Enojos varios.Los que expresan los ciudadanos por diferentes razones: trapitos foráneos, artistas callejeros foráneos, policías que juegan al metegol, otros que se muestran sumamente entretenidos en charlas entre ellos pero no le dan ni cinco de bola a la función para la cual les pagan… En fin, puro descontrol.
El colmo de la locura es la filmación realizada por dos ciudadanos que circulaban por la Ruta 11, al momento de advertir a un vehículo en marcha desaforada que también circulaba por dicha arteria. Llamaron hasta el hartazgo al 911, sin resultado alguno. El vehículo desquiciado, en su loca carrera, pasó frente a dos puestos de control de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y a un puesto de Gendarmería sin que a nadie se le ocurriera tocar el silbato o hacer que el conductor detuviera la marcha. ¿Cómo terminó la historia? Mal, por supuesto. Con el auto impactando contra otro vehículo, y un muerto. Locura, desidia y una larga lista de calificativos que perfectamente le caben al caso.
Cruces.
Entre autoridades municipales y provinciales en el complejo de Punta Mogotes por cartelería de propaganda autorizada en terrenos de la Provincia. Hasta allí llegó Armando Bruzzeta con fuerte despliegue policial, cumpliendo órdenes del intendente Perogrullo/Cospelito. Se armó una que casi provoca declaraciones de guerra. Airada voz se escuchó diciendo: “¡Nosotros no nos metemos con los negocios de Pulti! ¡Que deje en paz los nuestros!”. Hay mucho ruido por allí, y todo indica que habrá más.
Ruido.
Y ya que hablamos de radio, grosso el bullicio que armó la ex legisladora Julia Magdalena García en la Seccional Primera. Doña García fue despojada de una radio/estéreo en uno de sus vehículos, motivo por el cual se llegó hasta la seccional acompañada de su esposo Marcelo Graciani, quien estrepitosamente reclamaba la presencia de un oficial al que no hesitaba en llamar por su nombre, bajo la forma de “¡Que venga el corrupto de …!!!”. Grande fue la sorpresa cuando, al aparecer el reclamado, el iracundo Graciani tornó en amoroso trato, hablándole en otro tono al oficial en cuestión, al que comenzó a llamar por su nombre de pila en diminutivo. Julia Magdalena, por su parte, seguía on fire, sin dar demasiada cuenta de cómo había cambiado la situación a su alrededor. Hay que calmarse un poco, o sostener en la cara lo que se dice de la gente por la espalda.
Una vez más.
Ahora, el barullo por el aumento del boleto se lo come Pulti, luego de años de agitar el tema vanamente. La misma carnestolendas de siempre, agotando la paciencia de todos con cortes interminables en Hipólito Yrigoyen y Luro. La tarifa, que aún con aumento está lejos de ser la más alta del país, motiva que políticos inexistentes en la consideración social salgan a proclamarse defensores “del pueblo”. Todo se repite una y otra vez, y nadie parece aprender nada de nada.
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