Malvinas y lasclaves de una política de Estado

Jorge E. Taiana

Ex Canciller y Titular del Centro Internacional de Estudios Políticos

Debatir sobre Malvinas y mantener nuestro reclamo con firmeza es una manera de honrar, desde nuestra propia historia, a nuestros veteranos y caídos, en el 30´ aniversario del conflicto del Atlántico Sur que hoy conmemoramos. Una vez más, la historia acude para explicar el presente y el futuro de una cuestión que se vincula íntimamente con la construcción de nuestra identidad nacional.

Recorrer el pasado nos ayuda a analizar el presente y comprender que la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes no empieza ni termina con el conflicto armado de 1982.

Las Malvinas son argentinas, efectivamente. Porque están en nuestro mar continental, son parte de nuestra escenografía y porque así lo demuestran los documentos y títulos que señalan que las islas eran parte de la Corona española y que desde los albores de la independencia el territorio de las Islas Malvinas formó parte de las Provincias Unidas reconocidas por el Reino Unido, que no hizo reserva alguna sobre el ejercicio efectivo de la soberanía argentina sobre ninguna parte de nuestro territorio nacional.

En 1833 los británicos ocuparon por la fuerza las Islas, expulsando a los pobladores criollos. Desde ese acto, la Argentina ha reclamado sostenidamente la restitución de lo propio, tanto a nivel bilateral, regional como a nivel global. Es importante recordar cuando se analiza la historia del conflicto que el Reino Unido negoció sobre la cuestión de las Islas Malvinas durante años, a pesar de que hoy pretenda escudarse para no hacerlo en la presunta voluntad de la población -de ciudadanía británica- por ellos mismos trasplantada a las Islas. Hay que señalar que a medida que las expectativas por la explotación de hidrocarburos se fortalecieron, se afianzó el interés imperial en mantener el control sobre las Islas e ignorar el mandato de las Naciones Unidas, que rige sobre el conflicto desde 1965.

En 1982, la decadente dictadura que gobernaba la Argentina mediante el terror, tomó una decisión desesperada para sobrevivir a la coyuntura política: actuando a espaldas del pueblo argentino, malversó su confianza y se apartó del tradicional apego a la solución pacífica de la controversia. Con esta guerra, que hoy recordamos con dolor, la Argentina se apartó de su línea tradicional de reclamo pacífico que sostuvieron figuras tan disímiles como Juan Manual de Rosas, Bartolomé Mitre, Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón.

Con toda su crudeza, el conflicto armado no cambió la naturaleza de la disputa que se prolonga, irresuelta, hasta nuestros días y que nos enfrenta a la persistente negativa del Reino Unido de cumplir con el llamado de la comunidad internacional y negociar su solución con la Argentina.

Transcurridos 30 años de la Guerra de Malvinas, no debemos perder de vista las lecciones que nos deja la historia. A 179 años de la usurpación británica, continúa plenamente vigente el objetivo permanente e irrenunciable de la República Argentina consagrado en su Constitución Nacional: la recuperación del ejercicio pleno de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del derecho internacional.

La historia es sabia porque nos enseña a identificar aquellos momentos de plenitud que suceden siempre a las etapas de frustración. Desde el 2003, junto a Néstor primero y luego con Cristina, desde la Cancillería hemos reforzado la estrategia de firmeza y coherencia en nuestro planteo, reforzando el respaldo latinoamericano a nuestros legítimos derechos soberanos. Estoy convencido del apoyo que genera nuestro reclamo soberano tanto en la región como en diversos actores de la comunidad internacional. Cimentar la justicia y la razón que nos asiste ya no es un desafío futuro, sino una tarea presente y de todos los argentinos.

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