Pese a que la UCR cerró una lista de unidad para las internas en la provincia de Buenos Aires, el centenario partido está lejos de la tranquilidad. En estos momentos, las cabezas de la fuerza intentan direccionar para sus respectivos molinos las discusiones sobre el sector sobre el que deberían apoyarse en los comicios del años que viene: el ala progresista del radicalismo busca confluir con el FAP de Hermes Binner en un frente de centroizquierda, mientras que los espacios más conservadores tienen en mente aliarse a Mauricio Macri.
El acuerdo alcanzado para esta oportunidad tiene al diputado provincial Alejandro Armendáriz como presidente; el ex intendente de Tres Lomas, Mario Espada, como vice, y la legisladora Cecilia Moreau como secretaria general.
Además, Mario Meoni, Ricardo Alfonsín y Maximiliano Abad serán los primeros delegados al Comité Nacional, en tanto que Gustavo Posse y Héctor “Cachi” Gutiérrez harán lo propio en la Convención Nacional. La junta partidaria estará compuesta por dos integrantes de cada sector, mientras que el quinto será para el espacio que junte más convencionales provinciales.
Para las frustradas elecciones de junio pasado se habían presentado dos nóminas: una llevaba como candidato a presidente a Armendáriz, y la otra postulaba al intendente de Chascomús, Juan Gobbi, que representaba el sector de Federico Storani y Leopoldo Moreau, paradójicamente llamado “Nuevos Aires”.
Hoy, tanto en la Provincia como en La Plata los radicales van juntos. Imperan los buenos deseos, aunque –según pudo saber NOVA- la diputada Moreau lamentó que “se podría haber sacado alguno más”. La legisladora le expresó a los suyos, también, que en el área de la Juventud “hay que hacer un gran esfuerzo para que se reorganice después de tantos años de acefalía”, para lo cual se piensa “un esquema parecido al de los mayores”.
Desde adentro
Sin embargo, las discusiones intrapartidarias, que los radicales jamás expondrían público, pasan por una larga lista de reproches a la cúpula dirigencial de los últimos años, que sólo se concentró en las “ganancias” de haber sido el principal opositor del kirchnerismo, lo que le permitió ser el interlocutor a la hora de negociar. Lo reconoció el año pasado un intendente bonaerense de la UCR: “Tenemos que abandonar el negocio de gerenciar la oposición”.
En el FAP quisieran tener un interlocutor como Alfonsín, que en estos momentos soporta las críticas de senadores como Nito Artaza. El humorista se cansó de pedir a través de su cuenta de Twitter que no “regalen” el partido, en alusión a la fallida unión del año pasado con el también fallido Francisco de Narváez.
En la vereda de enfrente, el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, se manifestó a favor de una amplio frente opositor, con Macri y De Narváez incluidos. Así leyó los cacerolazos de septiembre pasado. “De alguna manera la gente nos dijo ‘súmense, únanse, júntense’, y eso, técnicamente para los que nos dedicamos a esto, significa que armemos un frente y que seamos generosos”, puntualizó.
Para Posse, el reclamo es que “sobre esas bases y acuerdos de problemas de Estado seamos eficientes en lo electoral para que cuando se vaya a votar, si no se quiere hacer por el Gobierno, no haya un voto camiseta, no haya divisiones de pluma ni de veleidades”.
Pese a que está bajo en las encuestas, lo que tanto el Frente Amplio como Macri quieren del radicalismo para el año que viene es su estructura, que alcanza a todo el país. La UCR es una de las pocas fuerzas que puede organizar una campaña y la posterior fiscalización en todas las provincias. Tanto el Pro como los hombres de Binner carecen de ese aparato.
Ahí está la cuestión, aunque muchos hombres de Alem quieran hacerse valer por lo que son: un partido centenario, nacional y popular. En ese sentido, las críticas alcanzan también al presidente del Comité Nacional, Mario Barletta. El cuadro de situación no sorprende: si no hubieran estado tan concentrados en un internismo a todas luces inconducente, a los radicales no les habría pasado lo de Leandro Despouy, que debió haber sido ratificado en 2010. Para poner un ejemplo.












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