"La magnitud de este hospital obliga a tener más médicos"

 "La magnitud de este hospital obliga a tener más médicos"
Volvió a la ciudad luego de dirigir el Hospital de Naschel. "Necesito de la voluntad de todos para sacar esto adelante", dice.

Después de la polémica y los días turbulentos por los que pasó el hospital villamercedino, hay esperanzas de un futuro prometedor, por lo menos es lo que se desprende de las palabras de Carlos Santos De Carlini, su nuevo director. A poco de cumplir sus primeros 15 días en la conducción del policlínico regional “Juan Domingo Perón”, El Diario lo entrevistó para conocer como encontró al centro médico de su ciudad natal, qué cambios cree posibles en él a partir de su experiencia en la dirección del Hospital de Naschel y qué pretende que encuentre el paciente cuando ingrese en un par de años a las instalaciones del hospital.

Con respecto a las denuncias que pesan sobre las autoridades anteriores, el flamante director prefirió no emitir opinión y dejar todo en manos de la justicia.

–Cuando le dieron la oportunidad de ser el director del policlínico regional “Juan Domingo Perón” ¿Por qué eligió el traslado a Villa Mercedes?

–El motivo principal es que soy villamercedino. Quería poner todas las fuerzas y ganas que tengo para la ciudad. Como tenía la experiencia de Naschel y veía que el hospital de Mercedes carecía de algunas cosas y siempre había problemas, cuando me pidieron si podía hacerme cargo no lo pensé demasiado.

–¿Qué panorama encontró?

–Por un lado, estaba muy emocionado y eso no me permitía ver lo que ahora sí. Faltan médicos en algunos servicios. La magnitud de este hospital lo hace meritorio de un número mayor de profesionales en algunos sectores, no en todos. He visto que por ahí falta reestructuración en consultorios y guardias, pero eso podrá corregirse con el tiempo. Hay 530 trabajadores contratados y 150 del Plan de Inclusión y pasantes.

En cuanto a profesionales médicos, hay entre 120 y 130. Los servicios con los que cuenta son los ofrecidos por la guardia central, clínica médica, cirugía, terapia intensiva, pediatría, tocoginecología, traumatología, urología, neurocirugía, dermatología, neurología, otorrinolaringología, laboratorio, inmunoserología, bacteriología, radiología, cardiología, oftalmología, odontología, rehabilitación, nutrición y salud mental con dos psicólogos y dos psiquiatras. El hospital tiene andando tres ambulancias. Hay una cuarta que está en el taller y una quinta que está refaccionada. Posee enfermeros y cuatro choferes por guardia. Eso no es poco pero la demanda está sobredimensionada a lo que se esperaría en Villa Mercedes.

–Antes, desde 2004, estuvo en el Hospital de Naschel ¿Cómo resultó esa experiencia?

–Era un caos. No me encontré con una salud orientada a la persona, a la comunidad. Se trataba de lo que conocemos como la medicina tradicional: un médico y una enfermera que atendían según lo que llegaba. Todo era muy precario. No había instrumental, ni equipamiento. Sólo un electrocardiógrafo viejo y un desfibrilador que funcionaba cuando quería.

Si bien el edificio era nuevo, ya había empezado a filtrarse el agua en los techos. Era imposible estar porque cada gota de lluvia que caía significaba llenar los pasillos, la guardia y hasta el internado con tachitos y palanganas. Tampoco había donde estacionar las ambulancias.

–¿Y que dejó cuando se fue?

–No era el mismo hospital. Lo refuncionalizamos todo, dejó de ser el asilo de ancianos en el que se había convertido. Logramos el ingreso de servicios de otras especialidades, como psicología, fonoaudiología, asistencia social, obstetricia, fisioterapia, nutrición y también un contrato para radiólogos que estaban en el Plan de Inclusión. Habíamos edificado otros consultorios con divisiones para optimizar el espacio. También quedó un lugar donde guardar las ambulancias. Cambiamos la mitad del sistema de calderas, como así también el termotanque con un aparato para suministrar agua caliente a las partes del edificio donde no llegaba. Toda la gente del Plan de Inclusión pasó a ser contratada, especialmente los choferes, mucamas y cocineras.

En ese momento eran más de 20 personas y hoy no deben quedar más de cinco. Fue un gran logro que todos pudieran ser contratados.

Cuando me fui quedó nombrada una enfermera en el Dique San Felipe, cuyo centro de salud y farmacia dependen del hospital. La aparatología es nueva, el aparato que vos busques está.

La semana pasada llegó un baby reactómetro y un revelador automático de radiografías que nos costó tres años conseguir. Y sé que un audiómetro está solicitado. Quedaba muy poco por pedir y armar bien el hospital. También tiene algunas refacciones extras.

La sala de espera tiene música funcional y hay una cámara para advertir a enfermería si hay o no gente que espera en la guardia. Hay funcionando programas que interactúan con la comunidad y trabajan mucho con las escuelas.

