Malestar de comerciantes aledaños a la ex terminal

Desde que cesó el movimiento en el antiguo edificio, la actividad comercial en esa zona cayó a pique, muchos negocios bajaron las persianas y hoteles que antes permanecían abiertos todo el año ahora están cerrados.
Desde que la Terminal de Omnibus de larga distancia dejó de funcionar en el predio delimitado por las calles Alberti, Sarmiento, Garay y Las Heras, en diciembre de 2009, la mayoría de los comerciantes que tienen negocios en las inmediaciones vieron mermar significativamente sus ingresos.

La disminución en la recaudación fue la consecuencia natural de una menor afluencia de público ya que el sector dejó de contar con la presencia transitoria de quienes partían y/o a arribaban a la ciudad en micros de larga distancia. A esto hay que sumar que, transcurrido algo más de un año y medio, el predio en el que funcionó la estación, en el cual se contempla construir un centro cultural, comercial y recreativo, presenta un estado de abandono que atenta contra la estética y seguridad del barrio, lo cual acentúa aún más las quejas de los vecinos.

En la actualidad, la mayoría de los hoteles que hay en la zona están cerrados; por otro lado, no son pocos los comercios que cerraron sus puertas y en un buen porcentaje de los que siguen funcionando, sus responsables sostienen que las ventas se redujeron alrededor de un 50%. Ese menor nivel de actividad también lo sufren los taxistas que habitualmente utilizan la parada de Alberti y Las Heras desde la cual, mayoritariamente, se atendían los requerimientos de los viajeros que llegaban en ómnibus a la terminal.

Eugenio Guerrero, titular de una joyería, relojería y disquería sita en Alberti 1683, dijo que "a raíz del traslado de la terminal quedó mucha gente en la calle; en esta zona no san pocos los negocios que tuvieron que cerrar sus puertas en virtud de que no pudieron aguantar la disminución en las ventas; tenemos entendido que lo que se proyecta construir está trabado a raíz de los juicios que hicieron quienes trabajaban en los locales gastronómicos que funcionaron en la estación; esperamos que la obra que anunciaron comience lo más rápido posible".

A pocos metros de allí, Jorge Mascherini, dueño de una zapatería, sostuvo que "teniendo en cuenta que viene mucha menos gente que antes, a lo largo del último año y medio las ventas bajaron significativamente; para la próxima temporada no creo que tengan tiempo de hacer nada pero espero que, una vez que la misma concluya, empiecen a concretar algo de lo que anunciaron".

En esa misma cuadra, Paola Pérez e Isabel Nay, empleadas de un bazar, coincidieron en que "aunque trabajamos con gente de la zona, desde que se fue la terminal, las ventas bajaron bastante; el barrio quedó muy oscuro, lo cual lo hace más inseguro, razón por la cual, a la noche nos vemos obligadas a cerrar más temprano; ojalá que pronto empiecen a hacer algo; sería bueno contar con un centro comercial y cultural que jerarquice la zona".

Horacio Novas, titular de un negocio de regalos y recuerdos de Mar del Plata sito en Alberti 1661 sostuvo que "el barrio está abandonado; queremos que el emprendimiento que vayan a hacer respete la ley de uso de suelo que contempla que sea un sitio cultural y público; quisiéramos que se aceleren los tiempos ya que la realidad indica que desde que se fue la terminal, en esta zona se perdieron alrededor de 300 puestos de trabajo; se cerraron más de 45 negocios y hoteles que antes trabajaban todo el año ahora están cerrados; lamentablemente, el tema se judicializó ya que algunos de los permisionarios que había en la terminal, que en poco tiempo se quedaron sin trabajo, presentaron demandas pidiendo un resarcimiento económico".

Sandro Abud, dueño de una pizzería, dijo que "es una lástima ver el estado de abandono en que se encuentra el edificio; el tiempo pasa y no se hace nada de lo que se prometió; a los comerciantes no hay dudas de que el traslado de la terminal nos afectó bastante ya que no se ve el mismo movimiento de gente que había antes; esperamos que la obra que prometieron empiece pronto".

Hilda, que durante 19 años explotó un locutorio en las inmediaciones, señaló que "a raíz del menor movimiento lo tuve que dejar y ahora soy empleada de un kiosco; es lamentable ver la suciedad y el estado de abandono en que se encuentra el predio en el que funcionó la terminal; los negocios cada vez trabajan menos, razón por la cual muchos tuvieron que cerrar sus puertas".

Luis María Canel, dueño de una fábrica de pastas que funciona en Alberti 1560 dijo por su parte que "hay muchos negocios que desde que se fue la terminal se encaminaron rumbo al fracaso; a raíz del menor movimiento, en estos momentos hay muchos hoteles de la zona que se encuentran cerrados; la obra que prometieron, hasta ahora no se inició, razón por la cual el barrio retrocedió bastante", se quejó.

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