San Martín: Gigante de Primera

El Verdinegro igualó sin goles ante Rosario Central y mantuvo su lugar. Por primera vez en su historia jugará nuevamente en la máxima categoría. Sufrimiento, llantos y desahogo en un partido infartante
Las palabras sobran, las imágenes hablan por sí solas. Grabinski lloraba como un niño. Sava, emocionado, no podía hablar. Rostros que marcaban el desahogo del sufrimiento vivido. San Martín selló su nombre y apellido entre los grandes. San Martín sigue en Primera. Conservó ese lugar por el que tanto luchó. No lo dejó subir a Central, que estaba repleto de “estrellas”. Con humildad y sacrificio tuvo su premio. En silencio y desde abajo superó las adversidades. El Verdinegro igualó sin goles ante el Canalla en el partido de vuelta de la promoción y mantuvo su lugar.

No jugó bien, pero eso a quien le importa si el Verdinegro sigue en la elite. San Martín jugó esta final a puro corazón. Dejando sus botines marcados en el césped. Con inteligencia y sobre todo madurez. En estas dos palabras se resume el logro. Central y Gimnasia, nunca se podrán olvidar de esta camiseta verdinegra. Seguirán siendo grandes, pero recordarán a San Martín. El equipo de Sava sentía los nervios. Le costaba comenzar a jugar por abajo. Ese miedo a no equivocarse siempre estaba latente. Pero el aliento del hincha lo hizo soltarse un poco. Dos tiros libres de Álvarez, casi se meten en el ángulo. Central estaba partido anímicamente y por eso le costaba imponerse. San Martín casi acierta con un cabezazo de Landa, que García evitó. Con ese ritmo y esa adrenalina se vivía la final. Loustau hizo la vista gorda ante una clara mano de Carrizo dentro del área. La gente y los jugadores de San Martín comenzaban a temer. Méndez pegaba y no le sacaban tarjeta. Y San Martín volvía a sufrir. Castillejos anticipó un centro de Medina y Ardente, de manera formidable, evitaba la caída. El Verdinegro sufría, porque no podía hacer un gol, que lo dejara tranquilo. García y Caprari no andaban finos, estaban tensionados. La solvencia de la defensa fue sin dudas el pilar del partido. Landa y Grabinski fueron una muralla. Ninguno jugaba, los dos metían y metían. Bustos fue un perro de caza, que ganó mucho en el medio.

Al comienzo del segundo tiempo, Alderete recibió la segunda amarilla y se fue expulsado. Situación, que parecía favorecer a San Martín. Pero la ansiedad y los nervios jugaban un papel fundamental. Mas hizo una de las suyas. Se mandó al ataque y su corajeada casi termina en gol. El tiempo pasaba y la incertidumbre se apoderaba del partido. Toledo casi le hace dar un infarto al hincha de San Martín, cuando entró al área y remató al palo. El Canalla intentó con pelotazos. Más tarde, Ardente volvió a tapar dos cabezazos de gol, uno a Castillejos y otro a Toledo. Central estaba jugado y dejaba espacios, que San Martín no aprovechaba. En una contra Penco entró al área y su disparo fue retenido por García. Cada centro de Rosario era un sufrimiento, un tiro al corazón. Pitó Loustau y se acabó la pesadilla. San Martín se convirtió en un gigante de Primera.

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