Los maestros festejaron su día en forma anticipada con un sencillo y emotivo acto

Los maestros festejaron su día en forma anticipada con un sencillo y emotivo acto
Ante una cantidad de personas notoriamente superior a la de años anteriores, los educadores recordaron en forma anticipada un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad del gran maestro Domingo Faustino Sarmiento. La sencilla ceremonia tuvo lugar ayer en horas de la mañana en la Plaza 25 de Mayo y se dieron cita los gremios, entidades educativas, fuerzas vivas y políticas de la ciudad.
El encuentro comenzó con la colocación de las ofrendas florales de la Unión de Educadores Bonaerenses (UEB), Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de la provincia de Buenos Aires (Suteba) y la Municipalidad en el busto del Maestro de la Patria. A continuación se recibieron las banderas de ceremonia, más tarde se produjo el izamiento de la Bandera nacional por medio de la secretaria de Gobierno de la Municipalidad, Gabriela Taruselli y la inspectora de Educación de la modalidad adultos, Adriana Locsisano.

Luego se escucharon los discursos de la inspectora del nivel primario, Patricia Picco; del director del Instituto Superior de Formación Docente y Técnica de la “Región de la Norpampa”, Gustavo Zúcaro y Stéfano Defino, alumno de la Escuela de Educación Primaria Nº 62 “Coronel Dorrego” que recordó a la docente Alicia Amoy, directora del establecimiento, recientemente fallecida. Por último habló la secretaria de Gobierno de la Municipalidad, Gabriela Taruselli, en representación del intendente Héctor María Gutiérrez.

Juramento y más

En la continuidad se procedió a la toma de juramento a los docentes titularizados a cargo de la inspectora del nivel primario, Patricia Picco.

Por último se concretó el cierre musical por medio de Diego Moran y Silvina Teves con la interpretación del Himno a Sarmiento; retiro de banderas de ceremonia y desconcentración.

Discursos

Gustavo Zúcaro, en un fragmento de su discurso indicó que “a diferencia de lo que habitualmente escuchamos, centraré mi punto de vista en la institución ‘escuela’ que es la que da marco de contención a todo lo demás. Tal vez muchos se preguntarán: ¿por qué hablo desde lo institucional? Porque me siento más cómodo hablando de lo que hago, pero, más allá del cargo que circunstancialmente ocupo, considero que ser docentes significa serlo dentro de un contexto, comprometidos con la institución a la que damos vida, sea cual fuere el puesto que nos toque desempeñar.

“Recibirnos de maestros es sólo el primer paso en nuestra carrera, al que no le resto importancia, no obstante para la concreción plena de tamaña empresa hace falta un sostén fundamental: la escuela. Ninguno de nosotros podría realizarse como profesional de la educación si no tuviera la posibilidad de expresarse a través de ella. Todo docente necesita de su institución y la vida de cada institución depende de sus docentes. Taxativamente, no podemos pensarnos por separado. Se podrá ser docente de alma o por vocación, pero el que se regocija con el ejercicio de la profesión es aquel que se entrega por completo al lugar que le da sentido.

“Desde lo institucional, también hablo con cierta desazón cuando después de cada iniciativa emprendida escucho los comentarios desalentadores que nunca faltan. Siempre está quien reclama lo que no se hizo o enfatiza lo que se hizo mal. Acuerdo con Neruda cuando dice que solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad. Es aquí donde entra en juego la tolerancia de maestros y la capacidad de ampliar nuestra zona de confort, de saber y hacer saber que sólo se comprende el beneficio de participar, participando. Porque si bien sostengo que las instituciones educativas deben ser abiertas, flexibles y democráticas también reconozco el desafío que esto implica, ya que siendo cerrados, inflexibles y autoritarios todo se reduciría a un simple no.

“Colegas, sin importar nada, hay que seguir adelante, hay que seguir el ejemplo de los que nos antecedieron, si no, hoy no estaríamos aquí. Seguramente a ellos no les fue más sencillo. Basta con echar una mirada a las duras, durísimas experiencias vividas por nuestros colegas de geografías más desfavorables para darnos cuenta de lo muy privilegiados que seguimos siendo. Avanzar es difícil, pero cuando logramos llegar, y a la distancia, después de un descanso miramos para atrás, sentimos satisfacción, sentimos que valió la pena haberlo intentado porque todo es perfectible siempre que partamos del hacer, o del volver a empezar después de cada tropezón, eso sí, no obstinándonos en repetir la equivocación. Estimados maestros tengamos presente que la única forma de superarnos es trabajando. Trabajando para alcanzar una misma meta. Construyendo juntos y pensando que no todo está perdido, sino que por el contrario, todo está por hacerse. No claudiquemos antes de empezar, los obstáculos están, siempre estuvieron y seguirán estando. No más excusas”.

Por su parte Patricia Picco se refirió a Sarmiento indicando que “figura controversial y polémica. Podrá ser discutido en sus ideas políticas pero su lugar en la historia se lo ha ganado por la dimensión educativa de su proyecto. Un proyecto nacional que incluyó un programa educativo democrático, interdisciplinario, integral y multirreferencial.

“Instruir fue su gran empresa y el fruto de su brega hizo posible que en 1884 se estableciera en nuestro país la educación común, obligatoria, gratuita y laica.

“Por eso hoy, más allá de cualquier diferencia, recordar y homenajear a Domingo Faustino Sarmiento implica asumir el desafío de recuperar la capacidad transformadora de la escuela pública de calidad, una escuela que enseñe para el disenso, para el ejercicio de la ciudadanía y para el debate.

“Y este desafío nos corresponde a los docentes, agentes facilitadores de cambio más que necesarios en una realidad compleja y acelerada, en la que coexisten el acceso a la información y manejo de múltiples herramientas tecnológicas con el riesgo de la marginación y la exclusión.

“Este contexto nos exige a los docentes repensar la escuela, desde adentro hacia fuera. La escuela como proceso informativo y formativo pero con el componente vocacional de maestros comprometidos con el afecto inevitable y necesario hacia el alumno, es ‘otro’ que a cambio de su presencia nos exige la escucha y la palabra, maestros dispuestos al renunciamiento y al ejemplo de vida cotidiano, maestros que pongan altas expectativas pedagógicas donde hay pobres expectativas materiales, maestros con ansias perpetuas de esperanzas. Y digo esperanza porque nuestra labor profesional transita inexorablemente la sinuosa frontera donde la vocación se funde al voluntariado y con la certeza de la liberación, la independencia y la acción”.

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