Diversos sectores plantean el debate, aunque parecen lejanos para el oficialismo los necesarios dos tercios parlamentarios.
Por debajo suyo, estas últimas semanas hubo otros dirigentes del oficialismo que aludieron a reformar la Carta Magna. Algunos de ellos, sin reparos, se pronunciaron a favor de habilitar la re-reelección presidencial, hoy no contemplada.
Otros hablaron de una serie de reformas, eludiendo mencionar la reelección indefinida. Públicamente, la Presidenta Cristina Fernández no ha dicho nada aún. "Denle para adelante", sin embargo, dicen los reformistas que es el mensaje emitido desde la Casa Rosada.
"A nosotros, (Ricardo) Zanini y Máximo (Kirchner) nos dijeron ?denle para adelante'. También me consta que la inquietud le fue planteada a Cristina por otros compañeros y no se opuso, al menos, a que planteemos la discusión", confió a este diario un dirigente.
El hermetismo presidencial impide comprobar la veracidad de ese visto bueno. Este dirigente, aclaró, impulsa una reforma que no hace eje en la reelección sin límites.
"Otros, que podríamos llamarlos ?ultra K', apuntan sólo a la reelección; si Cristina dice 4, ellos dicen 8", admitió blanqueando tensiones internas. Su referencia fue hacia los diputados nacionales Edgardo Depetri y Diana Conti.
Estos dos diputados vienen fogoneando la re-reelección desde el año pasado. Agustín Rossi, su jefe de bancada y voz más autorizada, negó días atrás "tener en mi escritorio" algún proyecto de reforma. Pero no trató de alucinados a quienes la proponen?
Ricardo Foster, el intelectual más público de Carta Abierta, se enrola entre los reformistas que -sea por táctica o por convicción- pretende apartar del debate la habilitación de mandatos presidenciales ilimitados: "Sería equivocado pensar y discutir si la Argentina necesita una reforma constitucional sólo y únicamente para habilitar una reelección".
Hebe de Bonafini dijo creer "que hay mucha gente en el kirchnerismo muy interesante para que sea presidente de este país, no creo que tenga que seguir Cristina". Dentro del kirchnerismo, sin embargo, aseguran que Bonafini "no tiene influencia sobre la Presidenta".
El ministro de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni, también se ha referido al tema aunque sin entrar en roces políticos. "Necesitamos abrir un debate sobre el perfeccionamiento de nuestro sistema institucional", dijo en varias oportunidades. No es poco si se considera que sus pares en la Corte se pronunciaron de manera rotunda y contraria a una reforma.
La central sindical CTA (virtualmente integrada al kirchnerismo después de que su titular Hugo Yasky compartiera el escenario en al acto de Vélez), Luis D'Elía y el Frente Grande organizaron una charla en la Facultad de Derecho de la UBA para debatir una reforma.
Principalmente, allí se discutió la necesidad de pasar del presidencialismo al parlamentarismo (incorporando la figura del primer ministro, como tienen varios países europeos) y la protección de los recursos naturales. Este último punto es el que viene fogoneando Domínguez.
Yasky, D'Elía y el Frente Grande no integran el entorno presidencial y son absolutos extraños dentro del PJ. Es decir, su peso es más que relativo.
El abogado Eduardo Barcesat, que participó de la charla en la UBA, sostuvo que la agenda de una reforma debe prescindir de "roscas políticas y caudillos".
Se podrá compartir la posición, pero la ingenuidad política al respecto es enorme: en 1994, la última reforma se resolvió con un acuerdo de cúpulas partidarias que encorsetó la soberanía de la Asamblea Constituyente.
Ante una próxima e improbable reforma, es más posible que Cristina Fernández anude acuerdos con los gobernadores peronistas que con las agrupaciones kirchneristas. Por de pronto, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich aseguró que jamás le escuchó hablar a la Presidenta de una reforma. Capitanich, se sabe, tiene aspiraciones presidenciales.
Para convocar a una reforma se necesitan los dos tercios parlamentarios. Con YPF, el kirchnerismo los reunió. Pero los votos de la UCR y el FAP, imprescindibles para renacionalizar la petrolera, difícilmente se encolumnen detrás de una reelección indefinida.











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