Mantenerse parado con astucia pese a las bombas

El Gobernador no cambia una estrategia que molesta a los ultrakirchneristas y le da rédito en la opinión pública, donde mantiene una alta dosis de imagen positiva. Desde Olivos quieren correrlo de la próxima carrera presidencial, pero no dan en el punto justo
Zarpazos justos, sigilo y astucia, oportunos ronroneos al amo que le desconfía. En la política siempre cambiante de la Argentina, Daniel Scioli parece tener las mejores virtudes del felino doméstico mientras oculta como nadie la jugada que vendrá. Y eso también es una virtud.

“Siempre cae bien parado”, se suele decir sobre el Gobernador entre políticos y periodistas. Cuando le ponen bombas zafa, y aparece como el primer pacificador; salta los obstáculos con elegancia; tiene un norte, y una envidiable capacidad para soportar. Si el dueño del espacio o uno de sus hijos busca desprenderse de él, se retira un poco, pero nunca abandona el redil.

Quienes pretenden desviarlo del camino hacia 2015 quieren hacerlo enojar, pero por más encerrado que esté, no reacciona con virulencia. Muy por el contrario, Scioli se fortalece con la energía que otros gastan en atacarlo, y se hace fuerte en la opinión pública. Acaba de terminar su temporada alta en cuanto a reclutar simpatías del pueblo, sobre todo de la clase media y de los ambientes populares. Las encuestas parecen demostrarlo.

Esos mismos sondeos que colocan al Gobernador por encima del 60 por ciento de imagen positiva, también ubican en ese privilegiado escalón a Cristina Fernández de Kirchner.

Así, como están las cosas, si la primera mandataria no apela a la reforma constitucional para buscar otro período, y el kirchnerismo no construye una figura que la reemplace (comenzaba a crecer Amado Boudou hasta que surgieron las denuncias de La Nación), Daniel Scioli transita con holgura el camino a ser el principal candidato a la sucesión. Pero, pese a la consecuente lealtad, adolece de la confianza K, desde la mismísima Cristina hacia bajo.

Aunque en el sciolismo confíen en que “al final de la película siempre va a estar Daniel al lado de ella, y va a ser Daniel quien tenga las mejores chances de seguir con el proyecto”, a nadie es ajena la embestida elucubrada en Olivos y ejecutada por varios emisarios. La misión es golpear los cimientos para ver si una vez el pedestal cae. Por ahora no lo han logrado, y si bien no dejan de reconocer las fallas en la estrategia, tampoco están decididos a abandonarla o cambiarla. En cambio, la simple y reiterada estrategia de Scioli los desvela.

“Mostró apenas las garras con la realización del partido con Macri, y el apoyo a Moyano, con la excusa del partido, cuando Hugo estaba más carajeado con el Gobierno, pero siempre tira la piedra y después esconde la mano y se muestra conciliador con todos”, asegura a La Tecla una fuente de Nación.

“La verdad es que no se entiende tanta paciencia para no reaccionar”, agregó el mismo funcionario. La búsqueda de la reacción de Scioli es el primer paso para colocarlo en una verada en la cual el Gobernador no está, ni se sabe si alguna vez estará. Conocedor de esta búsqueda, Scioli responde con gestos de lealtad hacia la Presidenta. Mira las encuestas y, otra vez, intuye que la mejor campaña se la hacen quienes pretenden esmerilarlo.

Desde la famosa frase de Néstor Kirchner en la cancha de Boca cuando le exigió que le dijera quién le ataba las manos, el efecto de los golpes contra el ex Vicepresidente es siempre el mismo: sube en la consideración popular.

El santacruceño creía que la mayor debilidad del bonaerense era su falta de coraje para mandarse solo en la política, y eso, para el ex presidente, era garantía de tener un ladero manejable incapaz de pelearle el lugar. Los herederos de Néstor no creen lo mismo, y ahora ven a Scioli como peligroso para sus propios intereses. Desconfía Cristina y desconfía Máximo Kirchner.

