"La voy a matar porque es mi esposa"

"La voy a matar porque es mi esposa"
La historia de Guadalupe se multiplica en la ciudad. Pero ella decidió hacer la denuncia y separarse. La amenaza la oyó, a través de la computadora, la mamá de la víctima. Hoy está acompañada pero pide mayor contención de parte del Estado.
Guadalupe se animó a decir, quiso terminar una relación donde la violencia comenzó a ser cotidiana, donde él hacía y decía y ella creía no tener más alternativas que obedecer. Decir basta desencadenó episodios de amenazas y golpes, denuncias por maltrato y denuncias penales. “Parecía que tenía que ser su esclava”, lo sintetizó ella.

El 23 de mayo ella se atrevió a realizar la primera denuncia. “Ese día me enteré que me estaba engañando con una chica. Se puso bravo. Me empezó a tirar lo que tenga en la mano. Después eso era todos los días: celular, control de televisor, siempre aparecía con marcas. Empezó ese día que yo le dije que me iba a separar. Salí corriendo porque me quiso agarrar de los pelos”, relató la joven. Fue hasta lo de una amiga y decidió hacer la denuncia, que derivó en la mediación de un juez: “Él dijo que se iba a portar bien, pero todo fue para atrás”, aseguró.

Una semana después, una noche que su sobrina se quedó a dormir con ellos, comenzaron las discusiones. “Él había entrado agresivo y le dije que iba a agarrar la nena y me venía para atrás donde vive mi mamá. Me agarró de los pelos, me tiró en la cama y me dijo: vos no te vas a mover de acá. Agarró un cuchillo Tramontina y me lo puso en el cuello. Durante toda la noche no dormí pensando que me iba a matar porque él me lo dijo: ‘yo te voy a terminar matando porque la culpa es tuya de sacarme así’”, recordó Guadalupe.

Las cosas no mejoraban. Las amenazas que Enrique le propinaba eran para ella, su mamá, sus sobrinos. Le tiró el somier encima, el velador, la computadora, le pegaba piñas en los brazos. “Siempre me callaba porque… una piensa que va a cambiar. Cuando una ama, piensa que va a cambiar esa persona”, se reprochó. “Él empezó a sentirse más liberado, a decir: yo mando acá”.

Cuando ella quedó embarazada nada cambió. “Me decía: ‘si vos te movés de acá, yo te agarro de los pelos y te revuelco por todos lados, aunque te desangres, no me importa’”.

Los primeros días de agosto su mamá viajó a República Dominicana para ir rumbo hasta Nueva York, donde iba a tratarse un cáncer de piel. Días después ella volvió a plantear la voluntad de separarse: “Yo estaba sola con él y cuidando a los abuelos (de un hogar contiguo). Capaz que tenía palpitaciones, cansancio, y capaz que yo no podía hacer la comida. Me tiraba con la botella, sea de vidrio o de plástico. Yo hablaba con mi mamá por Internet y me cortaba, me cortó con una tijera los cables del teléfono, me sacaba el celular”, explicó Guadalupe las situaciones cotidianas que vivía.

“Me agarraba la comida y la tiraba a los perros, o al patio de los vecinos. Y cosas psicológicas: te va diciendo que sos una mujer de la calle, la peor basura, mujer del diablo”, sumó la joven.

“Pero después me venía a hacer mimos, y me decía que yo lo peleaba. A todos les hacía creer esto”, señaló enseguida. El ciclo de la violencia, de agresión, supuesto arrepentimiento, luna de miel, y vuelta a las agresiones, queda en evidencia.

Volvió a hacer la denuncia a la Comisaría de la Mujer y el Tribunal de Familia Nº1, el 10 de agosto y decidió no dormir en su casa. Un día después volvió, acompañada de su hermano. Al salir por unos momentos, Enrique saltó el paredón y se metió en su vivienda. La sorprendió, la agarró del cuello y los reproches comenzaron: “Vos tenés la culpa de todo”, le decía a ella.

