Obvio, la elección interna de ayer era, ni más ni menos, que una semifinal para acceder a la gran final de marzo del 2011. Con importante inversión política y financiera, que pagamos todo claro, ¿quién mas?, se promocionaba la sucesión nepótica de Eduardo Brizuela del Moral hijo.
Los resultados obtenidos no permitieron un festejo digno, ni menos tranquilo, porque el escaso número de afiliados que participaron en la votación de ayer, en definitiva, se convirtió en un deslucido plafón para quien todavía debe convencer de su ascenso nepótico.
Pero además del pecado original que portan las aspiraciones de Eduardito jrs., en el marco de las dignidades republicanas claro, está el intríngulis de la política agonal: hasta que no se confirme quienes son los 111 convencionales electos ayer, y fundamentalmente a que sector interno responden, cuestión que todavía no está definida, nadie puede asegurar nada de cara al 2011. Ni siquiera el querubín de los Brizuela del Moral.
Aun ganando, el brizuelismo, en alianza con el castillismo, no puede asegurarse ninguno de los puestos mas importantes para el 2011, porque debe asegurarse que el resto de los sectores opositores, jalilismo, sosismo, gigantinismo, con el castillismo incluido, no alcancen un número mayor de convencionales y que, en acuerdo entre ellos, no sean quienes finalmente impongan las principales candidaturas.
El oficialismo entonces, aun venciendo como lo hizo ayer, sin poder arrasar ni menos plebiscitarse éticamente (Recuérdese que este oficialismo actual llegó al poder cuestionando la lacerante practica del nepotismo; ahora la practica, como antes ya lo hicieron los Castillo), para garantizarle a Eduardito jrs., las candidaturas a intendente de la Capital o gobernador de la provincia, ¿porqué no?, deberá comprar mas adhesiones que las que logró ayer, que también pagaremos todos.


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