Cerca de la hora 20:30 de ayer, frente al edificio Municipal se llevó a cabo la tercera concentración por el pedido de justicia para Sebastián Battellini, el joven de 25 años fallecido un día después de la explosión ocurrida en la planta de Foti Manufactura Argentina de Pólvora SA.
Primero fue una manifestación frente a la empresa, en la Ruta Nacional 34, incluyendo un corte de tránsito; posteriormente, el pasado jueves en un recorrido por el centro, que terminó frente a la casa de la titular de la empresa, donde se arrojaron huevos; y anoche frente al Municipio hubo un punto de encuentro, donde los amigos y vecinos del joven se manifestaron contra lo sucedido.
Si bien el padre de Sebastián había advertido que las marchas de este tipo no consiguen torcer el sentido de lo sucedido y de lo actuado, poniendo énfasis en sacar del medio a las autoridades ejecutivas locales, la buena respuesta recibida el mismo día del hecho y; y que nada tienen que ver con lo acontecido, anoche se escucharon reclamos para el intendente, quien ya se reunió con la familia de la víctima. Lo cierto es que la inspección de la planta de Foti no corresponde a la Municipalidad; y que la justicia dependerá de las acciones del Juez, respecto al relevamiento de pruebas conseguido en el lugar del hecho.
Zulema, la mamá de unos amigos de Sebastián, puso de relieve durante la marcha el dolor por la pérdida de este joven, al tiempo que pidió "lo que queremos es que la fábrica si se reabre, lo haga con los elementos correspondientes. Además, nos gustaría que en Rafaela se abra un instituto del quemado, con el nombre de Sebastián Battellini, ahí vamos a estar conformes, a pesar de que el dolor lo llevamos".
Las críticas por la atención y las condiciones para el traslado del joven se escucharon en el encuentro donde muchos adolescentes acudieron, e incluso con carteles y una bandera con la leyenda "Justicia por Sebastián" cortaron por momentos las calles aledañas a la Plaza 25 de Mayo.
CONTRADICCION
Resulta particular que en una concentración en la que se reclama por la injusta muerte de un joven en una fábrica de pólvora, el principal exaltador del reclamo sean las bombas de estruendo.
El pasado jueves en el trayecto que el grupo de personas que apoya la causa cumplió por el centro de la ciudad, se incluyeron bombas de estruendo en todo el trayecto, incluyendo las cuadras en las que, tanto en el cantero principal, como en las veredas, había mesas con personas sentadas a ellas, generando un riesgo extra, tanto para quienes caminaban por la causa, como para quienes no estaban relacionados en absoluto con el hecho.
Si bien la sonoridad marca una parte de cada una de las manifestaciones de este tipo, en este caso particular, se debería restringir a los bombos y los cánticos. Es contradictorio reclamar por una muerte por graves quemaduras y un centro para atención de este tipo de afecciones en la ciudad, encendiendo bombas de estruendo.
Ayer por la noche frente al Municipio, a menos de un metro del grupo de personas que se manifestaban se encendían los morteros que elevan las bombas, que se sabe, en muchos casos pueden fallar y explotar en el suelo, o incluso no alcanzar la altura necesaria para resguardar a quienes están cerca. Además de eso, había al menos dos niños de unos seis años que encendían con la anuencia de sus acompañantes algunos petardos pequeños, pero en definitiva la pólvora, el fuego y los estallidos marcaron esta manifestación.
Esto no es una crítica al reclamo, sino a la forma.
La seguridad, los derechos y la justicia por una persona debe ser replicada en iguales condiciones para los demás; y de la consecución de estas variables dependerá un futuro más ordenado para una ciudad que lo necesita por su estado actual y sus posibilidades de crecimiento.
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