Para Blas Meza Evans, Martín Buzzi ya no es el Gobernador del fraude. Para Martín Buzzi, Cristina Fernández ya no quiere "hacer negocios" en y con Chubut. Todo se ha reacomodado, como fruto del ejercicio de la política o de la hipocresía. O de ambas cosas.
El aniversario del comicio del 20 de marzo corre desde ayer como un río en las redes sociales, donde los militantes peronistas discuten, debaten, ironizan y recuerdan, pero no celebran. "Es que no tendrían con quién", señalan los que observan la llegada de éste, que será un día de no festejo.
Es que uno de los ganadores, pírrico al fin y al cabo, fue Mario Das Neves. El problema es que el otro gran ganador, Martín Buzzi, no sólo hoy no parece conocerlo, sino que además los funcionarios de su Gobierno se refieren a "la herencia recibida", cuando hablan del Gobierno que -ayer nomás, como cantaba Nebbia- integraban con entusiasmo, fervor y una catarata de improperios hacia Eliceche, Yauhar, Cristina, Néstor y el Frente Para la Victoria.
Como el peronismo es -por decirlo según su propia definición- "un movimiento", el traidor de ayer puede ser el leal de hoy; y un simple giro basta para correr a la izquierda al que estaba en la derecha.
¿Qué se habrán dicho esta mañana -por citar dos casos- Blas Meza Evans y Javier Touriñán si acaso se cruzaron en los pasillos de Fontana 50?
¿Qué significará para ellos -y otros tantos- este aniversario del 20 de marzo? ¿Qué les habrá dicho el espejo mientras se peinaban, prolijos, para hacerse cargo de sus funciones?
Las preguntas son infinitas y las respuestas seguramente llegarán con argumentos quizás atendibles, seguramente racionales y difícilmente verdaderos.
Algo se quebró, se desconfiguró, en la política de Chubut como consecuencia de los actos posteriores de los protagonistas de aquel 20 de marzo de 2011.
Desde aquel día, todo es mentira. Hasta la verdad.




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