Interrogantes.
Los que surgen de los dichos del concejal Maximiliano Abad, quien requiere se explique por qué la donación de algo más de 800.000 dólares que ha hecho la empresa que explota los bingos en Mar del Plata, fueron destinados a iluminación en el sector costero y no a atender otras cuestiones más prioritarias y urgentes en la ciudad.
Ánimos alterados.
Los que expresaban agentes de turismo en la ciudad, alertados de que una vez más Eduardo Pezzati está en Miami ofreciendo a Mar del Plata como terminal de cruceros. Las reacciones van de la risa al llanto histérico. Que alguien le avise a Pezzati que cada día hay menos espacio para ingresar al canal secundario, que hay que esperar marea alta, y que si llevan bandera británica, difícil que quieran venir.
Plumas al viento.
En medio de la pelea Nación/Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el anuncio cayó de sorpresa. El Gobierno nacional dispondría de 40 millones de dólares para, entre otras cuestiones, dotar a Mar del Plata de un circuito callejero que permita en 2013 correr Fórmula 1. En tanto no sea como los cruceros de Pezzati… O el tren bala…
Distancia.
Se ha abierto una tremenda brecha entre lo que el secretario de Salud comunal Alejandro Ferro dice, y lo que efectivamente ocurre. Según Ferro, el operativo vacunación es un éxito y se han aplicado en horas más de 3.000 dosis. El personal denuncia falta de enfermeras, colas interminables de mamás con niños en brazos, y falta de higiene por conflicto con la empresa que hace la limpieza de las salas municipales. Demasiada distancia entre el relato y los hechos.
Zafando.
Una vez más, en la causa por delitos fiscales en las que aparecía el secretario privado de Amado Boudou, Eduardo Romano, el fiscal Claudio Kishimoto dictó un pedido de sobreseimiento por considerar que la situación no amerita, conforme a la reforma de la ley de procedimientos fiscales, una acción persecutoria penal por parte del Estado. En fin, ya lo decía la publicidad ícono de los ’90: “pertenecer tiene sus privilegios”.




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