Por: Francisco Olivera.Juan Carlos Lascurain, líder de los empresarios anfitriones, se acercó entre sofocones: "Presidenta, póngase el pin de nuestra cámara", invitó. Cristina Kirchner hizo malabarismos con el prendedor en su solapa. "Uy, pará, ponelo vos -le dijo a un asistente-, porque me voy a romper una uña y se acabó lo que se daba."
Fue el final de una larga jornada con la que seguramente debe soñar cualquier hombre de gobierno: pródiga en elogios de todos lados, ayuna en cuestionamientos. Y lejos de la mayor parte de los periodistas: la Casa Rosada había pedido expresamente para la prensa una especie de corralito, en el fondo. Pero los tumultos suelen traer pequeños desajustes, y La Nacion quedó entonces como testigo privilegiado de la despedida ayer, en el cierre del seminario de Adimra, uno de los sectores que se sienten más identificados con las políticas del Gobierno.
Cristina había llegado en medio de una ovación, con todos aplaudiendo de pie. Lascurain la aprobó ya desde el discurso: después de enumerar lo que definió como logros de la administración, agregó: "Por eso hemos expresado apoyo a su gobierno y al modelo que encarna". Una vez en el atril, la Presidenta instó a los empresarios a aportar tecnología. "No fue casual, ni un divertimento, lo de Tecnópolis", dijo, y dedicó parte de su discurso a cuestionar la política de los 90. Lascurain había hecho lo mismo.
En realidad, esa década estuvo presente como pocas veces. Matías Kulfas, director del Banco Nación, e Iván Heyn, director por el Estado en Aluar, habían estructurado sus exposiciones casi como si debatieran con alguien imaginario. Heyn se refería de vez en cuando a "algunos economistas". Kulfas parecía contestar en todo momento a "economistas ortodoxos" y definió los 90 como "la eutanasia manufacturera". A Heyn no lo atenuaron los cortes de gas a empresas: elogió el actual "plan energético a 20 años y de transporte", en contraposición con "la política energética de los 90", a la que juzgó diseñada "para un país que se achicaba".
En el cierre, la Presidenta pareció convocar a saldar las antinomias con el campo con una alusión a la agroindustria como desafío del futuro. La llamó "ruralidad industrial". Y, antes de irse, cuando se abrazaba con Heraldo Mansilla, intendente de Las Parejas, insistió: "Para mí, Las Parejas es un símbolo. Acuérdense que es clave: ruralidad industrial".




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