No fue al médico en un año el 23% de los menores en el país

No fue al médico en un año el 23% de los menores en el país
El dato del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia 2012 refiere a los últimos 12 meses. Surge de encuestas realizadas en hogares de grandes núcleos urbanos del país. Llama la atención, ya que la Asignación Universal por Hijo exige el control.

El 23% de los niños y adolescentes que viven en zonas urbanas del país no ha ido a un médico en el último año para realizarse controles. Este es uno de los datos que revela el informe del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia 2012, que se presentó ayer en la Legislatura. El porcentaje crece a medida que baja el nivel socioeconómico de las familias.

El estudio fue elaborado por la Universidad Católica Argentina, en conjunto con las fundaciones Arcor, Holcim y Telefónica. Se basa en encuestas realizadas en hogares de grandes conglomerados urbanos -2.400 hogares y 4.500 casos- y analiza la evolución de un conjunto de indicadores, que se relacionan con derechos de los niños y adolescentes.

Sobre la dimensión salud y hábitat, se encontró que 23,1% de los pequeños entre 3 y 17 años no ha ido a una consulta con un médico en los últimos 12 meses. En el Gran Mendoza, esta cifra se eleva a 23,9%. Y en cuanto al control por parte de un odontólogo, 45,3% de los chicos del país no ha asistido (45,5% en el Gran Mendoza).

Sin embargo, existen diferencias de acuerdo al estrato social de las familias. En 25% de menores recursos hay un 29,3% de niños y adolescentes cuyos padres no han llevado al doctor, mientras en el 25% más alto el número cae a 16,3%. La variación es mucho mayor cuando se considera la consulta odontológica: 62,9% de los chicos de nivel socioeconómico bajo no han ido en el último año, versus 26,4% de los de mayores ingresos.

Posibles explicaciones

Si puede resultar preocupante que casi uno de cada cuatro niños en el país no haya ido al médico durante un año, es difícil comprender este valor cuando para cobrar la Asignación Universal por Hijo es necesario certificar que el niño ha asistido a la escuela y ha recibido controles médicos. Profesionales que trabajan en centros de salud de la provincia comentaron que tal vez esta cifra se pueda explicar porque algunas mamás dejan la libreta y la pasan a buscar con la firma.

Esto ocurre porque es común que las familias aguarden a último momento para cumplir con el requisito, lo que genera que no se pueda responder a la demanda de atención en los centros de salud. Entonces, para que no pierdan el beneficio, los profesionales optan por completar la libreta con el compromiso de que acudan a una consulta más adelante, algo que finalmente no ocurre.

Sin embargo, algunos que también atienden en consultorios particulares, señalaron que curiosamente la situación no es muy distinta en los niveles socio-económicos más altos. En estos casos, suelen llevar al pequeño a médicos muy renombrados durante los primeros años de vida y cuando crecen olvidan la importancia del control periódico.

La frecuencia ideal

El pediatra Daniel Sánchez indicó que la periodicidad de los controles varía según la edad del niño. En su primer año, las consultas son a los 7, 15 y 30 días y a partir de entonces una vez por mes. Del año a los dos, lo ideal es que un médico los controle trimestralmente. Y a partir de los dos años y hasta que ingresan a la escuela, cada seis meses. Luego, lo recomendable es que vayan al doctor una vez al año.

En estas consultas, detalló, el profesional, no sólo verifica las medidas antropométricas del niño (peso, talla y perímetro cefálico), sino que también evalúa su desarrollo, es decir la adquisición de pautas cognitivas, psicológicas y sociales. Pero además, se pueden abordar algunas tendencias que pueden provocar patologías cuando sean adultos. En este sentido, consideró que la labor de los pediatras es estratégica.

Sánchez subrayó que el grupo que más desafío presenta es el de los adolescentes, que no suelen acudir a un médico a menos que estén enfermos. Y que se debe aprovechar esa ocasión para pedirle análisis y un electrocardiograma, de manera de generar hábitos de control periódico, ya que de lo contrario recién vuelven a un consultorio pasados los 40. Esta oportunidad también puede ser propicia para hablar sobre educación sexual.

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