La cifra se reduce a un 25% en el microcentro pero se acentúa en los barrios periféricos. Antibióticos y analgésicos son los fármacos que se venden con mayor regularidad sin consulta previa al médico
Se trata de una conducta riesgosa, habitual y doméstica. A veces por recomendación o por una experiencia previa, quien sufre algún tipo de dolencia decide recurrir a la farmacia y no a un médico.
Esta problemática de orden mundial afecta a una importante cantidad de marplatenses. En la ciudad, según indicaron desde el Colegio de Farmacéuticos, un alto porcentaje de los medicamentos que se venden a diario, son adquiridos sin receta.
En el microcentro, la cifra roza el 25% y la mayoría de los pacientes llega al mostrador con una prescripción médica. Pero en los barrios periféricos, el número de personas que va a la farmacia sin receta para adquirir un medicamento, supera a diario el 50%.
Los farmacéuticos lo reconocen: “La gente cada vez se automedica más”. ¿Las causas? “Un fenómeno cultural alimentado por la publicidad”, aseguran los profesionales del sector, aunque también advierten que “las demoras para acceder a un turno médico” constituyen un agravante de esta conducta que acarrea serios riesgos para el organismo.
En diálogo con El Atlántico, miembros de la Comisión Directiva del Colegio de Farmacéuticos de Mar del Plata brindaron detalles acerca de este fenómeno y compararon cómo se presenta la problemática en los barrios y en el centro de la ciudad.
“Tenemos poca atención primaria de rápido movimiento y la gente se distribuye mal, porque muchos no saben que las salas de primeros auxilios están para cosas rápidas. Entonces muchos van al hospital, cuando allí en realidad se encargan de problemas más graves. Sacan un turno, que con suerte es para dentro de 15 días y para esa fecha, una angina se agrava o se cura”, introdujo Laura Rodríguez (Matrícula Nº 10.567), vicepresidenta del Colegio y titular de una farmacia del barrio Las Lilas.
En reiteradas oportunidades, las salas de primeros auxilios se encuentran “sobrepasadas” y entonces lamentablemente “resulta entendible que la gente recurra al primer medicamento que tenga, porque es lo más rápido y accesible”.
En este caso, según los farmacéuticos, muchos recurren a aquel fármaco que alguna vez tomaron y sin consultar, vuelven a consumirlo y, entonces, se automedican. Pero muchas veces, por falta de información o debido a la escasez de recursos económicos, los pacientes optan por comprar pastillas por unidad para contrarrestar alguna dolencia.
“En el centro es todo receta, con obra social. Fueron al médico y vienen con la receta. Eso pasa casi con el 75% de la gente”, explicó la presidenta del Colegio, María del Carmen Berdasco (Matrícula Nº 10.260).
Pero en los barrios, según relatan los farmacéuticos de distintas zonas periféricas, “la gente viene con el papelito con el nombre del medicamento anotado”. Y peor aún, “piden de a dos o tres pastillas porque no les alcanza para comprar la tira completa”.
A su vez, “en el barrio poco más del 50% de la gente viene a la farmacia sin receta; sin ir al médico vienen directamente a la farmacia. Es un número bastante alto. Durante algún tiempo la situación incluso fue peor. La cifra bajó un poco desde que hay más gente mutualizada”, analizaron los integrantes de la comisión directiva del Colegio.
Es por ello que resulta clave el rol del farmacéutico para indagar sobre los síntomas del paciente y evitar que ingiera un medicamento inapropiado.
“El profesional cumple una función muy importante detrás del mostrador. Viene a ser muchas veces la primera pieza de la atención primaria y en ocasiones el primer contacto con el paciente. El farmacéutico aclara muchas dudas y resuelve problemas”, añadió Berdasco.
Constantemente se registran casos de personas internadas por “intoxicación medicamentosa”. “Más de un gramo de paracetamol, por ejemplo, que es un analgésico muy común, puede producir una hepatoxicidad”, indicó la titular del Colegio de Farmacéuticos.
COMPRA DE MEDICAMENTOS
A la hora de adquirir medicamentos, existen básicamente cuatro maneras de hacerlo en las casi 200 farmacias de Mar del Plata.
En primer lugar, la denominada “venta libre”: teóricamente es el medicamento que se ve en la televisión, pero eso no implica que se va a poder comprar en cualquier lado.
Luego está la venta de medicamentos que no se publicitan pero se venden en las farmacias, como los antibióticos, analgésicos y productos para el reuma, entre otros.
En tercer lugar, el “medicamento recetado”: aquel fármaco que se puede comprar sin receta, pero que está recetado por el médico.
Y finalmente aquellos medicamentos que únicamente pueden ser adquiridos en las farmacias con previa prescripción médica.
EFECTOS DE LA PUBLICIDAD
Desde el Colegio de Farmacéuticos alertaron que “cada vez se incluyen más medicamentos dentro de la venta libre”, fundamentalmente por “una cuestión de marketing” y porque “el laboratorio gana más dinero porque saca una publicidad”.
