Manuel Santiago Godoy anunció la decisión de cambiar su perfil político.
El anuncio se materializaría en la agrupación “La Ragone”, que encabeza su hijo Santiago, otro precoz representante de la militancia rentada.
Al periodista Mario Ernesto Peña le causo cierta gracia la iniciativa de la familia Godoy y lo expresó en un chiste: “Bueno, no sé, Cámpora está desaparecido o murió...creo, y ahora queda su agrupación y va a desaparecer por eso comparan: Ragone está desaparecido y entonces La Ragone va a desaparecer”.
Mario Peña no simpatizó nunca con la simbología setentista. Ni en los setenta ni ahora. El comentario cayó mal.
El nieto del ex gobernador secuestrado y asesinado, Fernando Pequeño, consideró “infortunados” los comentarios. Y punto. Contra la moderación de Pequeño, fue llamativa la exaltación de Gonzalo Quilodrán, a quien los medios oficialistas definen como “funcionario del gobierno provincial” a pesar de que su mayor exposición pública fue un trágico accidente a bordo de un vehículo oficial. “Está bien que Mario Peña defienda sus intereses empresarios, pero de ahí, a defender las prácticas de la dictadura es una falta de respeto a todos aquellos que deseamos vivir en democracia”, enfatizó. Quilodrán olvidó que Ragone fue secuestrado dos semanas antes del golpe de Estado. Es cierto, a manos de una patota del aparato represivo ya montado. “Es una ofensa a todos los argentinos. Sinceramente espero que Mario Peña se retracte”, reclamó.
Y el diputado Matías Posadas, curiosamente, exigió que Peña explique el origen de su fortuna. Un interrogante quedó flotando en el aire: a Quilodrán y a Posadas ¿les molestó el chiste -de mal gusto- de Peña o su ironía acerca de la agrupación de la familia Godoy?


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