El matrimonio igualitario tuvo 3 votos de Santa Cruz y uno solo de Chubut

Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en avalar el matrimonio entre personas del mismo sexo. El Senado aprobó la ley ayer a la madrugada, luego de 14 horas de arduo debate. Tuvo 33 votos favorables, entre ellos los de los santacruceños Nicolás Fernández y Jorge Banicevich, del Frente para la Victoria, y Alfredo Martínez, de la UCR. En tanto, los legisladores de Chubut tuvieron posturas disidentes: Marcelo Guinle (PJ) apoyó la iniciativa, Graciela Di Perna (PJ) se abstuvo y Mario Cimadevilla (UCR) votó en contra.
Marcelo Guinle fue el único de los tres senadores chubutenses que votó a favor del matrimonio igualitario, que le permitirá a las parejas del mismo sexo casarse y adoptar hijos. Durante su alocución, el dirigente de Comodoro dijo que “es la dignidad lo que nos hace a todos los hombres iguales ante la ley. No hay categoría distintas de personas. Son nuestros hermanos. Algunos pastores se han olvidado que lo que denominan ‘estas personas’ en realidad son ‘nuestros hermanos’. En la Constitución ni en los tratados hay ninguna razón jurídica que prohíba avanzar al matrimonio igualitario”.

En consecuencia, opinó que “pienso que estamos haciendo lo que hay que hacer, es decir, otorgar más derechos”. Por ello, cuando escucho argumentos basados en la existencia de mayorías −no sé cómo las miden−, y en que las mayorías definen la aprobación de una iniciativa, me pregunto de qué estamos hablando. ¿De derechos humanos? ¿Una mayoría circunstancial puede definir derechos humanos?”.

El senador planteó dos cuestiones ligadas al tema, como la dignidad de las personas y el trato igualitario, considerando además que “el matrimonio igualitario no va a alterar las creencias religiosas de nadie. Tampoco obligará a reconocer a la Iglesia o a los credos un contrato que corresponde a una institución civil para un Estado laico. Tampoco en esta concepción economicista sobre la que también se trae esta polémica del matrimonio entre personas del mismo sexo hay beneficios y costos”.

“En realidad, no hay costo porque no hay perjuicios a terceros. Nadie se puede sentir agraviado porque no hay agravio en tanto y en cuanto cada uno abandone sus prejuicios, que antepone a la posibilidad de valorar una norma de este tipo”, acotó.

A la hora de cerrar su exposición, Guinle consideró que esta sociedad, a partir del debate y de esta puesta en agenda, “mañana va a ser mejor que hoy. Va a ser una sociedad más justa, más igualitaria, con más tendencia a escuchar a todos, a compartir, menos tendiente a escuchar agravios u ofensas que se describen de un lado o del otro. No es bueno sobreactuar porque esto no pasa ni por una cuestión religiosa ni por una cuestión de partido político. Nos excede largamente”.

“SE HAN CONFUNDIDO CONCEPTOS”

En tanto, el radical chubutense Mario Cimadevilla fue uno de los legisladores que votó en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo. De acuerdo a la versión taquigráfica que menciona su intervención, sostuvo que “como radical y hombre perteneciente a un partido que tiene toda una trayectoria en la defensa de derechos, de garantías y de no discriminación, no quisiera discriminar ni violentar ningún derecho. Hoy, los hombres del radicalismo vamos a votar divididos”.

“Como este tema no está en nuestra plataforma partidaria ni ha sido, al menos en muchos casos, ningún compromiso electoral, traté de buscar el fundamento de mi voto en lo que es nuestro credo, en nuestra profesión de fe doctrinaria”, apuntó.

A su criterio, “este debate, que es un tema que debería unirnos y no diferenciarnos, se da en un clima político que no puedo dejar de analizar, donde la propia Presidenta de la República y su marido también utilizan este asunto para crispar y dividir a la sociedad. Pareciera ser que si uno comparte su criterio está bien y los que estamos del otro lado somos unos demonios”.

“Desde mi modesto entender, se han confundido conceptos con instituciones; se han mezclado cuestiones sentimentales. A mis padres los hubiese querido de la misma manera que los quise, así no hubiese nacido dentro de un matrimonio constituido civilmente. Si alguno de mis hermanos hubiese sido homosexual, lo hubiese querido exactamente igual. Se ha mezclado a Dios, se han mezclado los sentimientos”, apuntó.

Luego, comparó el tema de debate con “un sinnúmero de leyes que se han dictado en función de la diversidad de sexo y que a ninguno de nosotros se le ocurriría derogar. Por ejemplo, los permisos por lactancia, las licencias por enfermedad, la violación únicamente la puede cometer un hombre, los régimenes jubilatorios con distintas edades. No creo que aquí estemos discriminando porque algunos, en estos temas, van a hablar de discriminación. Yo tengo otro concepto de discriminación. Creo que la peor discriminación en la que podemos caer es en la soberbia de creer que tenemos la más absoluta de las verdades”.

Finalmente, sostuvo que no compartía el proyecto “por como está reglamentado; no es que no lo comparta por el tema que aborda, que es el de establecer un régimen que contemple este tipo de situaciones, ya que a ese respecto estamos de acuerdo y aquí nadie lo ha negado”.

“NO HACER DAÑO”

Casi sobre el final de la sesión, cuando empezaba a definirse el debate, Graciela Di Perna fue breve en su comentario. “Quiero pedir autorización para abstenerme en esta votación, fundamentalmente, por dos razones”. Al enumerarlas, citó: “la primera es porque me preocupa enormemente lo que considero una trampa en la cual ha caído este Senado y la sociedad argentina toda como resultado de esa postura extrema entre diferentes sectores políticos y la Iglesia, que lleva a esta votación a un todo o nada, a un blanco o negro”.

La segunda razón -dijo- es “porque me siento rama del mismo tronco de una generación de mujeres argentinas que vivimos nuestra adolescencia y nuestra juventud en la segunda mitad del Siglo XX; que pudimos ir a la universidad gracias al esfuerzo de nuestra familia y del pueblo argentino que consiguió que en nuestro país fuera gratuita”.

Acotó también, “yo estudié medicina, y una de las primeras cosas que aprendí es que, ante un problema complejo, lo primero que debe hacerse es tratar de no hacer daño. Considero que la situación de división en la sociedad argentina, tal cual se ha planteado, necesariamente, va a generar un daño, un abismo en distintos sectores de la sociedad. El hecho de votar por una u otra de las opciones que se presentan va a significar, desde mi punto de vista, una mala praxis, ya que no se cuenta con todos los elementos necesarios desde lo jurídico para que este proyecto sea realmente superador para nuestra sociedad”.

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