Con frecuencia se escucha demandar "políticas de Estado", en la certeza de que perdurarán por encima de los vaivenes de partidos y gobiernos. Pero a pesar de las filípicas, la Argentina se muestra como un país curioso.
Esta vez, como nunca en este micro universo argentino que es San Martín de los Andes, se abre una posibilidad insospechada de fijar al menos una política de estado. Y puede que nos vaya la vida en ello...
En pliegues del municipio y a 430 kilómetros de aquí, en las oficinas de la Unidad Ejecutora de Financiamiento Externo de la provincia, existen copias de un informe, de momento reservado, que expone resultados de un relevamiento sobre las laderas del cerro Curruhuinca, la boscosa montaña que abraza la ciudad por el norte.
El trabajo fue encomendado a una consultora internacional, en el marco del federal Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba). Se aplica sobre un ramillete de barrios colgados de faldeos, para regularización dominial; construcción de núcleos húmedos, caminería, muros de contención... En síntesis, una gran cosa para tres millares de vecinos, que lleva ya más de un lustro en ejecución. Pero con los relevamientos se avivaron las dudas sobre la firmeza de las laderas y la incidencia de la creciente ocupación humana. Las que siguen son algunas de las conclusiones a las que tuvo acceso este diario.
1) La pendiente Sur del Cerro Curruhuinca se caracteriza por presentar condiciones morfométricas, petrológicas, sedimentológicas, estructurales y geomórficas que le confieren un muy elevado nivel de inestabilidad.
2) Entre los (peligros geológicos) de mayor importancia por su elevado potencial de riesgo, destacan el peligro de remoción en masa (avalancha de rocas, deslizamiento traslacional, volcamiento, flujos encauzados y caída de rocas); el peligro de inundación y el peligro sísmico, este último en relación con la propiedad que tiene como eficaz disparador de movimientos de remoción en masa.
3) (...) la vulnerabilidad de las estructuras urbanas en el polígono de intervención del Promeba es notablemente elevada, ya que más del 60 por ciento de las instalaciones presenta el máximo nivel de vulnerabilidad.
Asimismo, la precariedad de la infraestructura implica un incremento mayor sobre la vulnerabilidad de base.
4) Los referidos peligros se caracterizan por no tener una ocurrencia cíclica. Los disparadores están relacionados con acontecimientos plurianuales (precipitaciones extraordinarias en coincidencia con derretimiento rápido de nieve estacional) o promotores de índole endógena, como los movimientos sísmicos.
Hasta aquí, algunos de los puntos. La buena noticia es que hay avances hacia un plan de mitigación (cuya ejecución de mínima demandaría unos 12 millones de pesos). La mala noticia es que la mejor de todas las "mitigaciones", cual es relocalizar a las familias asentadas en los sitios de alto riesgo, es un imposible práctico si se asume que el 60 por ciento del área está bajo esa condición. Lo dicho: como nunca, los partidos políticos y la sociedad sanmartinense deberían acordar y luego vigilar las medidas de mitigación y su aplicación en el tiempo, con actualizaciones pero sin el más mínimo apartamiento del plan por las próximas décadas (un suspiro, para el reloj geológico).
Los consensos deberían incluir estudios sobre otros faldeos y la aplicación de restricciones si correspondieren, en las que no haya vista gorda a nuevos asentamientos irregulares. Se necesita política de estado.
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