarle atractivo a la operación de dólar paralelo conocida como “contado con liquidación”.
Lo logró: ese dólar bajó de $ 5 hasta $ 4,65, registrando el mismo nivel en que ayer cotizaban el billete en el tradicional mercado paralelo.
Los entendidos en crisis cambiarias le sugerían ayer al Gobierno que aceitase el mecanismo de autorizaciones de AFIP para terminar con una trabazón que luce claramente innecesaria .
Resulta llamativo que un gobierno que hace dos semanas obtuvo casi 54% de los votos, que tiene más de US$ 43.000 millones de reservas efectivas y que en septiembre logró un superávit comercial de US$ 1.000 millones, tenga problemas cambiarios.
La Argentina tiene historia de transitar años con un dólar más atrasado que el actual, si es que hoy tuviese algún atraso.
Pero, evidentemente, los compradores sacan otras cuentas . Deben creer que como el dólar subió 10% en un año y estuvo planchado en los meses previos a la elección, el esquema no se sostiene frente a una inflación que, según las mediciones provinciales, supera 23%. Las variables en algún momento se equilibran .
Pero entre tanto, y en la práctica, la economía parece encaminarse a un doble mercado cambiario.
El problema de los mercados dobles es que con el paso del tiempo las decisiones económicas se toman en función del dólar más alto y no el más bajo . Ayer los bancos vendían a $ 4,275 y el paralelo estaba en $ 4,65/4,70.
El mensaje oficial en estos días parece decir que a este precio no hay dólares para todo y el acento se pondría en limitar las compras .
Como toda medida, ésta tiene un costo y uno caro , además de la incertidumbre , que se estaría pagando con los depósitos en dólares.
En el último año los depósitos en dólares en los bancos crecieron en US$ 3.000 millones. Un dato alentador y que, además, al tratarse de dinero que los bancos no prestaban, engrosaba las reservas del Banco Central .
Así el Central, curiosamente, se veía beneficiado como consecuencia de la salida de divisas que se transformaba en depósitos.
Esta semana comenzó un goteo de esos depósitos, con destino, se supone, a cajas de seguridad. La incertidumbre siempre genera decisiones precautorias que terminan afectando la actividad económica .
El contexto financiero se va adecuando a una nueva realidad.
Los depósitos mayoristas en pesos subieron 6% en tres semanas mientras los minoristas se mantuvieron estancados .
El motivo: a unos le pagan una tasa superior al 21% y a los otros, recién esta semana, les ofrecen hasta 16% . Con tasas más altas hay muchos dispuestos a no pensar en el dólar.
Mientras tanto, la economía parece debatirse sobre si primero hay que bajar la inflación para después mover el dólar, o mover el dólar para desalentar las compras, sin pensar en los costos inflacionarios de corto plazo. El Gobierno ya dijo que no hay que esperar saltos bruscos del dólar. Una certeza parece haber.

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