Martín Soria se desahogó ante los jueces

Martín Soria se desahogó ante los jueces
Dramático relato sobre la agonía de su padre y la "mirada oscura" de su madre. Dijo que en minutos pasaban "del amor al odio" y que ambos eran "posesivos".
No pasaron más de 10 minutos desde que Martín Soria se retiró con su familia del festejo de Año Nuevo hasta que un llamado a su casa anunció la tragedia. "¡Volvé ya para la chacra!", le dijo, pálida, su esposa Leila tras atender el teléfono. En esos 10 minutos pasó todo. Carlos Soria saludó y se fue a dormir y Susana Freydoz, quien recién empezaba a ordenar la cocina, salió tras sus pasos en silencio. Dejó en la sala a su hija y a su yerno para irrumpir de un portazo en la habitación, cruzar unos gritos con su esposo y dispararle al rostro cuando él acababa de tirarse en la cama.

Lo que sigue es una tragedia conocida, aunque ayer Martín Soria la revivió con un sentimiento que nunca antes se había permitido expresar públicamente. Lo hizo ante el público del juicio, pese a que se le había autorizado declarar a puertas cerradas.

Varias veces el llanto cortó su voz y lo obligó a interrumpir su relato ante el tribunal que está juzgando a su madre por el delito de homicidio calificado. La primera, al describir la escena que encontró en la habitación, "mi viejo desnudo, sangre en toda la cara, pobrecito, y yo le decía que aguante". La segunda, al relatar el esfuerzo de los médicos en el hospital de Roca, que durante casi media hora trataron de resucitarlo. "Llegó un momento que les dije basta; solamente faltaba que le saltaran con las rodillas al pecho pero igual no reaccionaba. Le dieron electricidad y nada... Y se fue, así se murió mi viejo".

La tercera vez el hijo mayor lloró por su madre: "Así como no me voy a olvidar nunca lo que vi en la habitación, tampoco me voy a olvidar de la mirada negra que tenía mi madre. Cuando la vi, mi hermana forcejeaba con ella en un bañito; María Emilia con todo su cuerpo sobre ella y ella acurrucada, como haciendo fuerza para zafarse. Le grite "¡Hija de puta, qué le hiciste a papá!" y levantó la mirada, que era como la de un perro cuando acaba de morder".

Según relató, poco después del hecho su cuñado Mariano le detalló el esfuerzo que les demandó, a él y a María Emilia, contener a la mujer. "Tu vieja me cagó a trompadas", le describió. También le explicó que las marcas que Freydoz presentaba en un brazo se las causaron en el baño. "La queríamos encerrar y en un momento le apretamos el brazo con la puerta... ¿podés creer que no gritó del dolor, que no hizo ni fuerza para sacarlo?", le contó el cuñado.

Numerosos ejemplos dio el intendente de Roca sobre el desgaste profundo de la relación del matrimonio y reveló que durante el último año y medio la "persecución" por parte de Freydoz había llevado a Soria a "buscar refugio" en sus hijos. "Hasta tres veces por semana venía a cenar a mi casa o a la de Carlitos. Sabía que delante nuestro ella paraba la agresión; aunque a veces parecía que lo hacían para buscar testigos de sus peleas", sostuvo.

Pese a que admitió la frecuencia e intensidad de las discusiones de la pareja, negó rotundamente la existencia de maltrato físico y formuló duras críticas a Sodero Nievas –sin nombrarlo– por las declaraciones públicas sobre ese aspecto que hizo el juez del STJ pocas horas después del crimen (ver aparte). Dijo que sus padres eran "dos tractores", "dos huracanes", que "se amaban profundamente o se odiaban profundamente" de un momento al otro. Describió a los dos como "posesivos" y afirmó que si bien Freydoz iniciaba muchas de las discusiones, su padre "era capaz de hacer enojar una piedra". Además, aseguró que ninguno de los dos hubiera aceptado separarse.

Con sutileza, el tribunal lo interrogó sobre si conocía alguna relación extramatrimonial de su padre. Dijo que no, y que en su larga carrera política a Soria "le inventaron romances de todo tipo, desde Elisa Carrió hasta 20 mujeres de Roca". "Si hubiera tenido conocimiento no se lo hubiera permitido, no se lo hubiera perdonado, por respeto a la mujer que crió a sus hijos", sostuvo.

Martín Soria no era ajeno a los comportamientos de su madre. Sabía que vigilaba al marido y que llamaba a los teléfonos que aparecían en su celular. Más de una vez, dijo, "despertó a algún funcionario de Buenos Aires a la una de la mañana".

En la cena de Año Nuevo no notó que Freydoz consumiera alcohol en demasía, aunque sí reconoció que en los últimos meses la mujer pareció haber aumentado el consumo. "Cuando mi viejo me dijo que ella estaba mezclando alcohol con Alplax, sinceramente no le creí", resumió.

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