Hay un malestar creciente en numerosas áreas de Salud Pública, que perciben -sobre todo en el Hospital “Dr. Lucio Molas”- una bajada de línea para aplicar mano dura sobre profesionales y trabajadores.
Esa política, que tiene estallidos cíclicos, se ve reafirmada con la recuperación de espacios de poder por parte de algunos personajes que habían sido apartados en gestiones anteriores, cuando se los puso bajo la lupa por manejos no del todo claros.
Bajada de línea
Luis Capello es en la actualidad un jerárquico cuestionado: cumple tareas como jefe de Personal y los profesionales y trabajadores quejosos dicen -en voz baja, para evitar represalias- que tiene la misión de aplicar mano dura, a partir de directivas expresas del director Hugo Reale.
Durante el último conflicto se confeccionaron “listas negras” con los empleados que adhirieron a las medidas de fuerza. Incluso hubo errores en esas nóminas, ya que se castigó con descuentos a trabajadores que no habían hecho paro.
Capello llegó a estar a cargo de la Contaduría del Molas, en la década del ’90. Manejó, en algún momento, la millonaria caja de las compras directas.
Cuando lo pusieron bajo la lupa, lo apartaron del cargo: durante la gestión de Rubén Ojuez como subsecretario quedó al margen de esas neurálgicas tareas.
Hoy recuperó su poder bajo el mando de Mario González como ministro: fue designado, a dedo, como responsable del área de Personal.
Otro regreso con gloria ha sido el de Estela Porrini, quien en su momento también había quedado bajo la lupa en la gestión Ojuez, pero que ahora pisa fuerte como encargada del área de Prestaciones, un sector que maneja abundantes recursos.
Presión y “vaciamiento”
El conflicto gremial que se prolongó durante casi todo el año causó una nueva y profunda grieta: más allá de que el propio frente de los trabajadores y profesionales en algún momento pareció resquebrajado, lo cierto es que el malestar con las conductas de los funcionarios y jerárquicos se acentuó visiblemente.
Una de las percepciones de antiguos trabajadores de Salud Pública es que, por un lado, los funcionarios han montado una suerte de persecución sobre algunos referentes de los conflictos; pero además impera una lógica según la cual -analizan- determinadas áreas del Hospital “Dr. Lucio Molas” tienden a la privatización.
En ese sentido, parece haber algunos ensayos, especialmente en el sector de Comida, Cocina o Mantenimiento.
En tanto -analizan los mismos involucrados en el sistema de Salud Pública- el Molas va en camino de ser “un hospital para pobres”, ya que cada vez se cierran más puertas: el Ministerio optó por no hacer más convenios con obras sociales.
Esa mirada detecta que los jerarquizados no son precisamente quienes han demostrado más nivel de compromiso con la Salud Pública.
Esas situaciones de presión, sumadas a la cuestión salarial, están despoblando al hospital de recurso humano valioso: es cada vez más habitual que médicos y enfermeros opten por hacer su tarea en la actividad privada.
Un profesional consultado por El Diario no dudó en aludir a una suerte de “vaciamiento” del Molas. Cree que la aparente “no política” en realidad tiene una clara intencionalidad: “Hay un grupo de gente adiestrada para obstaculizar”, dijo por lo bajo una enfermera que observa el mismo panorama.
La situación en los hospitales del interior de la provincia no es diferente.
Entre otras cosas, el hospital ya no otorga más medicamentos -a excepción de los que sí reciben los afiliados al SEMPRE-; se desprende de pacientes con la sugerencia general de que “vayan al privado”, y en ese marco se cobra un “bono” cuyo monto ni siquiera está determinado con alguna lógica que pueda ser conocida.
El estado del hospital no es ninguna novedad: el recurso humano es insuficiente, los problemas de mantenimiento se repiten, hay aparatología rota que nunca se arregla y algunos servicios agotados. En ese sentido, las áreas “sociales” son en general vistas como “un gasto” por los funcionarios del área.
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