El presidente del Banco Provincia pasó un fin de semana de descanso en Cariló junto a su familia. Allí dialogó con La Tecla sobre su historia de vida, su trabajo actual y los proyectos que tiene para este año
Allí recibió a La Tecla para conversar sobre la nueva tarea que le encomendó el gobernador Daniel Scioli, los proyectos que posee para esa entidad crediticia, su historia de vida, su cotidianidad y la política actual.
Bajo el ardiente sol en un balneario de la ciudad costera, Marangoni dejó por un rato el Juego del Millón, que estaba compartiendo con su hijo menor, para adentrarse en un diálogo distendido, en el que dejó entrever su costado más íntimo: su pasión por la lectura, su infancia y juventud, su familia y sus gustos.
Contó primero que “vine a Cariló con la familia y unos amigos. Vengo los viernes y me vuelvo los lunes a Buenos Aires. Naturalmente, la familia se queda. Pasamos el 31 de diciembre acá, y así vamos disfrutando lo que se puede”.
Prosiguió: “Aprovecho mucho los momentos en familia”, y reconoció que “vamos a la playa como Los Campanelli: llevamos la conservadora, con sándwiches, fiambre, gaseosas y mate”. El ex portavoz del gobierno señaló, además, que “jugamos bastante a la paleta y a las cartas: truco y chinchón a morir”.
-¿Por qué eligen Cariló?
-Porque no tiene vereda, semáforos, ni asfalto, y eso te da la posibilidad de desconectarte.
-¿Se toma tiempo para caminar y para leer?
-Sí. Para las dos cosas. Antes caminaba mucho, pese a que no soy de hacer demasiado deporte. Después, con este tema de que te llevan y te traen, te suben y te bajan, dejé de hacerlo. Ahora, cuando puedo, camino bastante. Leer es mi actividad terapéutica por excelencia.
-¿Tiene idea de cuántos libros posee en la biblioteca de su casa?
-Cerca de 2.500. No entran más. Algunos compro, y otros me regalan. Un amigo me regaló las obras completas de Sarmiento, que son 53 tomos. El tema es que no tengo lugar en la biblioteca. Entonces, dejé las cajas en la entrada del departamento. Están en cajas de cartón corrugado. Un día entré y noté que había una mesita cubierta por un paño. Pregunté a mi esposa: “¿Esta mesa es nueva”, y me dijo: “No, son tus cajas de libros cubiertas con tela”. Es que ya no sabía qué hacer con ellos. Tengo un escritorio que tiene todas las paredes cubiertas de bibliotecas, y otras en el
pasillo; igual, no alcanzan.
-¿Qué tipo de lectura consume?
-En realidad, soy un poco obsesivo compulsivo. Tengo la biblioteca separada por géneros: historia, ciencias políticas, relaciones internacionales, filosofía, economía y literatura. Esos son los campos que leo y que me gustan. Todo depende de las circunstancias en que me encuentre. En las vacaciones leo más filosofía, porque tengo más capacidad de concentración. A la mañana, antes de salir de casa, o a la noche, cuando regreso cansado, necesito leer algo que
requiera de menor atención.
-¿Aprovecha los momentos en que lo llevan en auto o cuando toma subtes para leer?
-Siempre. En el auto, al no manejar, aprovecho para leer. Sobre todo cuando viajo al interior. Leo con la luz del día
o con la lucecita del interior del auto. Para mí, la lectura es un cable a tierra. Mucha gente se desenchufa jugando al golf, otra tiene otros hobbies; el mío siempre fue la lectura.
-¿Cómo se acercó a los libros?
-Tanto mi hermano como yo salimos muy lectores, en una casa que no era de gente lectora. Mi mamá y mi papá no tenían un gran apego por la lectura. Desde chico vivíamos en un departamento muy pequeño, en un PH. Yo dormía en el mismo cuarto con mi hermano y con mi abuela, que vivía con nosotros. Mis padres dormían en su cuarto, y no había más espacio, entonces, me iba a leer al baño.
-¿Logró inculcar el hábito a sus hijos?
-Sí. Sobre todo a Agustina, la mayor, que estudia la misma carrera que estudié yo. Ella es muy lectora. Milagros y Lucas también leen. Siempre les leí cuentos a la noche para fomentarles el hábito e inducirlos a la lectura. A veces nos vamos con el nene a la librería y nos pasamos horas allí. Claro que nos vamos con las bolsitas llenas. Los libros son un lugar de descanso para mí.
La experiencia “más feliz”
Gustavo Marangoni acompaña al gobernador Scioli desde 1997 -fue su asesor y su vocero, entre otras cosas-, y es uno de los pocos funcionarios que integran la mesa chica del mandatario. Asegura que ésta es la experiencia laboral “más feliz” de su vida.
-¿Cómo recibió su designación en el Bapro?
-Ya en 2007, haber sido designado vice de esta entidad fue una gran responsabilidad. La presidencia es todavía un desafío mayor, pero también con mucho entusiasmo, porque esta experiencia política y de trabajo es la más feliz de mi vida. Esta institución es grandiosa, es genial.
-¿Qué le pidió Daniel Scioli?
-Me dijo que el banco tenía que apuntalar el trabajo y la producción en la Provincia. Pidió que todo el accionar del Bapro esté orientado al tema de las pymes. Daniel fue hijo de un empresario pyme y conoce muy bien. El tiene una frase bárbara: “Dejamos atrás esa etapa en donde el préstamo era una pesadilla para que ahora el crédito pueda realizar los sueños de la gente”.
-¿Cómo lo harán?
-La idea es orientar el banco para que la gente que tiene proyectos, emprendimientos y que lleva adelante iniciativas que generan trabajo pueda tener en el banco un asociado estratégico y no un contrapeso. Desde ese punto de vista, esto es muy lindo. Yo recorrí en estos años muchos municipios. En Chivilcoy, en Bahía Blanca, en Coronel Suárez, en Mar del Plata o Avellaneda, los empresarios te dicen: “Esa máquina que está ahí la compré con un préstamo del Bapro en 1988, esa otra con un préstamo en 1995, y la otra con un préstamo el año pasado”. Ahí ves realmente la influencia positiva que tiene el banco en la historia de la provincia de Buenos Aires. En todos lados, pero sobre todo en el interior, nos reciben con mucha calidez cuando vamos en nombre del Banco Provincia. Te das cuenta de que es por el banco, no por uno mismo. En cada ciudad o pueblo está el municipio, la iglesia, la escuela y la sede del Bapro. ¿Qué otra institución en nuestro país tiene 190 años? Lamentablemente no tuvimos 190 años de democracia, de partidos políticos.
-¿Se puede apuntalar el empleo en un contexto de crisis?
-Sí. De hecho, en 2008 y 2009, cuando la cosa estaba difícil, salimos a prestar, cuando otros no lo hacían. Estamos en el mercado de créditos hipotecarios junto con otros actores de la banca pública. Somos la demostración de que se puede. El año pasado asistimos créditos en 21 mil millones de pesos, y el 80 por ciento a las pymes. Hay voluntad política, está la decisión del Gobernador y hay un directorio que tiene el mandato de llevar adelante eso.
-¿Guillermo Francos le hizo alguna recomendación?
-Sí: que escuche a la gente, en general, y a los trabajadores, en particular. Lo estoy haciendo. Cuando fue la presentación en Mar del Plata, en la red de gerentes, yo comencé mis palabras con un mail que me había mandado un empleado.



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