Las palabras del obispo Antonio Marino fueron escuchadas con atención por la comunidad portuaria. Convocó a todos los sectores al diálogo y a negociar y ceder en pos del bien común.
"En mi función de padre y pastor de esta querida diócesis marplatense, deseo destacar la importancia no sólo económica de esta actividad pesquera, sino también señalar su dimensión de la misma, ya que involucra y afecta a una gran multitud de personas y familias, que en su conjunto forman lo que debemos llamar la "gran familia portuaria".
Desde mi arribo a esta ciudad, en mi función de obispo, he ido conociendo los rostros representativos de los distintos sectores que componen el conjunto de las fuerzas vivas de esta sociedad. De este modo, las tensiones y conflictos, dolores, esperanzas y alegrías, han comenzado también a ser en buena medida los míos propios.
La Iglesia no aporta soluciones técnicas a los problemas del trabajo y del hombre en sociedad. Pero sí aporta algo más valioso, a saber, los principios que deben ser tenidos en cuenta para lograr la orientación permanente hacia el bien común de todos, superando la barrera de los egoísmos y el encierro exclusivo en los intereses sectoriales.
He dicho que el puerto y su gente no son meros agentes o componentes de intereses, sino que siempre deben considerarse como "una familia". Esta palabra fundamental corre hoy el riesgo de ser tergiversada y vaciada de su contenido. Es fundamental recuperarla junto con los valores que ella conlleva. Cuando se ha experimentado desde niños la riqueza humana de la familia, entonces resulta más fácil trasladar a las relaciones sociales sus valores. Toda familia, en efecto, conoce tensiones y luchas, sufrimientos y también logros y alegrías. Los problemas y disgustos se resuelven sobre la base de la sensatez y el predominio de un amor que va más allá del interés egoísta.
Soy hijo de padres italianos, casados en Italia y venidos a esta tierra como tantas otras familias en los años '30 en busca de un futuro mejor. Esto me permite sentirme cerca de sus sentimientos y problemas. Las dificultades sociales, aún las de solución más compleja, encuentran siempre una vía de solución cuando se conserva como presupuesto la inspiración religiosa y el aire familiar propio de quienes profesan la fe en Cristo.
Al asomarme a los problemas del puerto y de la actividad pesquera, sé que las dificultades pueden ser muchas. Sé también que quedan involucradas muchas personas con puntos de vista muy variados y a veces en confrontación abierta. Es entonces cuando debe brillar la virtud del diálogo, que puede ser a veces prolongado y debe ser paciente, donde todas las voces e intereses sean escuchados. Sólo del diálogo paciente y la voluntad de negociar podrá surgir una solución superadora, donde a veces las partes deben ceder algo en vistas a un bien superior a los propios intereses.
Me dirijo a todos los actores, dando por supuesto que existe buena voluntad en empresarios y trabajadores, sindicatos y representantes de la gestión política, así como de las fuerzas de seguridad. Todas las voces son valiosas y las manos de todos deben unirse para sacar al puerto adelante, para que éste sea muy próspero y trabajen unos y otros con la alegría de saber que llevan el pan a sus mesas con dignidad. Detrás de cada dificultad hay, en definitiva, rostros de hombres, mujeres y niños que esperan.
El puerto y sus trabajadores siempre se han destacado por una profunda fe. La Misa de esta mañana y esta procesión lo demuestran. En este apoyo sobrenatural encontrarán luz e inspiración para crear caminos de concordia.
Aprovecho esta oportunidad para decir una palabra a las esposas de los pescadores. Es un signo de esperanza el esfuerzo que hacen en el sostenimiento del hogar, muchas veces trabajando a la par, en la ausencia de sus maridos y llevando adelante la educación de sus hijos. Gracias por su ejemplo y porque nos enseñan a trabajar incansablemente con el amor y la humildad propia de las madres".

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