Me llamó la atención la Berger, que era alta, tenía un gamulán y la lana del abrigo estaba para afuera por los tiros», recordó el ex conscripto Carlos Celli al relatar cómo fueron sacados del sector de calabozos de la Base Almirante Zar los presos políticos que fueron víctimas en la Masacre de Trelew.
Cuando Celli, quien declaró ayer como testigo en el juicio, vio el momento en que las víctimas eran subidas a dos vehículos para ser llevadas a enfermería, no distinguió entre muertos y vivos. Tampoco pensó que María Antonia Berger, la mujer que dijo reconocer, era uno de los sobrevivientes que hasta ese momento eran más de tres.
El ex conscripto se despertó esa mañana de agosto del ’72 en la Base Zar y vio movimiento en el sector del edificio de guardia, y allí se dirigió inmediatamente. «Fui y estaban sacando los cuerpos, eran 18 ó 19 cadáveres», recordó.
«Había dos camionetas de la Base afuera, los sacaban agarrándolos de los brazos y de las piernas y los ponían arriba de las camionetas, apilados en la caja, uno encima del otro -siguió relatando el testigo- se notaban baleados, se juntaba la pierna de uno contra la cabeza del otro».
Fue en ese momento en que Celli reconoció a Berger, pero «también reconocí a otra chica que estaba de encargue, se le notaba que estaba embarazada», dijo el testigo, seguramente en referencia a Ana María Villarreal de Santucho.
Cuando los militares terminaron de apilar muertos y vivos, según el relato del testigo, les dijeron a los conscriptos curiosos: «se terminó el espectáculo». Y luego se dirigieron al sector de la enfermería con las dos camionetas cargadas en las cajas con las víctimas. «Recién después nos enteramos que había tres vivos», declaró Celli.
Un par de días después, el ex conscripto pudo ver el momento en que los féretros eran cargados a un avión de la Armada. Dijo que «estaba en la torre de control tomando mate con un suboficial cuando los vi, y nos llamó la atención que sacaran la puerta del avión, no sé si era por el olor o qué, pero el suboficial me dijo que era la primera vez que veía despegar un avión sin puerta».
«Lo que pasó es esto, y ustedes dicen esto», les indicaron a los soldados sus superiores luego de leerles un comunicado oficial que se había difundido luego de la masacre, según recordó el ex conscripto Celli.
En su declaración, señaló al subjefe de Base, Hipólito Colombo, como la persona que les bajó ese mensaje durante una reunión en lugar donde acostumbran comer. Celli entendió que el mensaje «se caía de maduro».
Aunque vivía en Trelew, el ex conscripto recordó que por esos días posteriores a la masacre, cada vez que salían de franco «teníamos que salir de civil, porque la gente nos insultaba y nos escupía».
Berger gritaba que por favor la mataran
Heraldo Torné cumplía con el servicio militar en la Base Zar de Trelew en agosto de 1972 mientras esperaba embarcarse a la Antártida, para lo que debía operarse de apéndice.
Por ese motivo era habitual que estuviera en la enfermería sometiéndose a algunos estudios. Fue en ese lugar donde pudo escuchar los gritos de María Antonia Berger, quien había resultado gravemente herida por los disparos de los marinos la madrugada del 22 de agosto.
«Me acuerdo de la chica rubia que gritaba por favor que la mataran», recordó Toné. Dijo que Berger «estaba bastante deteriorada, gritaba de tal forma que me dio impresión y me fui de la enfermería».
Por otra parte, Torné al igual que el resto de los ex conscriptos que declararon en el juicio y que tuvieron acceso al sector de los calabozos después de la masacre, ratificó que vio marcas de disparos en el pasillo y hacia el fondo, ninguno hacia afuera.
Todos esos testimonios contradicen la versión oficial de un disparo surgido desde el lado de los presos.
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