Hoy Naschel disfruta su hospital. –Fueron muchos los cambios...

–Y no fue fácil. Era una lucha permanente pero fructífera. Lo importante era hacer, entonces, las pocas cosas logradas y que daban resultados significaban una motivación para seguir. El pedir un aparato y que llegara te incentivaba a solicitar otro, los mismos chicos que trabajaban con la aparatología sentían eso. Nos llevó cuatro años de lucha para que se iniciara la remodelación del hospital.

Cuando salió, tomó poco más de un año terminar las obras. En ese período corrimos todo el hospital hacia el lado izquierdo hasta que completaron los trabajos. Todo eso me motivaba, a mí y al servicio. Reconocés que estás vivo y en la lucha.

–Volvamos a Villa Mercedes ¿En qué estado está el servicio de guardia?

–Las diferentes guardias funcionan bien. Hay médicos suficientes, también enfermeros y choferes. Tenemos la guardia central, la pediátrica, la de neonatología, de obstetricia y ginecología y terapia intensiva. A veces el trabajo está obstruido por las salidas constantes debido a los accidentes de tránsito, muchos de gravedad. Entonces, cuando ingresa un paciente politraumatizado por un choque en moto, la guardia se puede quedar sin atención para quien vino con alguna patología banal, porque se necesitan a uno, dos y hasta tres médicos para el herido.

Por ello habría que reforzar la central y la de pediatría con una persona más por día. Eso reestructuraría la guardia, porque el número alcanzaría para prestar otro ser-vicio. La gente debería tener interiorizado que este hospital es de segundo y tercer nivel, donde los que ingresan tienen que estar graves. Aunque a veces falta oferta en otros centros y, obligadamente, hay que venir acá.

Este fenómeno, de una institución médica desbordada en una ciudad como Villa Mercedes, se da porque la comunidad no pone nada de ella para respetar su propia salud. Todo el tiempo veo personas que conducen su moto sin casco, o con dos o tres personas y muchas veces con niños.

En los autos, que los niños no tienen silla reglamentaria ni llevan cinturón. Eso está tan naturalizado que aunque uno prepare uno, dos o tres hospitales nunca darán abasto porque la población no está concientizada de que la salud empieza por uno mismo. Si yo no me cuido no voy a esperar que otro lo haga por mí.

–Durante su dirección, ¿qué cree que puede cambiar en el policlínico?

–Acá se puede cambiar todo, desde lo edilicio hasta lo que es la atención y los servicios. El problema es el tiempo, es decir, cuánto se puede cambiar a corto plazo, mediano y largo. La remodelación y la aparatología es lo que llevará más tiempo, pero lo importante es comenzar por algo. Iremos por sectores. Hay que cambiar los ascensores. En el lavadero hay que renovar un par de máquinas, adquirir aparatos para cirugía, cardiología, radiología y en el laboratorio hay mucho por hacer.

–¿A partir de qué premisas puede lograrse el cambio?

–Esto será como un volver a empezar. Hay muchísimo por hacer y decidir. Mucho puede lograrse desde el escritorio.

Con un par de directivas puede modificarse algo, pero el 90 por ciento se obtiene con mucho empeño. Acá uno no hace la diferencia, es la voluntad de todos la que necesitamos. Y cuando digo todos, hablo desde quien está Más allá de las proyecciones del nuevo conductor, la asunción de De Carlini fue antecedida por una polémica en la que se vio envuelta la antigua conducción de la institución. Pero él optó por no opinar nada al respecto. “No conozco bien el caso y no me corresponde emitir juicio alguno.

Todo está en manos de la justicia y de eso se ocupa el Ministerio de la Salud”, sintetizó, evitando cualquier polémica.

A finales del mes pasado una denuncia por cobros en el sistema sanitario público provocó Una grave denuncia apaencargado del mantenimiento edilicio hasta de los médicos.

Sé que muchos habían bajado la cabeza y los brazos y habían naturalizado muchas cosas que pensaban que tal vez no podían cambiarse. Pero sí, se puede y se hará el cambio necesario. Mi primera decisión será llevar a todos la motivación y la tranquilidad de que todo se hará, pelearemos y gestionaremos en el Ministerio de Salud lo que sea necesario.

–¿Cómo marchan las obras iniciadas en el hospital?

–En el sector de Odontología están muy avanzadas. Creo que este mes terminarán esos trabajos. Por otro lado, están por refaccionar y reconstruir lo que es la guardia central y quedará de primer nivel. Remodelarán la periferia y la fachada del edificio.

Habrá que refuncionalizar la sala de clínica médica para separar otra vez lo que es clínica y cirugía. También toda la instalación eléctrica será cambiada.

–¿Cómo le gustaría entregar el policlínico el día que le toque irse a otro destino?

–Me gustaría que esté limpio, lindo, con una sonrisa del trabajador. Y si esa sonrisa se puede trasladar al que viene al hospital, tanto mejor. Ése sería mi ideal.

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