Pueden denominarse casas antiguas aquellas que fueron construidas hace 100 años o más. En la Argentina se edificaron viviendas de distintos tipos, según los diferentes niveles sociales, y variados estilos arquitectónicos.
General Pico no fue ajeno a esas corrientes y muchas de las casonas, identificadas como “casas antiguas”, aún se cuentan como patrimonio exclusivo de la ciudad, que ya superó los 100 años. Muchas de ellas, inteligentemente, quedaron preservadas como Patrimonio Histórico por sucesos que tuvieron que ver con la vida social, política y económica de General Pico, y no fueron retocadas más allá de lo necesario. Esto fue, claro, por decisión del Departamento Ejecutivo Municipal que, a través del Concejo Deliberante, las protegió con una ordenanza puntual.
Sin embargo hay otros casos, como el que ocupa esta publicación, que quedó al margen de esa norma y que, de haber estado en vigencia el nuevo Plano Urbano de la ciudad, otro sería el destino de la imponente casona ubicada en Avenida San Martín 860, entre calles 17 y 19. Es que la nueva reglamentación dejará debidamente establecida la prohibición de modificar ese tipo de construcciones asentadas en el perímetro formado por las calles 13 a 19 y 18 a 22. Claro, llega tarde para cambiar la historia de la vivienda, que perteneciera a la afamada obstetra Nélida Petrelli, partera de no pocos piquenses.
Mediante datos obtenidos por este medio se pudo conocer que la médica construyó la casona y formó matrimonio con un militar. Más acá en el tiempo, Petrelli entabló relación con otro personaje de la ciudad: el rematador Juan Carlos Steinhauser, uno de los últimos habitantes de la vivienda.
Actualmente, el edificio está siendo sometido a refacciones que, según pudo saber LA REFORMA, la terminarán transformando en dos espacios determinados: uno destinado a local comercial y el resto a casa de familia. La remodelación está a cargo de la empresa Construcciones Rodríguez, que depende del maestro mayor de obras Pablo José Rosales, y un reconocido estudio de arquitectos de la ciudad está al frente del proyecto.
La casa contaba con cuatro habitaciones, tres baños, un importante patio, aberturas de más de dos metros de alto y pisos de pinotea. Toda la estructura sufrirá cambios y, al respecto, uno de los albañiles que trabaja en el lugar dejó en claro el pesar que le insumía tomar mazas y cortafierros para avanzar en el nuevo bosquejo: “Es una verdadera lástima, tiene paredes de un grosor mayor a los 40 centímetros, el revoque está como nuevo y se nota que no se escatimaron costos. Se usó cal apagada, como era antes, los ladrillos están horneados con una calidad que hoy no se encuentra, la humedad no se ve en ningún lado, ni en paredes ni en las bases, algo que ahora es una lucha que se trata de contener con el uso casi indiscriminado de la ceresita”, graficó sobre la vivienda que se asemeja bastante al estilo
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