Por Roberto García.Néstor repitió el esquema que utilizó con la 125: ni un paso atrás, viajes y Banelco, pero esta vez ganó.
La cuestión era ganar. Y con la misma meta, pensando en 2011, se reúne con delegados bonaerenses para fabricar una elección interna en su PJ que, entiende, puede robustecer el partido para la primera vuelta de los comicios generales, ésa en la cual debe triunfar con guarismos rotundos para evitar una segunda ronda (la cual, de acuerdo a todos los números, inevitablemente lo mostraría perdedor). Y se junta, como ejemplo, hasta con Sergio Massa, el “Massita” que no se quejaba de las patadas que le pegaba en los picados, que consentía insolencias para tomar mate luego con Cristina en la quinta, quien a su juicio y por comentarios de sus continuadores, se pertrechó en el Anses para enfrentar un sinnúmero de inviernos. El mismo que, siendo jefe de Gabinete, se anotó en las testimoniales con su esposa pero sin llevar a Kirchner en la propaganda; el mismo que nunca negó el trascendido de que había tomado a Néstor del cuello cuando se le insolentó a su esposa por la derrota; el hombre de las sospechadas camaritas que a su vera ubicó a dos perlas bonaerenses –para Néstor– como Amondarain y Larraburu, imán del periodismo, sea porque seduce a esos trabajadores o porque se reúne con agencias ad hoc dedicadas al menester de prensa. Saldo: siempre lo nombran y, lo más importante, siempre ubican su fotografía. Lo tiene calibrado Néstor, lo empuja a la interna contra Daniel Scioli, del que Massita desconfía desde que lo asaltaron en su country, un gobernador que esta movida lo pone tan nervioso que siempre lleva a su médico Cahe para que le tome la presión. Mientras, todos se apromiscuan por aquello de las efectividades conducentes. Uniones transitorias para un destino incierto, ya que el peronismo en su conjunto –hay que incluir al disidente– se muestra enturbiado y casi jaque mate para 2011. Está claro, es definitivo, que no irán las dos partes asociadas para esa elección general (Duhalde ya se anotó con Unión Popular y la Democracia Cristiana) y dudosamente puedan quedar ambos núcleos para dirimir en una segunda vuelta. Se supone que, entonces, habrá otra fuerza de centroizquierda que compita y, ante esa eventualidad, cuando haya que poner el voto final, ¿los disidentes apoyarán al oficialismo o el oficialismo apoyará a los disidentes? Nadie imagina a Duhalde, por dar un nombre, colaborando para que gane de nuevo Kirchner; tal el odio que lo encarna. La reflexión vale, al revés, para el kirchnerismo frente a los disidentes, a quienes les teme más que a otras agrupaciones, con el añadido de que Néstor piensa quedarse con el escudo, la marcha y el sello para ser luego oposición. Si este teorema se cumple, el justicialismo dejaría de ser poder en 2011. Contra esa alternativa, también lucha Kirchner, quien prefiere a Solanas o a Alfonsín antes que a Duhalde.
¿Y Mauricio Macri? Tampoco se sabe su final, aunque coquetee con los disidentes. Por ahora, luego de su reciente procesamiento, demostró una notable inconsistencia: no supo elegir a quienes lo defiendan técnicamente, sus colaboradores demostraron incompetencia y falta de argumentos para defenderlo en las últimas horas, otros se protegieron a sí mismos y él, tampoco, supo defenderse. Como tampoco sabe atacar, parece Argentina ante Alemania perdiendo por cuatro a cero. Quizás sea un momento, el cual tampoco ignora que en este caso, como en el Senado para el matrimonio gay, Néstor se aplicó a la tarea de apelar a todo tipo de recursos.






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