Recuerdan una experiencia piloto de clasificación de residuos concretada por el Municipio y la Fundación Ecológica Patagonia Sur (ECOPASUR), en las postrimerías de la última gestión de Alfredo Martínez, allá por 1999, los contenedores con bocas de depósito diferenciadas, para arrojar la basura según el material: cartón, vidrio, papel, lata.
Hallar recordó que “era de avanzada en los años ’90, aquel proyecto de educación ambiental y clasificación de la basura que incluyó la instalación de lo que fue la segunda planta de tratamiento en el país”, que llegó a vender aluminio y cartón compactado y a concretar una experiencia de compostaje.
“Hicimos en su momento tres campañas con la Fundación ECOPASUR, para la clasificación de residuos en el hogar, de manera que pudieran ser recuperados distintos materiales en la planta de tratamiento” dijo, al tiempo que destacó la experiencia con el supermercado cuando aún no estaban prohibidas las bolsas de polietileno, para que los vecinos que en sus hogares las utilizaban como bolsas de residuos, los separaran según fueran, orgánicos (verde), inorgánicos (blanco) y patológicos (rojo).
Todo esto ocurría con el tratamiento de los residuos como experiencia piloto que no tuvo continuidad, cuando aún no existía un área ambiental municipal, que fue creada recién en el año 2000. “Era todo un plan que había que continuarlo en el tiempo para que se dieran resultados con una planta de tratamiento que funcionaba, tenía un predio cercado, con seguridad privada, y no era posible el cirujeo”, enfatizó.
Tampoco entonces se había dado el espectacular marco normativo ambiental que rige actualmente, Ley General Ambiental, y de Gestión Integral de Residuos Domiciliarios, entre otras, destinadas a reducir, tratar y minimizar el impacto ambiental de los residuos sólidos urbanos en el país.
En Río Gallegos, salvo experiencias aisladas, la basura no tiene clasificación en origen, y aunque la tuviera sería en vano. Hallar aportó que durante aquella gestión municipal que terminó en 1999, se hizo una primera experiencia de gestión privada de la planta de tratamiento, que al no efectivizarse los créditos promocionales vigentes para saneamiento y basura, luego debió pasar a la gestión netamente municipal y así funcionaba cuando asumió su gestión Héctor Aburto.
Hallar recordó que “durante la gestión de (Juan Carlos) Villafañe (continuador de Aburto desde 2002) impulsamos que además de continuarse con esas experiencias de clasificación, al reponerse la maquinaria municipal, los camiones recolectores también fueran reemplazados por clasificadores, porque sino no tenía sentido la clasificación en origen, pero esto no sucedió”.
Ya como concejal, Hallar recordó haber presentado una serie de proyectos de ordenanza para facilitar un canje del recupero de la basura, en los grandes centros urbanos como Buenos Aires, que por ejemplo, a cambio de cartón devolvía papel. Pero tampoco prosperaron estas iniciativas.
Más aún remarcó que luego hubo una experiencia de gestión de la planta, por cooperativa de trabajadores que no funcionó, quedando finalmente desactivada. En efecto, tal lo informado desde la actual gestión municipal, que se propone reactivar esa planta con personal municipal, está desactivada desde 2008, luego de haber sido gestionada desde 2002 sin resultados, por una cooperativa de trabajadores, planes jefes y jefas de hogar.
Demorado el reacondicionamiento, se trata de un mantenimiento generalizado de la cinta transportadora, máquina compactadora y obra civil, para ponerla nuevamente en funcionamiento, aunque ahora en manos de personal municipal para, al menos, reducir el impacto del gran volumen de basura diario sobre el ya colapsado predio del Vaciadero.
Gestión
Cuando también está demorada la concreción de un ambicioso proyecto para el traslado del vaciadero y remediación del actual predio, se calcula que el volumen de residuos domiciliarios pasó de unas 70 a 120 toneladas diarias en los últimos diez años, en Río Gallegos.
El destino final es un basural a cielo abierto, un predio de 40 hectáreas -29.800 metros cuadrados-, utilizado desde 1991 para ese fin, aunque se ubica en plena costa de la ría, y desde 2004 quedó contenido adentro mismo de la primera área natural protegida, creada en la ciudad por el Concejo Deliberante por Ordenanza 5356.
En el Vaciadero Municipal la gestión del importante volumen de residuos que ingresa a diario es por el mecanismo de enterramiento de los residuos, y cubierta, a fin de evitar la proliferación de moscas y otro tipo de vectores, gaviotas y roedores, además del cirujeo, que está prohibido aunque es un permanente reclamo, como también son permanentes los actos de vandalismo e incendios en el predio.
El enterramiento se hace en trincheras de 20 a 50 metros, y dado que ya la capacidad operativa está colapsada, superada en su vida útil, actualmente se están reutilizando trincheras que estaban clausuradas.
Traslado
Con el fin de acceder a financiamiento internacional, por el plan nacional de manejo de los residuos sólidos urbanos, el Municipio encargó a la Universidad Nacional de la Patagonia Austral la elaboración de un proyecto para el traslado del Vaciadero, y el saneamiento del actual predio, en el área protegida de la ciudad.
El plan elevado al Ministerio de Medio Ambiente de la Nación y presentado oficialmente a nivel local en 2007, está a la espera de su financiación por un monto calculado en aproximadamente 100 millones de pesos. El saneamiento del predio, además, demandaría unos 40 millones de pesos.
Quejas
Mientras no cambian las costumbres de disposición de la basura en los domicilios, donde no sólo no se hace clasificación, sino que además no se respetan horarios, dejando las bolsas a merced del accionar de los perros, son permanentes a su vez las quejas de los propios vecinos por el servicio de recolección.
Las más reiteradas quejas corresponden a los vecinos de los populosos barrios 499, 366, Newbery, 400 Departamentos, por sólo mencionar algunos, donde se disponen contenedores que el servicio de recolección no retira a tiempo o no en su totalidad, y en gran cantidad se acumulan y desbordan.
Así, los desbordados contenedores quedan a merced del cirujeo y del desparramo por parte de los perros, otro gran problema sanitario a atender, como lo es, una asignatura pendiente con todas sus aristas el manejo de los residuos sólidos urbanos en nuestra ciudad.
Comentá la nota