El testigo Aldo Soto dijo que esto comentaron quienes lo torturaron. Reconoció a Guevara, uno de los acusados. Hoy, el tribunal hará un reconocimiento en el D2.
En las primeras diez jornadas de juicio se presentaron algunas personas que pidieron dar testimonio a pesar de no haber sido convocadas por ninguna de las partes, y ayer, uno de esos testigos voluntarios se convirtió en el principal protagonista en un día en que las declaraciones dejaban sabor a poco y nada.
Aldo Soto, ex gremialista, afirmó haber visto a uno de los imputados, Aníbal Guevara, en el mismo lugar donde fue torturado, y narró cómo este se burlaba de las marcas de los golpes sufridos y cómo luego lo amenazó.
DETENCIONES. Las primeras horas del Golpe de Estado de 24 de marzo de 1976 no fueron las mejores para Aldo Soto.
En ese momento tenía 32 años y era delegado en Agua del Toro, donde fue detenido junto a otros cuatro gremialistas: Jorge Valenzuela, Jorge Hernández, Óscar Fernández y Emilio Sánchez, quien ya superaba los 60 años en ese momento.
No obstante, esa detención duró algunas horas, pero casi un año después, el 16 de febrero de 1977, un grupo de soldados fue a buscarlo nuevamente a la empresa y de allí, a bordo de una camioneta, esposado y custodiado por soldados con fusiles, fue trasladado, junto a Sánchez hasta los cuartes de Cuadro Nacional, donde pasó las 24 peores horas de su vida.
EL TENIENTE. Según explicó Soto ante el Tribunal compuesto por Héctor Cortés, Roberto Naciff y Roberto Burad, ni a él ni a Sánchez les dijeron por qué habían sido detenidos.
Al llegar a Cuadro Nacional, dos soldados los arrodillaron y les pusieron una venda en los ojos, sentándolos en un banco. Según Soto, se acercó un soldado que lo conocía, llamado Patricio Vargas, quien le sacó la venda y le preguntó qué había pasado, para luego prometerles no volver a cegarlos hasta que llegara Guevara. Una vez que llegó el teniente, y vuelta la venda a los ojos de los detenidos, según el testimonio de Soto, Guevara comenzó a preguntarles, a él y a Sánchez, por una mujer llamada Susana Sanz de Llorente, que era una abogada que había asesorado al sindicato de los detenidos, UOCRA, y que era señalada como montonera.
Ante la negativa de estos, Guevara les propinaba trompadas y patadas, y luego los dejó en paz unas horas. Sin embargo, según Soto, faltaba algo mucho peor.
HORAS DESPUÉS. “Sentí pasos, calculo que eran más de diez personas. Me volvieron a torturar, me agarraban de los pelos, no sé cuánto duró la tortura, en un momento me desperté de un desmayo” explica Soto, entre nervios y lágrimas. Ese desmayo provocó que sus torturadores intercambiaran unas palabras que Soto no olvida después de 33 años. Según el testigo, uno de los torturadores comentó: “Me parece que se nos fue la mano”, y recibió como respuesta de parte de otro: “Bueno, si se nos fue la mano, lo tiramos al pozo”, al mismo tiempo que se escuchaba a un tercero decirle a otro que dejara de patear los testículos del prisionero. Con todo el cuerpo ensangrentado fue llevado al patio y, de rodillas entre dos soldados, volvió a escuchar la misma pregunta: “¿Dónde está Susana?”, para luego incitarlo a que se escapara. Algo que no hizo, porque “me habían advertido que si lo hacía me barrían”, explicó Soto durante su testimonio. Tras amenazarlo con “ir a la parrilla”, fue conducido hasta un comedor, en donde alega que estaba Guevara. Allí, el teniente le habría preguntado, a modo de desafío y entre sonrisas: “¿Qué te pasó?”, obligando a Soto a mentir para evitar más golpes. Tras esa breve conversación, Guevara le dijo que no iba a decir nada y que al otro día se iba a presentar a trabajar en Agua del Toro como todos los días, y esa misma noche, junto a Sánchez, fue liberado. No obstante, antes de bajar de la camioneta que lo transportó y empezar a correr, uno de los militares que lo acompañaron le advirtió: “Que nunca sepamos que sigas metido en gremios porque vos tenés un hijo de cuatro y otro de seis meses, y en cualquier momento puede explotar una bomba en tu casa o tu familia puede tener un accidente”. Esas palabras, según Soto, lograron su cometido, “durante 30 años estuve callado”, explicó.
CONSECUENCIAS. La tortura aplicada sobre Soto tuvo sus consecuencias, según el mismo atestiguó. En el 2002, el ex gremialista tuvo un accidente cerebro vascular. Al hacerle los estudios, los médicos comprobaron que era el cuarto que sufría en su vida y que el primero de ellos databa, justamente, del momento de las torturas aplicadas en Cuadro Nacional.
Pedido de la querella
Soto, en su declaración, aseguró no haberse sentido cómodo esperando entre ex policías y penitenciarios el turno de declarar, por lo que el abogado querellante, Pablo Salinas, pidió que se revise la situación. Además, Salinas y el defensor de Guevara, Oscar López, tuvieron un entredicho, ya que Soto no identificó a Guevara en las fotos, aunque quedó en actas que el testigo nunca había visto al acusado en uniforme, tal como figuraba en la imagen.
Otros testimonios
La jornada 11 del juicio en el cual se encuentran imputados José Mussere, Raúl Ruiz Soppe, Juan Labarta, Aníbal Guevara y Raúl Egea Bernal por las desapariciones de Francisco Tripiana, Pascual Sandoval, José Berón y Roberto Osorio comenzó con el testimonio de Pedro González, un ex ordenanza del Poder Judicial que aseguró haber visto a Tripiana encerrado y que este le había dicho que estaba por salir en libertad. También declaró Sergio Menjibar, un ex bombero, quien afirmó que en el cuartel, ubicado en el mismo terreno que la Casa Departamental, nunca hubo detenidos, aunque confirmó la participación de los bomberos en la guardia, ya que su firma figuraba en el libro de actas de la noche que Tripiana fue liberado. Por último, Héctor Luján, ex agente penitenciario, afirmó que varias veces hubo personal de la cárcel que fue trasladado a la Casa Departamental para realizar custodias. Hoy está previsto que el tribunal se traslade al D2 de San Rafael y que se presenten nuevos testigos de la causa, mientras que mañana declararía Julia Dauverné.

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