TILCARA (Corresponsal). Todo inicio de una etapa tiene algo de magia y algo de milagro. Los niños con sus guardapolvos blancos, aún demasiado blancos porque les falta el juego de los recreos y el derrame de las tintas, se acrecienta para aquellos que recién comienzan a andar el ciclo de la escolaridad.
Pienso, al escribir estas líneas sobre el comienzo de un nuevo ciclo lectivo, en aquellos niños que llegan al primer día de clases de la mano de sus abuelos. Para los changuitos hay, por delante, todo un mundo por descubrir. Para muchos de sus abuelos, la escuela primaria, si es que la pudieron terminar, fue el máximo sacrificio educativo a que su familia pudo acceder. Uno, no toma conciencia de lo que ha cambiado la perspectiva de escolaridad en las últimas generaciones. Acaso esa toma de conciencia nos ayude a valorar lo que hoy tenemos, y con la memoria puesta en aquellos para quienes aprender a leer ya era un lujo, los guardapolvos por los pueblos quebradeños. La abuela de que les hablo llevaba mejor ganadas las lágrimas en los ojos al ver a su nieto iniciar este ciclo de su vida.
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