Guadalupe relató que le puso un cuchillo en el cuello. Forcejearon, quiso apuñalarla en la panza. “No sé de dónde saqué fuerzas, porque pensé que me desmayaba”, relató.

La llevó a la fuerza hasta la casa de atrás. Ella tenía la computadora prendida y estaba en conexión por Skype con su mamá. “La amenaza de que me iba a matar, por la cámara”, sostuvo Guadalupe. Marta, su madre, comentó que le dijo: “La voy a matar porque es mi esposa”. Ellos se habían casado en febrero. Ese mismo día, él la tiró un celular que le cortó el labio, y se fue en medio del festejo.

Actualmente, tiene una orden de restricción de acercamiento y denuncias presentadas por el intento de matarla, y por amenazas esgrimidas por Facebook.

“Empezó a decirme que iba a entrar, que iba a matar a mi hermano, que mi sobrino de 13 años no iba a llegar a los 17, que iba a quemarme la casa”, apuntó ella.

En el tribunal de familia le dijeron: “Estamos peleando con un fantasma, porque no tiene documentación, no tiene sellado el pasaporte de entrada a Argentina. A él le prohibieron por 5 años, por la parte de Ezeiza el ingreso”, recordó.

Se habían conocido por Internet en 2010. Ella lo ayudó para que venga a Argentina desde República Dominicana, pero fue rechazado dos veces. “Nunca supimos por qué”, comentó. La tercera lo logró, pero curiosamente, “se olvidaron de sellarle el pasaporte”.

Guadalupe asegura que al comienzo de la relación “era un amor”, trabaja en changas y la ayudaba. Con el tiempo, todo cambió. “Como que tenía que ser su esclava”, afirmó. Supo Guadalupe que Enrique tenía una denuncia previa por maltrato y amenazas de muerte a una joven que había sido su amante.

Hoy está siendo respaldada por la Dirección de la Mujer y la Comisaría del género. Incluso, se le aseguró un rondín de la policía día y noche por donde vive actualmente.

Sin embargo, Guadalupe y su mamá Marta piden mayor respaldo. “La orden de restricción no sirve para nada. Cuando se termina, él puede seguir viniendo”, comprendieron, aunque pueden renovar la restricción de acercamiento. “No sé si tenemos el respaldo que deberíamos tener. Cuando fui a la Comisaría de la Mujer, hablábamos con una chica, que tenía un bebé. Hizo un montón de denuncias, el tipo entró igual y le pegó. Le dieron importancia porque tenía golpes. Pareciera que tenés que llegar a eso”, señaló.

Enrique creía tener el control sobre Guadalupe. Con violencia física y psicológica, amenazas y control económico (él se quedaba con su plata), creía decidir sobre su vida. Pero ella tomó coraje, lo denunció, quiso separarse. Hoy él insiste con volver, con falsas promesas de amor. Sabe ella ahora que se trata de mentiras que prefiere evadir y avanzar con su vida alejada de la violencia.

DÓNDE ACERCARSE

En Mar del Plata existen asesoramientos, grupos de ayuda y centros de contención para asistir a las víctimas.

- Dirección de la Mujer: de lunes a viernes de 8 a 16 en Teodoro Bronzini 1147, casi Balcarce.

- Línea Malva (108): número de recepción de consultas telefónicas. Es anónimo y gratuito. Es atendida por profesionales capacitados que orientan, asesoran y articulan con los demás espacios de contención.

- Centro de Atención a la Mujer Maltratada (CAMM): lunes, miércoles y viernes de 14.30 a 17 en Larrea esquina Salta. 472-0524. Desde hace 20 años asiste a mujeres víctimas de violencia, tanto doméstica como familiar. Se conforman grupos de autoayuda y se brinda, también, asesoramiento jurídico.

- Comisaría de la Mujer: las 24 horas en Independencia 2447, 2º piso. Allí se radican las denuncias y posteriormente se da intervención a alguno de los centros o dependencias mencionadas o directamente a la Justicia, para que intervenga en el caso.

- Por emergencias, comunicarse al 911.

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