Fernando GonzalezComo sucedió la semana pasada con la eliminación de los subsidios, el anuncio del Gobierno prometiendo la cancelación de los vuelos internacionales deficitarios de Aerolíneas Argentinas y el final de los privilegios históricos para algunos gremios aeronáuticos será un paso adelante siempre que se concrete.
Los malos funcionarios; los malos empresarios y los malos sindicalistas han convertido a nuestra aerolínea de bandera en el mejor ejemplo de que la ineficiencia no tiene ideología. Al final de cada una de las últimas décadas, nos hemos encontrado con que la compañía aérea antes admirada debía 1.000 millones de dólares por desmanejo gerencial, a cargo del Estado, Iberia o Marsans.
La Argentina no está en condiciones de regalar 3.000 millones de pesos al año financiando una línea aérea deficitaria. Si es cierto, como parece, que la Presidenta ha decidido sincerar los puntos débiles de nuestra economía en Aerolíneas debería corregir lo hecho en estos años en los cuales se fortaleció a los gremios a los que hoy se estigmatiza; se utilizó a la compañía como base de financiamiento político y se mantuvo el déficit que hoy obliga a apurar cambios. Tiene el capital político suficiente para convertir el marketing de los anuncios en decisiones concretas.
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