Les molesta

La acción de Scioli más reprochada en el ultrakirchnerismo es su atención al multimedios Clarín. Los enervan las entrevistas en el diario y las visitas al canal Todo Noticias. Igual, o más, que la pauta publicitaria de Provincia para el principal enemigo K entre los varios enemigos de los medios.

Precisamente en la relación con la prensa hay una gran distancia. Ellos (Cristina y su círculo íntimo) odian los medios, el Gobernador los adora y aprovecha al máximo. “Son construcciones políticas antagónicas; una volcada a lo mediático, como la de Scioli; y la otra volcada a lo tradicional, a las bases, al PJ, que aunque digan que no les importa se desviven por controlarlo”, reflexionó un hombre del Senado nacional consultado por la avanzada de Boudou en la Provincia. Al respecto dijo que “la estrategia sigue siendo la misma, pero los resultados también son los mismos, y Scioli sube en las encuestas cuando le pegan”.

El mandatario bonaerense tampoco entra en las semanales confrontaciones kirchneristas. Por caso, nada dijo sobre el conflicto con YPF. Esa exigencia ya se la hacía Néstor, pero nunca pudo doblegar el espíritu conciliador.

También molesta mucho cuando se va de vacaciones. “Producen fuertes enojos sus oportunas semanas de silencio”, se dice en una especie de reproche con cierto elogio. Suelen coincidir esas semanas por los viajes, ya sean de gestión, de placer o para acondicionar su brazo ortopédico. Es que en la previa a esas salidas Scioli o su entorno íntimo suelen producir algún cimbronazo. Pasó recientemente con el viaje a Francia, precedido por la discusión del PJ en torno a la renuncia de Moyano.

Las finanzas

Hasta ahora una de las formas más eficientes para hacer dudar a Scioli de quedarse en el redil K es apretarlo económicamente. El Gobernador deduce entonces que si se va la cosa se pondrá peor, y a la larga recibe lo necesario para sobrellevar las cuentas. A gatas, pero sobrellevarlas al fin. La última muestra de ajuste se vio sobre fines del año pasado, hasta que en diciembre llegó el alivio.

La situación ha sido analizada minuciosamente en el entorno presidencial, y las conclusiones son siempre similares. Atacar a Scioli es fortalecerlo, incendiarle la Provincia puede tener entonces un efecto boomerang capaz de impactar como ningún otro en las inmediaciones de la Plaza de Mayo. Por ahora la cuestión económica seguiría igual, con goteo pero nunca sin el flujo que paralice la “locomotora del país”, como llama a Buenos Aires su gobernante.

Las paritarias, fundamentalmente de los docentes, son otro factor que puede tensar las relaciones de Nación y Provincia. Desde Economía nacional se advirtió que la ayuda cubrirá el aumento hasta el piso otorgado por el Gobierno nacional, los excedentes deberán estar a cargo de las arcas bonaerenses. Y los gremios siempre exigen más en territorio bonaerense.

Por orden de Cristina Fernández, y no de otro, la mesa chica del kirchnerismo estudia la manera de quebrantar el idilio de Gobernador con la opinión pública. Un idilio que Cristina y Scioli comparten pese a sus formas y maneras antagónicas. Y eso es también motivo de estudio en las usinas K. “¿Cómo es que la gente apoya a los dos por igual?”, suelen preguntarse. Muchas veces se autocontestan y creen ver en el éxito de Nación el arrastre hacia Provincia. Los encuestadores y analistas hablan de una cuestión mucho más compleja y de ninguna manera minimizan la estrategia del Gobernador.

En el kirchnerismo siguen convencidos de que el golpeteo permanente quebrará los cimientos en la Provincia. Scioli, disimulando enojos, con las encuestas en la mano, espera paciente que pasen el tiempo y los martillazos. Hasta ahora siempre cayó parado.

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