Hay mafias

Escucho a ciudadanos que se angustian por las situaciones vividas en la ciudad en las últimas horas: bombas molotov, pedradas, grupos preparados para ejercer la violencia en función de sus objetivos...
Para sujetos como Roberto Villaola, la violencia no es novedad, la ha empleado por largo tiempo. En la publicación Que corra la voz, se relata la historia de Villaola, líder de una facción que activa desde el CTA con el concurso del ex SUTEBA Raúl Calamante. Se cita en ese medio: “Como patrón, al principio era bastante buena persona, pero después llegó el momento en que entrábamos a las 5 de la mañana y quería que trabajáramos hasta las 6 o 7 de la tarde. La gente se cansaba, era demasiado trabajo. Entonces llegó a la conclusión de que la única manera de hacernos trabajar como él quería era bajo apercibimiento militar”.

El relato prosigue: “Tal es así, que un día ocurrió algo terrible, y la víctima principal fue nuestro compañero filetero Abel Casas. Este compañero siempre trabajaba ocho horas y se iba, todos los días hacía lo mismo: ocho horas y nada más. Entonces Villaola lo trataba de revolucionario, comunista, de un poco de todo, y un día que estábamos trabajando vinieron los militares, con todas sus armas; hasta creo que trajeron un cañón a la puerta de la planta. Nos hicieron parar a todos. En esa situación, Roberto Villaola lo señala con su dedo a Abel Casas y dice ‘ese’. Lo sacaron arando y lo cargaron arriba del camión”.

El relato lo hace Víctor Salcedo, hoy fallecido, quien abundaba: “Estaba trabajando. Viste cómo son los militares…, entraron sin pedir permiso. Villaola estaba arriba trabajando y bajó marcando al compañero Abel Casas; seguramente él habrá llamado a los militares del 601, si no ¿quién los va a llamar? Esto pasó alrededor del mediodía, como a las 11 de la mañana, bien a la vista de todos”.

Este personaje descripto así por un trabajador portuario es quien se presenta a pedir la banca 25, a hablar de exclusión social, a pedir por el hambre de los trabajadores. Es el mismo personaje que convive con Gustavo Arnaldo Pulti por intermedio de Horacio Tettamanti, quien documentadamente pidió a empresarios del sector que le entregaran a Villaola una cuota de pescado para filetear.

Esta historia siniestra ha sido obviada por Pulti, por el descolgador de cuadros Marcelo Artime, por el propio Tettamanti y también por las organizaciones de derechos humanos, que parecen no advertirse de que estas cosas tan graves institucionalmente hablando, ocurren a vista y paciencia de todos. No es que hay violencia, es que los violentos se manejan en el gobierno de Pulti con absoluta comodidad, y a su antojo.

Víctor Salcedo insistía para Que corra la voz: “¿Qué íbamos a hacer?; estaban los militares, teníamos un susto bárbaro, en esa época era así. Allí entraron como diez militares con fusiles en la mano. El único que no tenía empuñada un arma, pues la tenía en la cintura, era un oficial que daba las órdenes. Estaban con la ropa militar, nada de andar de civiles; era todo un operativo militar”.

Roberto Villaola, recuerde ese nombre. Es el sujeto que pasó de delegado del SOIP en los 70, a empresario en los 80, y a pauperizado en los 90. Él sabe cómo ejercer violencia. El martes último por la tarde quedó más que claro. No es disputa social, sino mafias que disputan el dinero de la renta pública usando la necesidad real de alguna gente como carne de cañón. A no confundirse.

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