Desde hace décadas las industrias reutilizan o reciclan materiales para volver a insertarlos en el mercado. En Mar del Plata, miles de familias sobreviven del "cartoneo". La separación de residuos saca a relucir los entretelones de ese gran mercado.
Además de encontrar y ordenar los materiales reciclables, los cartoneros deben encontrar compradores, que dependiendo del volumen y de la calidad, les pagan un valor más o menos preestablecido, por kilo.
En Mar del Plata uno de los operadores del rubro, que acopia y procesa para vender directamente a fábrica, calcula que hay más de 50 depósitos de recuperables. Pero sólo dos o tres que trabajan "blanqueados", incluso otorgando a las empresas certificados de disposición final.
Valores de compra
Los cartoneros deben trasladarse con sus carros a estos depósitos, la mayoría de ellos ubicados en las afueras de la ciudad para descargar lo que consiguieron luego de varias horas de deambular por las calles, generalmente en horas de la noche y de la madrugada.
Extraoficialmente se asegura que en la ciudad hay "varios miles" de cartoneros, sin contar que muchos salen en familia a buscarse el sustento.
"En todo el mundo la basura es foco de riquezas", reconoció el operador, que no sólo compra materiales a los cartoneros sino que, en mayor medida recolecta los residuos recuperables de grandes empresas.
"Los valores de compra son bastante exiguos", reconoció Aldo Cesarotto, que se define como "proveedor industrial" y se ubica en un "eslabón intermedio" en la cadena que se inicia con la recolección primaria de materiales reciclables y el proceso de transformación de esos elementos que realizan las fábricas. En su depósito procesan entre 1 y 2 toneladas de materiales por día, cinco días a la semana.
Según indicó, a nivel local, los cartones y papeles se pagan, por kilo, entre 20 y 60 centavos. Los que mejor cotizan son los papeles blancos -aunque estén escritos o impresos- y los de menor valor son los "papeles de colores" como diarios, revistas, folletos, etc. El cartón tiene un valor intermedio que ronda los 40 centavos por kilo.
El vidrio, que se rompe para lograr mayor peso en menor volumen, tiene un precio de compra bastante exiguo, ronda los 10 o 20 centavos el kilo. Los intermediarios lo venden a la fábrica de Catorini en Monte Chingolo, que fabrica la mayor parte de los envases de vidrio que se usan en el país. Los metales son los que más se cotizan. El cobre es el más caro, seguido por el bronce y el aluminio, que rondan entre 13 y 20 pesos el kilo. "Tienen valor internacional, cotizan en bolsa, hay mercado regulador", aclaró Cesarotto.
El mercado del plástico es mucho más diverso. Tanto para los cartoneros como para los intermediarios es difícil de llevar adelante, porque hay muchas categorías, calidades, y detalles a tener en cuenta. Por lo mismo, los valores son muy diversificados.
"El plástico es muy complejo, tiene muchas aleaciones, al derretirlo cambia las propiedades y no puede volver a tener el uso original. No se puede moler sucio, porque la suciedad pasa en el proceso y lo arruina", indicó. De todas formas hay que tener en cuenta que con algunas de las categorías de plástico, conocidas como PET -botellas de gaseosas- se realizan autopartes, con otras fibra para manta polar y una gran variedad de artículos.
"Modernismo"
Cesarotto consideró que el tema del reciclado es un "modernismo" de una práctica que tiene mucho tiempo. "Es un proceso normal, ha existido siempre". "En todos lados la basura se industrializa", apuntó.
La diferencia en las últimas décadas es que crecieron la población, el consumo y la generación de residuos, tanto recuperables como no recuperables, en volúmenes cuya gestión genera inconvenientes difíciles de solucionar.
En tanto, en países con grandes diferencias sociales, como el nuestro, ese fue un nicho para muchas familias que encontraron en la búsqueda y venta de estos materiales que otros desechan, la forma de obtener su sustento -aunque sea magro-.
Es que los cartoneros, en su mayoría, están totalmente fuera del sistema. En general viven en lugares muy alejados, manejan varias horas los carros, a veces tirados por caballos, otras en bicicleta. Muy pocos son los que tienen un pequeño vehículo a motor y trabajan en familia y a una escala un poco mayor.
"Trabajo sacrificado"
Cesarotto, que tiene contacto con varios de ellos debido a su actividad, reconoce que "el trabajo que hacen es muy sacrificado" y destacó que mantienen "una cultura del trabajo". "Es gente que no va a salir a delinquir, lo único que quieren es llevar comida a la casa", entendió.
Por eso se preguntó con todos los cambios que se están dando en la ciudad en torno a la propiedad y el destino que se le da a la basura "¿qué va a pasar con esa gente si no los dejan seguir recorriendo la ciudad y levantando los materiales?".
"No me parece bien que venga un camión y se lleve toda la basura antes que el recolector. Para eso la Municipalidad paga el servicio, pero tampoco creo que esté bien que se le quite la posibilidad de sobrevivir a los cartoneros. Esta es la sociedad que tenemos, es la única forma de sobrevivir que tiene esta gente que nadie quiere ver", apuntó.
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