El Burrito tuvo su homenaje. Hizo un gol, dio dos asistencias, reventó el palo dos veces y deleitó a los sanjuaninos con su categoría. Francescoli (hizo 4 goles), Cavenaghi y Domínguez estuvieron presentes.
Fue el último en ingresar a la cancha. Vestido con los colores de su amado River, con la camiseta número 10 que llevaba su nombre, la cinta de capitán y botines naranjas. “Gracias por estar acá”, dijo por los parlantes antes de comenzar el partido. Para recibir la ovación al minuto y medio haciendo lo que hace a la perfección, darle vida a la pelota. La recibió, levantó la cabeza y se la puso al pie a Enzo, quien luego envió el centro al que Cavenaghi no llegó a conectar.
Ortega estaba en acción y su gambeta intacta. “Volvé Burro” le gritaban de la tribuna (vestida de rojo y blanco) mientras con sus piques cortos le daba juego a Francescoli (la rompió haciendo 4 goles, uno de “mediachilena”), tiraba paredes con Cavenaghi y se asociaba con el “Chori” Domínguez. Su experiencia lo delataba, tenía todo el panorama de la cancha para dar juego y cuando vio el hueco, encaró varias veces con pelota dominada a la defensa sanjuanina (compuesta por Ceballos, Agüero, el haitiano Avesca y Mas) pero el gol no llegaba.
Fue así que empezaron perdiendo con el cabezazo del verdinegro Sebastián Penco. Pero inmediatamente “El Enzo” empató y ahí nomás Ariel frotó la lámpara y puso la pelota perfecta para la definición inapelable del “Torito” Cavenaghi. Otra ovación llegó y se multiplicó minutos después cuando el jujeño la “picó” y el palo le negó su festejo.
En lo que quedó de ese primer tiempo, el “Mono” Vargas igualó para los sanjuaninos, Francescoli reventó el travesaño y en la última Héctor Baldassi cobró penal y el “Burrito” le ejecutó pero dio en el palo. “Noooooooo...” se escuchó detrás del arco Norte. Se tomó la cabeza y se lamentó como si fuese un partido por los puntos.
Pero la revancha la tuvo en el complemento. El que arrancó con el gol de Penco, para luego ver en plena acción al “inoxidable” Francescoli, quien de “mediachilena” hizo explotar a los sanjuaninos con su golazo rememorando viejas épocas. Estaban 3-3 y el quiebre lo produjo la estrella de la tarde. Ortega se paró frente al balón y le dio fuerte, con seguridad, para de penal gritar su gol en su fiesta y abrazarse con todos (hasta con los jugadores de San Juan).
Fue el instante mágico. El que todos querían ver. Lo que vino después fue el descuento de Silvio Prieto, para luego deleitarse con dos definiciones de Enzo y la última del “Keko” Villalva, obviamente con la asistencia de Ortega, quien en su día, y mientras decide dónde jugará en el futuro cercano, demostró que su magia sigue intacta.


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