El rechazo a nacionalizar YPF dejó a Macri -ya golpeado por el papelón con el subte, el aumento del ABL y la ausencia de medio gabinete durante el temporal- con 20 puntos menos de aceptación y menos aliados a nivel nacional. A esto se suma la parálisis del bloque macrista en la Legislatura.
De acuerdo con un sondeo de la consultora Ibarómetro, a fines de marzo el jefe de Gobierno había caído en la consideración de su propia clientela nada menos que 12 puntos. De 51 por ciento a fines de diciembre de 2011 a 39 en abril de 2012.
Peor aún: las luces de alarma circulan ya con la misma velocidad del tornado que encontró a la plana mayor del gobierno porteño de vacaciones en Semana Santa. En la cena anual del Centro de Implementación de Políticas Públicas (Cippec), una ONG que ha ganado prestigio en la última década, el comentario obligado in voce fue el resultado de otra encuesta -atribuida allí al consultor macrista Jaime Durán Barba y por tanto de consumo interno- que mostraba una caída de imagen mayor. Cercana a los 20 puntos.
Específicamente, los sondeos salieron a medir la estrategia de Macri de instalarse como único "challenger" de Cristina. The one and only. Lo fue cuando resolvió rechazar el traspaso del subte dos veces (la primera, después de haber aumentado el pasaje 125 por ciento y tras un convenio firmado con la Nación; la segunda, cuando desconoció el valor de una ley nacional emanada del Parlamento que lo obliga a hacerse cargo de los subterráneos, el tranvía de Puerto Madero y 33 líneas de colectivos locales). Y lo fue también al rechazar alocadamente la expropiación del 51 por ciento de la acciones de la empresa Repsol para que el Estado pase a controlar sus propios recursos hidrocarburíferos.
Como se recordará, en apenas 48 horas Macri tuvo dos posiciones. La primera fue salir al toro. Y fue en contra de la recomendación de Durán Barba, quien aconseja no enfrentar directamente a Cristina, pero a favor de la opinión del nuevo influyente en el Palacio, el "emprendedor serial" Andy Freire, quien además hace las veces de coaching y obliga al ingeniero, en extenuantes sesiones de entrenamiento verbal, a hablar con una birome atravesada en la boca "para sacarte la papa con la que hablás". En esa ocasión Macri rechazó con un dramatismo ampuloso y estudiado la medida del gobierno nacional, y auguró: "Vamos a estar peor". La segunda aparición fue para explicar que, aunque no estaba de acuerdo, no iba a hacer nada en contra de la decisión cuando asuma, supuestamente, la presidencia en 2015. ¿Qué ocurrió entre una y otra presentación ante las cámaras? Es razonable pensar que fue la cruda realidad la que puso un límite. Las primeras mediciones de las consultoras independientes decían que un porcentaje cercano al 75 de la población estaba de acuerdo con la expropiación. Para más datos, la encuesta mensual sobre intención de voto a presidente, que con esa frecuencia mide la consultora Equis, de Artemio López, decía que a Cristina la votaría hoy el 58 por ciento de los argentinos, mientras que a Macri sólo el 13 por ciento. Ups.
Todo lo cual, digamos, agitó la interna PRO. ¿Cómo salir del asunto y recuperar terreno? Allí está, por ejemplo, el armador presidencial Emilio Monzó, quien ve cómo, con estas intervenciones desacertadas del jefe porteño, se le escurren entre las manos los acercamientos pacientemente tejidos con radicales y peronistas disidentes del interior del país, los mismos que podrían, vía alianzas locales, alquilar un tinglado nacional para expandir y sostener al PRO en una eventual cruzada 2015. Además, y como si se tratara de una bomba de fragmentación, el sistemático enfrentamiento con el gobierno nacional como estrategia electoral comenzó a dividir las aguas puertas adentro. Están, por un lado, los que como Monzó, Ritondo, Santilli y hasta Durán Barba creen que hay temas en los que es necesario mostrar capacidad para enfrentar los desafíos impuestos (por ejemplo, hacerse cargo de los subterráneos, buscar una forma original para resolver el trance y demostrar así capacidad de mando y gobierno) y los que insisten en mostrar obras y realizaciones en la ciudad como medida de todas las cosas. Los primeros cuestionan a los segundos por su visión de "partido vecinal", imagen y vocación de la que al parecer no se pueden desprender. En ese grupo vale ubicar a la vicejefa María Eugenia Vidal, el ministro Marcos Peña y el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta.
Se podría afirmar que Macri no aprende. No fue bueno para él, ya en 2009, que reclamara la reprivatización de Aerolíneas y las AFJP tras la nacionalización que encaró el gobierno K, medidas que tuvieron un claro apoyo popular. Y tal vez haya sido bueno haber dado el OK ahora -mientras viaja por Armenia y Alemania hasta el 30 de abril- para volver a la carga con el megaproyecto de la construcción del Puerto Madero IIo Santa María de los Solares, como quiera llamarse ese barrio no nato, pero que sigue en carpeta de la empresa IRSA. El proyecto, que involucra una inversión de nueve mil millones de pesos y la compra de los terrenos en Costanera Sur donde agoniza en un yuyal la ex Ciudad Deportiva de Boca, perdió estado parlamentario. Nunca se pudo aprobar debido a los reparos de los diputados de la oposición en la Legislatura. Ahora, el bloque macrista se apresta a desempolvar la iniciativa.
En la creencia de que la obra dará un nuevo impulso al gobierno local y también una bocanada de aire fresco (mostrando una realización capaz de bañar en luz a un candidato presidencial), Vidal se cargaría el tema a sus espaldas para garantizar llevar la nave a buen puerto. Del lado de IRSA-que ya habría aceptado la condición de urbanizar por completo la Villa Rodrigo Bueno, lindera al emprendimiento, cuando hasta diciembre pasado esa villa era candidata a desaparecer bajo las aguas del Río de la Plata y convertirse en amarras de navegación- el entusiasmo crece. Al menos eso demuestra su lobbista en la Legislatura: Augusto Rodríguez Larreta, hermano del jefe de Gabinete y colaborador estrecho de Eduardo Elztain... number one de IRSA.






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