Trabajadores y profesionales rechazaron la propuesta de que las obras de refacción sean moneda de cambio de la futura sede de gobierno. Legisladores visitaron el hospital y denunciaron que aún hay sectores sin gas.
Los trabajadores denunciaron durante la recorrida que para la construcción del centro cívico sería demolido un amplio edificio donde hoy funciona el Taller Protegido Nº 19, donde se realizan tareas de mantenimiento y se construye mobiliario para el hospital y en el que hacen su trabajo de rehabilitación pacientes internados en proceso de recuperación.
En el Ministerio se abstuvieron de informar sobre el futuro de ese edificio, pero confirmaron que se está refaccionando un espacio para albergar allí al mencionado taller protegido. Desmintieron así que la obra en marcha sea para la construcción de un estacionamiento para vehículos, como suponen los delegados de los trabajadores.
Los conflictos edilicios del Borda salieron a la luz durante la visita que ayer encabezaron los diputados porteños Juan Cabandié, titular del bloque del Frente para la Victoria, y Gabriela Alegre, integrante de la Comisión de Salud de la Legislatura. Los acompañaron Alejandro Amor y María José Lubertino, del mismo bloque.
“Los trabajadores estaban siendo extorsionados porque les ofrecían retomar las obras de gas a cambio de aceptar al construcción del centro cívico”, denunció Alegre. “No vamos a aceptar que construya una nueva sede de gobierno mientras se deja caer el hospital”, agregó Cabandié.
El proyecto para construir el centro cívico fue anunciado por Macri en septiembre de 2011. Se trata de edificar una nueva sede para la Jefatura de Gobierno y cinco ministerios en una extensión de tres hectáreas, a un costo de 250 millones de dólares. Desde el gobierno aseguran que no afectará a edificios del hospital, pero todo indica que el enorme galpón que alberga al taller protegido caerá bajo la topadora. Hasta tiene un lugar para mudarse. Curados en salud, los trabajadores no olvidan la intención inicial de Macri de cerrar el hospital y trasladar a los internos a instituciones cerradas.
El del gas es un capítulo aparte. Según las denuncias, la falta de suministro afecta al 30 por ciento del edificio. Voceros del ministerio aseguraron que en junio de 2011 se reconectó el servicio en los pabellones A, B y Amable Jones y parte del pabellón central, donde aún quedan “dos salas laterales conectadas con artefactos eléctricos”. Esas conexiones, aseguran los trabajadores, no alcanzan a ser soportadas por la precaria red del hospital, lo que deriva en frecuentes cortes.





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