De esta manera, de muchas cajas de medicamentos que se vendían una o dos en el día, a partir de una publicidad pasan a venderse seis o siete a diario porque la gente busca ese fármaco.
“La publicidad muestra que quien toma esa pastillita se mejora y puede seguir su vida normalmente”, analizaron desde el Colegio y luego indicaron: “Entonces la gente recurre a eso, pero quizás el paciente no necesita precisamente ese medicamento”.
Es por ello que la publicidad, de acuerdo con los especialistas, es un factor clave que promueve y alimenta la automedicación, que por cierto no repara en la existencia de personas alérgicas a determinados medicamentos.
¿Cómo se trabaja contra este fenómeno publicitario?, indagó este medio. “Educando. Pero la educación está en todos lados. En el mostrador de la farmacia hay que educar, al igual que a través de los medios”, respondieron al tiempo que destacaron la necesidad de que exista “una regulación más exhaustiva de lo que se publicita”, debido a que a lo largo de la última década en nuestro país “creció notablemente la publicidad de medicamentos” y ha quedado demostrado que esto infirió en la conducta social.
ANTIBIÓTICOS BAJO RECETA
Colegios de Farmacéuticos de distintos puntos del país trabajan hace tiempo para lograr que los antibióticos se vendan sólo bajo receta, debido a que se trata de uno de los productos más consumidos en el marco del fenómeno de la automedicación.
El próximo 17 de noviembre en la localidad de San Nicolás se desarrollará un encuentro nacional de farmacéuticos en el que la venta de antibióticos y el uso racional de los mismos serán los principales ejes de debate.
“El farmacéutico tiene que preguntar. Cuando viene una persona a pedir, por ejemplo, amoxicilina, el profesional tiene que indagar qué síntomas tiene y por qué busca tomar eso, para cuidar a la persona”, remarcó Rosana Veñer (Matrícula Nº 11.396), tesorera del Colegio y titular de una farmacia del barrio Villa Primera.
En el caso de los antibióticos, según precisó, “cada vez son más fuertes y ahora se usan hasta combinados”, debido a que “el cuerpo se volvió más resistente con el paso de los años”.
Sin embargo, la presión de algunos laboratorios y la “sugerencia” médica serían los principales obstáculos para lograr que los antibióticos se comercialicen en las farmacias únicamente bajo prescripción médica.
Mientras tanto, el fenómeno prácticamente naturalizado de la automedicación convive a diario en el mostrador de las farmacias de Mar del Plata y por ende, en la mesa de cientos de familias de la ciudad que, por desinformación, demoras en la atención médica o falta de recursos, resultan víctimas de una riesgosa conducta doméstica y cotidiana que pasa prácticamente desapercibida.
Una conducta riesgosa
La automedicación conlleva serios riesgos para salud. Por esencia, todo medicamento es algo externo al cuerpo humano y al consumirlo, “siempre el organismo se está intoxicando”. “Pero si el fármaco que se ingiere no es el que organismo necesita, esta conducta se torna aún más peligrosa”, indicó Iván Villegas (Matrícula Nº 14.890), vocal del Colegio de Farmacéuticos y titular de una farmacia ubicada en la zona del barrio Sarmiento.
Automedicarse puede provocar reacciones alérgicas, intoxicaciones, gastritis, infecciones crónicas y en algunos casos hasta la muerte.
Un antibiótico mal tomado, por ejemplo, genera resistencia en el organismo y las consecuencias se tornan progresivamente dañinas para su funcionamiento.
Cada medicamento y cada principio activo que lo compone trae consigo reacciones adversas que van desde un enrojecimiento cutáneo hasta problemas mayores, como un paro respiratorio.
Los medicamentos más utilizados para la automedicación son analgésicos, antibióticos, tranquilizantes y descongestionantes nasales. Sin embargo, cada fármaco guarda sus propios riesgos.
Analgésicos
Estos medicamentos antiinflamatorios no esteroideos consumidos irresponsablemente pueden provocar hemorragia digestiva por ácido acetilsalicílico, insuficiencia renal, enfermedad hepática por abuso del paracetamol y síndrome de Reye por abuso del ácido acetilsalicílico (afecta el hígado y el cerebro).
Antibióticos
En este caso el problema es doble, ya que se da la automedicación y la suspensión precipitada del tratamiento, lo que genera una resistencia por parte de las bacterias a los tratamientos.
Antiácidos
La mayoría contiene hidróxido de aluminio, solo o combinado con hidróxido de magnesio, lo que produce alteraciones en el uso del fósforo en el organismo, provocando deficiencias en la estructura ósea. También se relaciona con la aparición de Alzheimer. Los que contienen carbonato de calcio ocasionan daños renales que pueden resultar irreversibles.
Descongestionantes
Contienen ingredientes que actúan sobre el sistema nervioso central y pueden ocasionar taquicardia, convulsiones, alteración de la conciencia e incluso la muerte cuando se supera la dosis aconsejada, principalmente en los niños.
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