Unión sigue sin ganar y salió del último lugar en los promedios por la derrota de Quilmes. Pumpido advirtió a sus jugadores lo que pretende de ahora en más.
—... Sí, se enojó.
—¿Mucho?
—Mucho.
No importa quiénes, porque fueron varios. Pero estas “confesiones” de los jugadores de Unión marcaron a fuego lo sucedido en el vestuario apenas terminado el partido del viernes en el estadio granate. Un técnico con personalidad, “calentón”, hincha del club y ganador nato en su carrera como jugador no podía dejar de explotar. Fue acumulando bronca a medida que pasaron los minutos y al ver que los síntomas de enfermedad que trae este equipo desde hace tiempo siguen tan vigentes como siempre. Un error individual termina en gol del rival; un error del rival no termina en gol propio; siempre hay que remarla en desventaja y no siempre se pueden remontar partidos como aquel ante Argentinos en La Paternal para, al menos, empatarlo; y futbolísticamente la cosa no mejora.
Ese cóctel variado de causas que llevaron a Unión a estar en el último puesto de la tabla, a ser el penúltimo (por la derrota de Quilmes) en la de promedios y a acumular ya 14 partidos sin ganar, es el que enoja y preocupa casi en el mismo nivel de intensidad al entrenador.
Lo peor que le puede pasar a Unión, a sus jugadores, a sus dirigentes y a los hinchas es entregarse a esta situación indeseada. Pelear la permanencia en Primera es una tarea poco deseable, pero necesaria hoy en día en esa tarea de incrementar los cimientos del crecimiento que se ha propuesto esta resquebrajada comisión directiva que preside Luis Spahn.
el diagnóstico hoy es claro: Unión tuvo lucidez y claridad de objetivos y de acción durante dos años, pero esto se perdió luego del partido con Estudiantes del torneo pasado y a partir de los errores cometidos en el armado de la estructura futbolera para este segundo año en la A. Ya la relación Spahn-Kudelka no era la misma, hubo algo que se quebró en esa renovación de contrato y quizás ése haya sido el punto de quiebre para romper una solidez que se venía manteniendo más allá de un clima institucional que el técnico anterior trataba de evitar (para no contaminar al plantel de esos problemas) y también el esfuerzo de los dirigentes por tener en claro que la institución estaba por encima de todo y de todos y que no se podía dilapidar lo que tanto esfuerzo y años llevó conseguir, que fue el regreso a Primera.
Arrancó mal el proceso, no hubo respuestas adecuadas adentro de la cancha y hoy la evidencia es que Unión no puede ganar y que cualquier circunstancia negativa termina siendo lapidaria. Es un equipo que siempre la rema de atrás, que nunca se pone en ventaja y que sufre mucho en su arco. Le hicieron 17 goles en diez partidos, casi dos de promedio, y es el más goleado de los 20 que están disputando la temporada. En contrapartida, marcó sólo 8, de los cuales hubo tres que consiguió en un solo partido que ni siquiera pudo ganar, con lo cual el promedio de gol en el arco de enfrente baja considerablemente si se contabilizan los apenas 5 que hizo en los otros 9 partidos.
Pumpido irá urgente por esas respuestas anímicas y futbolísticas que no encuentra. Y ya advirtió mano dura y cambios sustanciales. Unión los necesita.
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