Día de la Madre; Día de la Familia

Día de la Madre; Día de la Familia
Vivimos entre dos mundos. No nos alcanza con lo que tenemos naturalmente que inventamos un mundo paralelo lejos de aquel que supimos conocer de chicos.
En los días que dejamos atrás dos amigos vieron partir a sus mamás. Uno de ellos, un niño de 12 años y sus hermanitos, otro un hombre hecho y derecho. A los dos les dije casi lo mismo "...ninguna persona nos ama como nuestra madre...". probablemente por haber pasado por ésa experiencia dolorosa, cómo tantas personas, claro, es que siempre cuándo llega esto del Día de la Madre, sonrío pensando en lo "bella" que era la mujer que me dio la vida.

En éstas épocas de contiendas, poderes cruzados, ambiciones desmedidas y tantos excesos sueltos, si somos un poco espirituales sabremos que el amor es lo que nos salva de la catástrofe anunciada que edificamos cada día, desde que leemos el diarios o escuchamos los títulos en la radio, en adelante. También nos salva el querer no pertenecer del todo al quilombo que nosotros mismos armamos.

Vivimos entre dos mundos. No nos alcanza con lo que tenemos naturalmente que inventamos un mundo paralelo lejos de aquel que supimos conocer de chicos.

Ahora que los "genios de los pediatras" se dan cuenta que lo mejor que le puede pasar a un bebé prematuro es estar al lado de su madre, probablemente también a los "genios cientificistas médicos " se les disparé un poco de espiritualidad para darse cuenta que cuando alguien está desfalleciendo en terapia intensiva lo más importante no sólo es la inyección sino la mano cálida de un familiar.

Es decir, el amor. Aquello que como la Fe, todo lo puede.

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor”.

Carta de San Pablo a los Corintios 13, 1-13

Día de la Madre y de la Familia. Dejemos, por un rato, de intelectualizarnos, escudriñarnos y demos rienda suelta al amor. Un ejercicio que de vez cuando deberíamos practicar para no quedar enrraizados en tanta materia suelta por el mundo.

Encontremos el placer de decir TE QUIERO y de AMAR por el simple deseo de AMAR.

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